La propuesta.

862 Words
Sofía se acercó despacio, segura de sí misma, como alguien que cree tener la partida ganada. —Ya falta poco para que termine el contrato de un año —dijo, con voz suave pero firme—. Arregla lo que tengas que arreglar… y te casas conmigo. Ricardo la miró incrédulo. —¿Eso es una orden? —preguntó, con frialdad. —Es una solución —corrigió ella—. Tus padres estarán tranquilos. El escándalo se evita. El niño crecerá con su padre. Y Malena… —hizo una pausa calculada— ya cumplió su papel. Ese fue el punto exacto donde algo se rompió en Ricardo. —No vuelvas a hablar de ella así —dijo, bajo, peligroso. Sofía suspiró, fingiendo paciencia. —Ricardo, sé realista. Ese matrimonio fue un contrato. Nunca iba a durar. Yo, en cambio, siempre he estado aquí. Desde niños. Desde siempre. Ricardo dio un paso atrás, como si recién la viera con claridad. —No —negó—. Siempre estuviste cerca… pero nunca estuviste limpia. Sofía frunció el ceño. —¿Qué se supone que significa eso? —Significa —continuó él— que Malena entró a mi vida sin pedir nada. Y tú… entraste mintiendo. Ella endureció el rostro. —¿Vas a negarte? —preguntó—. ¿Incluso si hay un hijo de por medio? Ricardo la sostuvo con la mirada. —Si estás embarazada, lo sabré. Y si ese hijo es mío, asumiré mi responsabilidad como padre. Hizo una pausa. Dolorosa. Definitiva. —Pero no me casaré contigo por culpa, ni por presión, ni por una mentira más. Sofía sintió el golpe. —¿Entonces vas a volver con ella? —escupió—. ¿Con la chica pobre que solo fue un puente para tu herencia? Ricardo apretó los puños. —Ella fue mi esposa —dijo—. Y fue real. Algo que tú nunca entendiste. Sofía rió, nerviosa. —No seas ingenuo. Cuando Malena se entere de esto, no te va a perdonar. Ricardo pensó en Malena en R.D. En su silencio digno. En su verdad. —Tal vez no —admitió—. Pero prefiero perderla siendo honesto… que quedarme contigo siendo un cobarde. Sofía lo miró con rabia, los ojos brillantes. —Esto no se ha acabado —advirtió—. Yo no pierdo. Ricardo abrió la puerta. —Yo sí perdí —dijo—. Y por eso aprendí. Cuando Sofía salió, el apartamento quedó en silencio. Ricardo se sentó, agotado. El contrato estaba a punto de terminar. Pero la verdadera decisión… apenas comenzaba. Sofía se acercó despacio, segura de sí misma, como alguien que cree tener la partida ganada. —Ya falta poco para que termine el contrato de un año —dijo, con voz suave pero firme—. Arregla lo que tengas que arreglar… y te casas conmigo. Ricardo la miró incrédulo. —¿Eso es una orden? —preguntó, con frialdad. —Es una solución —corrigió ella—. Tus padres estarán tranquilos. El escándalo se evita. El niño crecerá con su padre. Y Malena… —hizo una pausa calculada— ya cumplió su papel. Ese fue el punto exacto donde algo se rompió en Ricardo. —No vuelvas a hablar de ella así —dijo, bajo, peligroso. Sofía suspiró, fingiendo paciencia. —Ricardo, sé realista. Ese matrimonio fue un contrato. Nunca iba a durar. Yo, en cambio, siempre he estado aquí. Desde niños. Desde siempre. Ricardo dio un paso atrás, como si recién la viera con claridad. —No —negó—. Siempre estuviste cerca… pero nunca estuviste limpia. Sofía frunció el ceño. —¿Qué se supone que significa eso? —Significa —continuó él— que Malena entró a mi vida sin pedir nada. Y tú… entraste mintiendo. Ella endureció el rostro. —¿Vas a negarte? —preguntó—. ¿Incluso si hay un hijo de por medio? Ricardo la sostuvo con la mirada. —Si estás embarazada, lo sabré. Y si ese hijo es mío, asumiré mi responsabilidad como padre. Hizo una pausa. Dolorosa. Definitiva. —Pero no me casaré contigo por culpa, ni por presión, ni por una mentira más. Sofía sintió el golpe. —¿Entonces vas a volver con ella? —escupió—. ¿Con la chica pobre que solo fue un puente para tu herencia? Ricardo apretó los puños. —Ella fue mi esposa —dijo—. Y fue real. Algo que tú nunca entendiste. Sofía rió, nerviosa. —No seas ingenuo. Cuando Malena se entere de esto, no te va a perdonar. Ricardo pensó en Malena en R.D. En su silencio digno. En su verdad. —Tal vez no —admitió—. Pero prefiero perderla siendo honesto… que quedarme contigo siendo un cobarde. Sofía lo miró con rabia, los ojos brillantes. —Esto no se ha acabado —advirtió—. Yo no pierdo. Ricardo abrió la puerta. —Yo sí perdí —dijo—. Y por eso aprendí. Cuando Sofía salió, el apartamento quedó en silencio. Ricardo se sentó, agotado. El contrato estaba a punto de terminar. Pero la verdadera decisión… apenas comenzaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD