—Créeme, a este ritmo, nuestra cita de amigos será en el sofá, con una bolsa de hielo en tu frente —me contestó, con una media sonrisa, pero sin soltarme. Subimos una pequeña escalera de servicio, y me llevó a una habitación sencilla y elegante. Me empujó suavemente hacia el baño. ++++++++++++++++++++++++++++++++++ El agua de la tina, con el bikini empapado, ya me estaba entumeciendo, pero mi mente estaba lejos de sentirse fría. Dante seguía ahí, en el borde de la tina, con su rodilla en el suelo. Me miraba con esa intensidad que era parte de su encanto y, francamente, de su mecanismo de defensa. —A ver, Chilindrina —dijo, su voz era un susurro grave, íntimo—. ¿Dime que no eres lesbiana? La pregunta me explotó en la cara. Sentí cómo el último vestigio de licor me abandonaba por la sor

