Embarazo.

546 Words
Malena regresa a R.D. El avión tocó tierra en Santo Domingo al atardecer. Malena miró por la ventanilla y sintió cómo el aire le llenaba los pulmones de recuerdos. Su país. Su origen. El lugar donde todo era más simple… o al menos más honesto. En la sala de llegadas, Luciana fue la primera en verla. —¡Mi niña! —exclamó, corriendo hacia ella. El abrazo de su madre fue un refugio inmediato. Miguel la rodeó con los brazos y Lucianita se aferró a su cintura. —Te extrañamos tanto —dijo su padre—. Estás más flaquita. Malena sonrió, pero sus ojos se humedecieron. —Estoy bien —mintió con dulzura—. Solo necesitaba venir a casa. Esa noche, en su antigua habitación, Malena lloró en silencio. No por debilidad, sino por limpieza. Allí, entre fotos viejas y el murmullo lejano de su familia, decidió algo importante: No volvería a rogar amor. Si Ricardo quería estar con ella, tendría que elegirla con la verdad completa. Ricardo enfrenta a Sofía De regreso en Chicago, Ricardo no perdió tiempo. Citó a Sofía en su apartamento. No en un lugar público. No con rodeos. Necesitaba mirarla a los ojos. —Dime la verdad —dijo apenas entró—. Toda. Sofía cruzó los brazos, fingiendo calma. —¿Sobre qué? Ricardo dio un paso al frente. —Sobre Malena. Sobre esa noche. Sobre lo que hiciste. Sofía sonrió con ironía. —Siempre tan dramático. Ricardo golpeó la mesa con la mano. —¡Basta! Ella dio un leve salto, pero se recompuso rápido. —Yo no hice nada —dijo—. Tú estabas dolido. Bebiste. Viniste conmigo. —Nunca te escuché negarlo —respondió él, con frialdad—. Dejaste que creyera que dormimos juntos. Sofía bajó la mirada… y luego la levantó despacio. —Porque lo hicimos. El mundo se detuvo. —¿Qué? —susurró Ricardo. —No fue una noche —continuó ella—. Fue el resultado de años esperándote. Y ahora… —respiró hondo— ahora hay algo más. Ricardo sintió un escalofrío. —¿Qué estás diciendo? Sofía llevó una mano a su vientre, teatral, calculada. —Estoy embarazada. El silencio fue absoluto. Ricardo retrocedió un paso, pálido. —Eso… no puede ser. —Puede —respondió ella—. Y es tuyo. Ricardo negó con la cabeza, desesperado. —No recuerdo nada. Estaba borracho. —Eso no cambia los hechos —replicó Sofía—. Y ahora tienes una responsabilidad. Ricardo cerró los ojos. Pensó en Malena. En su verdad limpia. En su dolor contenido. —Si esto es cierto —dijo al fin—, se comprobará. Y si es mentira… La miró fijamente. —Te juro que no te va a salir gratis. Sofía sostuvo su mirada, pero por primera vez… vaciló. Porque una cosa era mentir. Y otra muy distinta era enfrentarse a un hombre que ya no estaba dispuesto a perderlo todo en silencio. ⸻ Mientras tanto, en R.D., Malena despertaba con el sonido de la cafetera y la risa de su hermana. No sabía nada del embarazo. No sabía del enfrentamiento. Pero su corazón, por primera vez en meses, descansaba. El destino aún no había terminado con ellos. Solo estaba tomando impulso.
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