El rugido de la motocicleta cortaba el silencio de la noche mientras Dafne conducía de regreso a la casa de campo donde Luis se estaba quedando. El aire frío golpeaba sus rostros, pero ninguno parecía notarlo. Luis, sentado detrás de ella, mantenía sus brazos firmemente alrededor de su cintura, permitiéndose disfrutar del momento. El aroma de su perfume y la cercanía de sus cuerpos eran suficientes para mantenerlo en un estado de tensión que sabía que no podría ignorar por mucho tiempo. Cuando llegaron, Dafne detuvo la moto frente a la casa, apagándola con un movimiento rápido. Luis se bajó con calma, ajustándose la chaqueta mientras se giraba hacia ella. —¿No te bajas? —preguntó, con una sonrisa ladeada que ya la estaba desarmando. Dafne lo miró desde el asiento de la moto, todavía con

