CAPITULO 10: Algo no me gusta de él.

1640 Words
Raquel cepilló su cabello ondulado, dejándolo suelto, colocó un poco de crema para evitar el frizz y que cada rizo estuviera bien definido, puso sobre sus labios un labial en tono rojo oscuro y sonrió al verse al espejo lista para esa noche. Raquel salió de su habitación y se dirigió hacia la sala a esperar a que su amiga estuviera también lista. Mientras esperaba, revisó su celular, leyendo una vez más el mensaje que había recibido de Samuel. "Te veo en el restaurante… Te quiero". Raquel no podía creer que todo estuviera tomando forma en su relación. Sentía que los días en los que sentía como un bloque de hielo al hombre que la había conquistado estaban terminando. Desvió su mirada hacia Sara, que se puso frente a ella luciendo un hermoso vestido n***o al igual que el de ella. —Nos hemos combinado. Bromeó Sara. —Claro que sí. El escote en V del vestido de Raquel dejaba ver el inicio de sus pechos y el largo del vestido también apenas mostraba un poco de sus rodillas, haciéndola lucir sutil y hermosa. —Luces, muy bonita, tu galán no podrá aportar la vista de ti. Raquel se sonrojó y en verdad esperaba que eso pasara. —Dime, ¿él vendrá por nosotras? Raquel negó rápidamente. —Nos verá allá. Sara colocó un gesto de desagrado, pero rápidamente lo eliminó de su rostro para no hacer sentir mal a Raquel. —¡Vamos entonces! —Sí, tomaremos un taxi. Soltó Raquel con su ánimo a niveles superiores. Ambas mujeres salieron del departamento y, una vez fuera del edificio, lograron tomar un taxi que las llevó hacia el restaurante que había elegido Samuel. —Buenas noches. Saludó amablemente Raquel a la chica que se encontraba recibiendo a los comensales. —Buenas noches, señoritas. ¿Tienen reservación? Raquel admiraba el candelabro que se vislumbraba desde el interior del comedor. —Amiga. Sara golpeó con su codo al de Raquel, haciéndola regresar en sí. —Ah, sí. Está a nombre de Raquel Ruiz. La mujer frente a ella bajó su mirada hacia donde estaban sus reservas y unos cuantos segundos bastaron para regresar su mirada a la de Raquel. —Una reserva para tres personas, ¿cierto? Bien, entonces la llevo a su mesa. Por aquí, por favor. —Gracias. Respondieron al unísono las dos chicas, para posteriormente seguir a la mujer que las condujo hacia la elegante mesa. —Está hermoso este lugar. Tiene muy buen gusto tu novio… Empezando por ti. Soltó Sara, con lo cual Raquel rio un poco por la última frase de su amiga. —¿A qué horas vendrá? Raquel observó la hora en la pantalla de su celular. —Dijo que estaría aquí a las nueve, es que tenía unos asuntos y, pues, yo fui al departamento a vestirme. Sara vio también la pantalla de su celular. —Ya son las nueve. —Debe estar por venir. El mesero se acercó a ambas mujeres ofreciéndoles el menú, pero Raquel hizo hincapié en que faltaba una persona, aunque ordenaron una copa de vino. Raquel tomó un ligero trago de vino tinto mientras observaba a las demás personas a su alrededor. —Bueno, en lo que esperamos, podemos hablar de cómo van tus primeros días, ya como una empleada oficial. Sugirió Sara. —Pues ha sido un trabajo algo diferente a lo que hacía con Samuel, pero tampoco es algo que no logre comprender. La conversación entre ambas se había extendido tanto que la tercera copa de vino estaba servida frente a ellas. —Iré al tocador, ahora vengo. Dijo Sara mientras se levantaba de la mesa, dejando la servilleta sobre el plato. Raquel observó cómo su amiga se alejaba y dirigió su vista hacia su teléfono, percatándose de que Samuel tenía 40 minutos de retraso. Suspiró profundamente y en ese instante, frente a sus ojos, el mensaje de Samuel apareció. "Disculpadme, me surgió…" Raquel desvió su mirada del celular sin terminar de leer el resto del mensaje. Sonrió para no llorar por la decepción. Se sintió avergonzada cuando vio regresar a Sara. —Eh… no vendrá. Soltó Raquel, cabizbaja, evitando la mirada de Sara, que se tornaba sorprendida. —¿Por qué? —Le surgió algo. —Ah, ¿entonces? —Pues… La respuesta de Raquel se vio interrumpida por el mesero que una vez más preguntaba si deseaban ordenar. —¿Qué quieres cenar? Preguntó Raquel dirigiendo su mirada al menú que había ignorado hasta ese momento. Sara miró el rostro decaído de Raquel y acercó su mano a la de su amiga que sostenía el menú. —¿Y si nos vamos? —No, venimos a cenar y eso haremos. —¿Y si vamos por unos tragos y comida callejera? ¿No suena mejor? Raquel sonrió asintiendo. —No ordenaremos nada, solo cóbreme lo que bebimos, por favor. Dijo Raquel mientras sacaba su tarjeta de su cartera rosa. —No es necesario. Soltó el mesero ante la tarjeta que finalmente ofreció Raquel. —El señor Dávila se comunicó y dijo que todo lo que ordenaran lo pusieran a su cuenta. —No, por favor, use esta, se lo agradecería, por favor. —Es que… —Tómela. Ante la insistencia de Raquel, finalmente el hombre aceptó. —¿A dónde vamos? Preguntó Raquel tratando de mantener su ánimo y levantándose de la mesa. —A comer algo primero y después a beber. —¡Buen plan! Soltó, Raquel, tomando su bolso que había colocado en el respaldo de su silla… Raquel observaba detenidamente el hielo en su bebida frente a ella. —Lo siento. Soltó Sara, un poco descolocada por la fuerza que estaba poniendo Raquel por estar bien después del desplante de Samuel. —No tienes por qué disculparte, no fuiste tú quien me dejó plantada; al contrario, discúlpame tú a mí por haber hecho que cancelaras tus planes. Sara tomó la mano de Raquel dulcemente. —No me importaría cancelar cualquier compromiso si eso implica estar contigo. Raquel sonrió, aunque sus ojos estaban tratando de detener sus lágrimas. —Suenas muy cursi. Bromeó finalmente Raquel. —Eres mi mejor amiga y… Sara detuvo sus palabras. —¿Y? Preguntó Raquel para saber qué quería decir Sara. —No sé, amiga, esto que hizo no me da una buena sensación. —Él es un hombre algo complejo, siempre está ocupado. Lo sé porque trabajé a su lado todos estos meses y ahora en estos pocos días que he estado alejada de él, apenas si lo he visto, así que una parte de mí entiende. —No me gusta para ti, tú eres una chica dulce y amorosa. Sé las noches que pasaste trabajando duro para cumplir con el trabajo que él te ponía a última hora, los días que regresabas tarde a casa y, no se diga, las noches que tenías que regresar sola después de estar con él. —Eso no es así como lo pones. —Tú lo defiendes, pero a ver, dime, ¿por qué reservó a tu nombre y no al de él? —¿Eso qué tiene? Llamó al restaurante para que todo lo que ordenáramos lo cargaran a su cuenta. —Eso no dice nada. Soltó, Sara. —¿Por qué después de estar un año juntos aún no conoces su departamento? No te ha llevado ni una sola vez. Raquel no supo qué contestar ante ese cuestionamiento, ya que ella misma se lo había cuestionado. —Hay algo en él que me desagrada, solo que lo omitía por ti. —Pero yo lo amo. Soltó Raquel con su voz alcoholizada y algo quebrada. —El amor no es solo de uno; una sola persona no puede hacer todo en una relación y también es sano saber cuándo esa persona no te ama. —¡Él me ama! —¿Te lo ha dicho? Quería recordar un solo momento en ese año en el cual me haya dicho lo mucho que me amaba, pero era difícil encontrar ese momento. Sentí un poco de dolor, pero él no era el típico hombre que demostraba su amor de esa manera. Yo podía sentirlo de otra forma, en la forma en la que me miraba y sobre todo en la que me hacía sentir placer. Quizás me engañaba, pero no quería verlo, no deseaba ver las cosas como eran. Quería seguir en la fantasía de un amor secreto, donde dos personas se aman con tanta intensidad que tarde que temprano todo sale a relucir con una hermosa declaración de amor ante todo el mundo. En verdad era ilusa. —Ya no quiero hablar del tema, él es así, pero sé que me ama. Sara suspiró un poco enfadada, pero igual entendía lo enamorada que estaba Raquel. —Vamos a casa. Sugirió Raquel al terminar de beber de un solo trago el vaso frente a ella. Cuando por fin estuvo sola en su cama, se dejó caer de espaldas hacia el colchón; exhaló un poco de aire con aliento a alcohol. Cerró sus ojos un poco decepcionados de que esa noche no saliera como ella había querido. El sonido de mi celular me hizo estremecer o quizás estaba ya muy alcoholizada para sorprenderme ante cualquier sonido. De igual manera, tomé el celular y observé que quien llamaba era el hombre que había deseado ver esa noche sentado frente a mí. Mordí mi labio al querer contestarle, pero mi corazón lastimado no me dejó hacerlo. Quería sanar esa noche y no quería caer en las mismas preguntas que me había hecho Sara y reclamarle buscando una respuesta que quizás me iba a lastimar, así que solo dejé el teléfono a mi lado y, aún vestida con aquel vestido, decidí dormirme y descansar mi mente para enfrentarme a él al siguiente día.
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