Iana Bennett. — ¡No sé hasta cuando tengo que lidiar con esto! Suspiro pasando sus manos por su cabello, no entendía porque se encontraba tan molesto. Yo me había molestado pero no tanto en el extremo en que él se encontraba. Llevaba apenas cinco minutos de haber entrado a la habitación y ya se encontraba haciendo llamadas sin parar. Pude observar las facciones de su rostro mientras se encontraba en ese estado, desordenaba su cabello, fruncía su ceño por un buen rato al igual que sus labios, y bufaba caminando de un lado a otro. ¿Qué sería de nosotros si no fuera mujeriego? ¿Acaso tendríamos una relación? Rechace ese pensamiento inesperado que llego a mi mente y me dedique a verlo soltar varios insultos por su móvil sin cesar hasta que su rostro se encontró con el mío y corto la lla

