Iana Bennett.
Aquí me encuentro nerviosa mirando me frente al espejo. No quería ir a esa celebración y tener cerca de Max, sería muy peligroso. Ayer en mi oficina estaba extraño... ¿Deseoso? No lo sé, pero ni siquiera nos conocemos ¿Y piensa que seré una más en su lista? La verdad no, siempre me he dado mi lugar a respetar y así seguirá siendo. Aunque no puedo negar que su cercanía causa cierto efecto en mí, e incluso podía ver el deseo en sus ojos, me hacía dudar sobre lo que quiere, sentía atracción hacia el eso no podía evitarlo.
— ¡Estas preciosa! Podrías aprovechar y cumplir tu reto...
— ¿Papá?
Lo mire con reproche y él sonrió. Y yo seguía mirando mi silueta en el espejo, detallando como el vestido de amoldaba a ella haciendo me lucir hermosa.
— Vamos princesa... La llevare a su futuro castillo.
Reí, acomodando la corbata de mi padre quien me miraba con mucho orgullo.
— Listo papá.
— Que empiece la fiesta.
Estábamos llegando a la casa de Max Davis, y me sentía nerviosa ya que... ¿A quién engaño? Eso hombre me pone nerviosa con solo su mirada.
Tu solo respira profundo y relájate, no me tocará ni un pelo esta noche.
— Ya está todo listo señor, puede bajar.
— Muchas gracias. ¿Lista pequeña?
— Eso creo.
Abrió la puerta de la camioneta, bajó del auto mirándome con su sonrisa de "todo estará bien" y era eso lo que hacía de mi padre el mejor... Siempre encontraba alguna solución a los problemas. Tomó mi mano y la acepte, me ayudó a bajar del auto para después colocarme a su lado, tomé su brazo entrelazándolo con el mío y empezamos a caminar a la entrada dónde se encontraban algunos reporteros. Pero ninguno nos detuvo para entrar... Mis manos temblaban en el brazo de mi padre.
— Vamos hija, deja de alarmarte tanto.
— No es cualquier cosa papá, ese hombre logra intimidarme como nadie lo ha podido hacer, y eso me da miedo.
— ¿Por qué?
— Porque puede afectarme, además el solo quiere jugar conmigo papá.
Él solo asintió sonriendo sin responder nada. Llegamos hasta el grupo de socios quienes se encontraban en una mesa de la inmensa parte trasera que había en la casa, dónde justo detrás de la piscina, se encontraba un pequeño escenario. Las mesas estaban llenas de gente, mi padre me dijo que si quería saludar que fuera, pero sabía lo que trataba de hacer y no lo iba a lograr. Me quedé en una mesa apartada, donde un chico se sentó justo en frente de mí.
— Un gusto, Connor Smith, para tus servicios.
— Iana...
— Todos sabemos quién eres nena, solo tranquilízate, para tu información soy Gay, y no me gustaría estar con una riquilla como tú.
— ¡Oye!
— Bien lo siento, soy un conocido de Lily. Espero que no te haya molestado que este aquí.
— Oh no, para nada, los amigos de Lily son mis amigos.
— Perfecto, solo quería saludar. Que disfrutes la velada.
— Gracias.
Era un chico pelinegro de ojos azules es muy guapo, y muy irónico al parecer, aunque solo se acaba de presentar me había caído muy bien. Me quede sentada hasta que un mesero me ofreció una copa de champan y la acepte. La acomodé entre mis dedos y la lleve hasta mi boca sintiendo el líquido burbujeante. Al terminar pude ver su rostro de la persona que se encontraba recostada en la pared blanca a un lado del escenario. Ese traje le sentaba a la perfección, lo hacían lucir elegante y atractivo. Su cabello iba en perfectas condiciones, llevaba un reloj en su mano derecha, y la camisa debajo del saco de su traje tenía los dos primeros botones desabrochados dándole así un toque llamativo.
Mi respiración se volvió agitada, mis manos empezaron a temblar y mis pies se removieron de la incomodidad. ¿Cómo puede ser posible que una simple mirada cause tanto efecto en todo mi cuerpo? Seguía sin explicarme eso. Tome la copa bebiendo hasta el fondo su contenido y dejándola de nuevo en la mesa. Él caminó hasta que subió al escenario con esa sonrisa atrevida que siempre lo acompaña. Se acercó al micrófono y me miró.
— Bienvenidos amigos, esta noche quiero agradecerles a la compañía de Federico Bennett por haberme aceptado a mí y a mi amigo Dylan como sus nuevos socios, estoy seguro de que haremos grandes proyectos juntos. También quiero dejar claro que este será mi nueva residencia permanentemente, y de igual forma invitarlos la próxima semana a la inauguración de mi compañía aquí en Seattle. Sin más que decir... Disfruten de la velada.
La mirada de Max se cruzó de nuevo con la mía y me mostró sus blancos dientes en una sonrisa. Lily tenía razón, es guapo, seductor y atractivo. Después de unos minutos se escuchó música clásica que provenía del escenario. Mire por todos lados pero Max no estaba. Mi padre me había abandonado dejándome sola.
Con el pasar de los minutos sentí la necesidad de ir al baño por lo que no podía aguantarme, no veía a Max por ningún lado, cosa que me llevo a aprovechar el momento. Caminé entre la gente que estaba hablando e incluso bailando y me escabullí adentro de la casa. Subí las escaleras silenciosamente hasta que llegue a la segunda planta de la casa. Había varios pasillos, pero decidí irme por el primero. Entre por la primera puerta encontrándome con el baño, entre en un cubículo, hice mi necesidad y luego salí del cubículo lavando mis manos para adentrarme de regreso al pasillo. Sin embargo una puerta abierta me hizo dudar de mi camino, mis pies fueron directo a la entrada
La habitación era oscura y el silencio reinaba. Había una cama grande, muebles de fondo, las cortinas eran de color azul marino al igual que las sábanas. Había dos puertas y decidí entrar en la primera. El olor a perfume de hombre inundo mis fosas nasales como si de una droga se tratase, todo estaba oscuro pero me di cuenta que era un armario por los trajes y los accesorios de hombre que resaltaban en plena oscuridad. Y solo se podía decir que estaba dentro de la cueva del lobo.
Una camisa estaba tirada en el suelo y la recogí, era ancha y negra sin ningún adorno, la lleve a mi rostro inhalando su aroma. Sintiendo unas manos en mi cintura mi corazón se alteró al roce de esas frías manos. la respiración cálida de su boca en mi cuello. Mis nervios regresaron y no sabía qué hacer. Suspiré y sentí los labios besando mi cuello hasta mi oreja...
— Te encontré.