Iana Bennett. Mi sonrisa no dejaba de ser notable. Los recuerdos de la noche anterior cuando Max me había consentido con sus caricias y sus palabras hermosas me tenían la mente vuelta un nudo. Apreciaba la forma tan increíble con la que trataba, nadie se había tomado el lujo de ponerme como Max lo hacía con unas cuantas palabras. Es tan tierno y serio a la vez, conmigo era algo totalmente distinto a lo que las demás personas observaban a diario. — Iana… Aquí está la llave de tu habitación. Había olvidado por completo que me encontraba en suiza, el hermoso país más frío y hogareño del mundo, sus cabañas eran preciosas al igual que su cultura, me alegra mucho saber que el proyecto se adaptará a esta cultura. Tuve la maravillosa idea de revisarlo en el avión, le agradecí a Danis la arqui

