Sofía escucha y decide.

850 Words
La verdad que Ricardo oculta Ricardo llegó tarde esa noche. Traía el rostro tenso, los hombros cargados de un peso que no se quitaba ni con el silencio. —¿Todo bien? —preguntó Malena desde el sofá. Él dudó un segundo. Solo uno. —Sí… asuntos de la empresa. Malena asintió, pero algo en su pecho se apretó. No insistió. Aún no sabía que esa media verdad sería la primera grieta entre ellos. Ricardo la besó en la frente con ternura, pero en su mirada había culpa. ⸻ 📄 La cláusula que lo amenaza todo Dos días después, Ricardo volvió al despacho del abogado. Solo. —Hay una cláusula—dijo el hombre, acomodando unos papeles—. Si el matrimonio se rompe antes del año… el fideicomiso no solo se pierde. Se transfiere a un tercero designado. —¿Quién? —preguntó Ricardo, con el pulso acelerado. El abogado levantó la vista. —Sofía de la Fuente. Ricardo sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. ⸻ 💔 El día en que Malena duda Malena salió a caminar sola esa tarde. Pensó en su familia, en su vida antes de Chicago, en cómo todo había cambiado demasiado rápido. ¿Y si me estoy perdiendo a mí misma? ¿Y si este amor tiene un precio demasiado alto? Se abrazó a sí misma, confundida. Amaba a Ricardo… pero empezaba a temerle al destino que los había unido. ⸻ 🌸 Malena se lo cuenta a Caren Esa noche, Malena fue al apartamento de Caren. Necesitaba hablar con alguien que no la mirara como esposa, ni como solución… sino como amiga. —Caren… —dijo, sentándose en la cama—. Pasó algo. Caren la miró con atención. Y sonrió con suavidad. —Te brillan los ojos distinto. Dime. Malena respiró hondo. —Hice el amor con Ricardo. No hubo vergüenza en su voz. Solo emoción. Y un poco de asombro. —Fue… bonito —continuó—. Tierno. Me sentí cuidada. Elegida. Caren tomó sus manos. —Malena… eso no se finge. —Lo sé —susurró—. Y eso es lo que me asusta. No sabían que, del otro lado del pasillo, Sofía se había detenido al escuchar su nombre. Y luego… esa frase. Hice el amor con Ricardo. El mundo se le volvió rojo. ⸻ Sofía escucha… y decide Sofía se apoyó contra la pared, conteniendo la respiración. Cada palabra de Malena le atravesaba la piel como una herida abierta. No era solo un contrato. No era solo un año. Había intimidad. Había amor. Apretó los dientes, humillada, furiosa. —Entonces es verdad… —murmuró—. Me lo quitaste. Se irguió, fría, decidida. —Si ya cruzaron esa línea… —susurró—, entonces yo cruzaré todas. Se alejó en silencio, con una certeza peligrosa: el amor de Malena y Ricardo acababa de activar la traición que lo pondría todo en riesgo. Las pausas académicas llegaron como un regalo inesperado. Una semana entera sin clases, sin horarios estrictos, sin excusas para no mirarse, para no tocarse, para no elegirse una y otra vez. Ricardo ya no fingía distancia. La buscaba al despertar, aún con el sueño en los ojos. La abrazaba por la espalda mientras ella preparaba café. La besaba sin razón aparente, como si temiera que el tiempo se les escapara. Malena reía más. Se movía por el apartamento con una confianza nueva, luminosa. Sus mejillas se encendían cada vez que Ricardo la miraba como si fuera la única mujer en el mundo. Y él… él no podía dejar de desearla. No con prisa. No con urgencia. Con esa calma intensa de un hombre seguro, consciente de su atractivo, pero rendido ante una sola mujer. —Ven —le decía, tendiéndole la mano. Y Malena iba. Pasaban las tardes juntos, envueltos en conversaciones largas, besos lentos, silencios compartidos que no necesitaban palabras. Las noches eran su refugio, un espacio donde el mundo no existía y el contrato parecía un recuerdo lejano. Ricardo la trataba con devoción. Como si cada gesto fuera una forma de decir te elijo, incluso cuando no debía. —Nunca imaginé esto —susurró Malena una noche, con la cabeza apoyada en su pecho. —Yo tampoco —respondió él—. Y aun así… no quiero que se termine. Malena cerró los ojos, sabiendo que esa frase era peligrosa. Pero también verdadera. ⸻ Mientras tanto, Sofía perdía el control. Los veía salir juntos. Reír. Tocarse sin pudor. Vivir como una pareja real. Cada imagen era una herida abierta. —Solo era un contrato… —se repetía frente al espejo—. Solo un año. Pero nadie se besa así por obligación. Nadie mira así por conveniencia. La semana de amor de Malena y Ricardo se volvió una tortura para ella. Cada sonrisa de Malena era un recordatorio de lo que Sofía jamás tuvo. —Esto se me está yendo de las manos… —murmuró, con los ojos llenos de rabia. Y entonces decidió que no podía esperar más. Porque cuando el amor se desborda… los celos no tardan en volverse peligrosos.
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