Capítulo 5

854 Words
Estoy temblando, y mucho. Me es imposible entrar en razón en estos momentos, me es imposible mantener la calma. Eveleen ha tenido un accidente y a mi madre, no parece importarle, no parece alarmarle joder...Esto está sobrepasando los limites. Sabía que tenía una personalidad jodida, pero no sabía que tanto. Espero esto, solo sea para mantenernos en pie, para que no nos ahoguemos más, porque eso es lo que debería de hacer un verdadero jefe de hogar, un buen padre y esposo, ser fuerte ante las adversidades, ser el pie que levante a la familia. Pero es que hasta la palabra "padre" le queda pequeña. Mis esperanzas no duran mucho cuando sé quien es él, cuando recuerdo por todas las cosas que hemos atravesado solas, cuando sé que la palabra "basura" no basta para describirle. Otra puerta cerrada con fuerza y sé con exactitud pertenece a la habitación de mi madre cuando de pronto escucho un grito ahogado. Una lagrima se desliza por mi mejilla, sólo una, pero suficiente para ponerme en pie y adentrarme en el pasillo. Este lleva a la alcoba de mis padres, o de mi madre si hablamos con la verdad. —¿Qué estás haciendo aquí? La voz quebrada de mi nerviosa y a lavez temerosa madre, se oye detrás de la fina pero a la vez fuerte puerta que nos separa. —Esta es mi casa Sarah, ¿Ya se te olvido? —Deberías irte. —Debería —Repite. — Tu lo haz dicho. —¡No puedes hacer como si nada ha pasado! Llevas casi un mes sin venir, tu presencia aquí, ya no es de importancia. Estoy temblando, y mucho. Me es imposible entrar en razón en estos momentos, me es imposible mantener la calma. —Deberías de estar agradecida, de que mi dinero todavía entra en tu asquerosa cuenta, de que todo lo que tienes es por mí, no te conformas con ninguna mierda, ¿Verdad, Sarah? —No necesito de tu asqueroso dinero, lo sigues manteniendo porque así te da la gana, no porque te los estemos pidiendo, ya trabajo y déjame decirte que estamos mejor sin ti. —Claro ¿Con cuántos hombres ya no te has acostado? Perra de mierda. Lo que parece ser una sonora cachetada, inunda el breve silencio que habían compartido. Pero yo simplemente no puedo más, no puedo hacer caso omiso nuevamente, no me atrevo a adivinar que clase de aberración, pueda hacerle a mi madre. Abro la puerta y les enfrento lo más rápido que puedo, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en nada más. —¡Es el Doctor!—Alzo la voz, diciendo lo primero que se me ocurre, ha llamado para hablar de lo de Eveleen...— Observo a mi madre fijamente con la finalidad de que reaccione. —Mamá es urgente, por favor. Mis manos apretadas con fuerza hacen que mi valentía se mantenga a flote. —¡Esta puta mierda no se ha terminado, Sarah! Ni pienses salir de la habitación porque— Su rostro desencajado de la ira, se oscurece al ver que mi madre, no hará ésta vez, lo que el le ha ordenado. Cierra la puerta tras suyo asustada y yo le ayudo cerrándola con llave. Las manos me tiemblan cuando lo hago, no puedo creer que por fin haya conseguido enfrentarle. Pues lo hemos conseguido, aun con los gritos de por medio, aun con el temblor en todo mi cuerpo, pero también con la impotencia que llevo dentro. Mi madre está petrificada, pero a pesar de ello me encargo de mirarla para convencerle con la misma, de que ha hecho lo correcto.—Tenemos que irnos — Le digo, colocandome delante suyo, pero entonces, su rostro comienza a demostrar entero arrepentimiento. —Mamá no puedes hacerme esto, tenemos que irnos ¿sí?— Mi voz es débil cuando lo digo, pues de sus mejillas empiezan a brotar lagrimas. — No...No puedo. Sin poder aceptar ni asimilar lo que ha salido de su boca, intento hablarle conmigo hacia la salida—¿Qué no puedes mamá? Vamos. Lo hago aunque aunque sé muy dentro que mi padre es más fuerte y saldrá más rápido de lo que creemos de la habitación. Y como si mis pensamientos bastaban para que aconteciera, bastaron solo segundos para que la puerta estuviera abierta de par en par. Al observar a mi madre por última vez, me encuentro con unos ojos perdidos, cansados y sin ganas de vivir, una mujer llena de miedo, de desesperanza, de tristeza, convertida en un nido de nervios, en un juguete que mi padre utiliza como quiere. Para cuando mi padre está al frente mio, retrocedo lentamente, temiendo que los latidos a mil por hora de mi corazón sean escuchados por su alma fría. —Papá yo... Su rostro es el fuego echo persona, pero solo alcanzó a observarle pocos segundos, pues soy aturdida con el choque de su puño contra mi mejilla. Me ha golpeado, lo ha hecho, y conmigo no va a ser suficiente. Sólo aprieto los ojos cuando escucho el grito ahogado de mi madre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD