Dafne se giró bruscamente, tambaleándose mientras lo señalaba con el dedo. —¡Tú! —gritó, su voz mezcla de sorpresa e indignación—. ¡Claro que te buscaba! ¡Rata inmunda! Luis dio un paso hacia ella, con calma pero con una mirada que la desafiaba. —¿Todo este espectáculo es para mí? —preguntó, sin dejar de observarla con intensidad—. Nunca me habían dedicado algo así. —¡No es para ti! —gritó Dafne, levantando la barbilla con aire desafiante—. Bueno, sí es para ti, pero… ¡qué más da! Eres un imbécil. Luis dejó escapar una risa baja, avanzando un poco más. —¿Un imbécil que te provoca tanto como para montar este espectáculo? —¡Cállate! —exclamó Dafne, empujándolo débilmente mientras intentaba recuperar el equilibrio—. No eres tan importante. Solo quería decirte que eres una rata inmunda…

