CAPÍTULO 9: Seducción.

1424 Words
Su mirada era algo que me encantaba y más cuando la lujuria se apoderaba de esos ojos hermosos. Sentí el sabor de sus labios y el cómo me empujaba sutilmente hacia atrás. Entre cada beso, preguntaba si aún seguía molesta y quería decirle que en cierta forma aún lo estaba, pero sus besos hacían que flaqueara. —No sigas molesta. Soltó cuando se alejó un poco de mis labios. —No puedo evitarlo. Claramente, mentí, porque en ese momento todo ese sentimiento se había esfumado al ver cómo en verdad le afectaba que estuviera molesta con él, al contrario de lo que pensé. —¿Qué puedo hacer para que ya no estés enfadada conmigo? —Nada. Ya tengo que irme. Sara me espera, ya que teníamos un compromiso. Samuel abrazó fuertemente a Raquel y besó su cuello, algo que disfrutó tanto que su respiración cambió, traicionándola. Samuel nuevamente la miró y sonrió con un aire de perversión, algo que no le molestaba a Raquel. Samuel besó apasionadamente a Raquel y continuó empujándola hasta que el trasero de esta chocó contra el escritorio. Samuel besó el cuello de Raquel nuevamente y ella solo acarició el cabello de Samuel. Cuando Samuel sentó sobre el escritorio a Raquel y acarició una de las piernas debajo de su falda, ella solo soltó un pequeño gemido de placer. Raquel abrió las piernas cuando Samuel se posicionó en medio de estas. —¿Esto te excita? … ¿Dejarás de estar molesta si continúo? —No, seguiré molesta. Soltó Raquel mintiendo, sabiendo que ya se había vuelto un juego de seducción. —Ah, ¿no? ¿Y si? ¿Hago esto? Samuel, que aún permanecía posicionado en el delicado cuello de Raquel, levantó la falda negra de Raquel hasta que sus bragas del mismo color que su falda estuvieran expuestas. —¿Y ahora? Raquel negó, aunque sus mejillas rosas la delataban. Finalmente, Samuel dirigió sus dos manos hacia las bragas de Raquel, despojándola de estas. Una vez hecho esto, dirigió sus manos a la camisa roja de Raquel y quitó poco a poco cada botón. —Estamos en la oficina. Soltó con su voz sutilmente excitada Raquel. —No hay nadie y… te deseo. Ella sonrió al escuchar estas palabras. En tan pocos segundos, su camisa y sostén estaban sobre el suelo y sus pechos ligeramente medianos estaban expuestos. Samuel dirigió su boca hacia uno de ellos, mientras Raquel tomó entre sus dedos el cabello de Samuel, disfrutando de la sensación de humedad sobre su pezón. Todo lo que sucedía se sentía un poco extraño, ya que nunca lo habían hecho en la oficina, pero para ese momento daba absolutamente igual. Lo único que deseaba era que la hiciera suya. La espera de los pocos minutos en los que Samuel se colocó protección a Raquel le parecieron eternos, pero su espera fue compensada con el dulce placer que sintió cuando Samuel estuvo dentro de ella. —¿Qué, acaso siempre cargas un preservativo contigo? Preguntó juguetonamente Raquel, mientras disfrutaba del movimiento de Samuel. —Nunca se sabe en qué situación puedas estar. Lo que dijo me extrañó un poco, aunque, para ser justa, yo fui quien preguntó, pero aun así sentí un poco de curiosidad a qué situaciones se refería; tampoco lo analicé mucho debido a que estaba tan entregada a ese momento que en lo único que podía pensar era en lo que él estaba generando en mi cuerpo. Samuel detuvo los besos; al igual que el movimiento, levantó del escritorio a Raquel. Su sonrisa se colocó en esos bellos labios. Cuando sus manos se colocaron en la cadera de Raquel, ella supo en un instante qué intenciones tenía, y aunque al principio lo dudó esos pocos segundos, terminó cediendo cuando él la giró. Raquel colocó sus manos sobre el escritorio para apoyarse y sintió cómo nuevamente las manos de Samuel ahora recorrían sus piernas hacia arriba, levantando la falda, que era lo único con lo que contaba. Sintió nuevamente la sensación de placer una vez que él entró y que comenzó a moverse. Era extraña la sensación, es decir, me sentía con mucha vergüenza, ya que a pesar de estar juntos constantemente, nunca lo habíamos hecho de esa forma; sus manos nunca se movieron de mi cadera… Bueno, sí hubo un momento, el cual fue cuando con una de sus manos haló mi cabello que se encontraba suelto para ese punto. —Tienes un hermoso cabello. Susurró Samuel entre ligeros gemidos. Samuel estaba solo concentrado en lo suyo y me sentí un poco… Vacía… Aunque quizás era porque no estaba acostumbrada a esa posición, ya que mi cuerpo finalmente experimentó la tensión y el cosquilleo de placer extremo, haciendo que también la experimentara él. Mientras Raquel terminaba de ponerse la camisa, Samuel se acercó. —¿Se te quitó lo molesta? Raquel sonrió. —Eres un tonto. —Lo sé. Cuando ambos estuvieron vestidos y listos para irse, Raquel dio un vistazo a su reloj, percatándose de que eran las 11:00 de la noche. —¿Por qué tan preocupada? ¿Verás a alguien? —Parece que no escuchaste que te dije que tenía un compromiso con Sara, mi compañera. Respondió Raquel con un tono algo molesto, que rápido captó Samuel, acercándose más a Raquel para luego abrazarla de los hombros. —Sí, sí, no te molestes nuevamente… ¿Qué te parece si cenamos los tres este viernes? Los ojos de Raquel se abrieron enormemente. Se sentía sorprendida por la propuesta de Samuel. —¡¿En serio?! Preguntó, aún incrédula. —Sí, además, ya es tiempo de conocerla y aprovechando que es nuestro primer aniversario. Raquel sonrió un poco, ya que le daba gusto que él supiera que justamente cumplirían un año de relación. Eso la hizo sentirse sumamente feliz, pero trataba de mantener esa felicidad contenida muy en lo profundo, para evitar que él pensara que era una cursi infantil. —Sí te acordaste. La ilusión de Raquel enterneció a Samuel. —Claro que sí… Entonces, ¿te parece si yo hago la reservación? Raquel asintió contenta y abrazó fuertemente a Samuel. Sin importarle lo que pensara de ella, hundió su cabeza en su pecho. —Bueno, entonces me pondré mañana en ello, por ahora, señorita... Samuel alejó de su pecho a Raquel, mirándola a los ojos. —Es hora de llevarla a casa. Samuel besó los labios de Raquel. Cuando ambos estuvieron listos, salieron de la oficina. En los pasillos oscuros del edificio, Samuel tomó del antebrazo a Raquel, acercándose a su cuerpo. El trayecto hacia el departamento de Raquel estuvo todo en calma… Una vez estacionado, Samuel besó a Raquel, que sonrió dulcemente y finalmente salió del auto de Samuel, entrando al edificio frente a ella. Raquel entró en silencio al departamento y se dirigió hacia la puerta de la habitación de Sara, donde tocó suavemente y, a los pocos segundos, salió Sara frotándose los ojos y su cabello algo alborotado. —Amiga, te estuve esperando. Sara abrió sus ojos adormitados después de decir esto. —Lo sé, discúlpame. —Pero no importa, es bueno ver que estás bien. Raquel sonrió tanto que la felicidad era tan evidente en ella. —Estoy muy enamorada. Soltó Raquel. —Ya lo veo. —Hoy, a pesar de todo, fue un buen día. Sara abrazó a Raquel. —Felicidades, amiga, por tu contrato. Soltó con un poco de cansancio. —Gracias… Oye, por cierto, cancela lo que tengas planeado para el viernes, ya que Samuel quiere que cenemos los tres. —Finalmente, se me hará conocer a tu galán, es decir, en fotos se ve bien, pero quiero verlos juntos, porque ni en fotos están juntos. —Ya sé que solo tengo fotos de él y no hay ninguna nuestra, pero ya sabes que es por lo de la oficina. —Si me lo has dicho miles de veces… OK, entonces el viernes cenaremos juntos; ya lo anoté en mi cabeza. —Vale, veo que estás cansada, te dejaré dormir; yo tomaré una ducha y también descansaré. —Vale. Buenas noches. Raquel se despidió de Sara y, al entrar a su habitación, se despojó de su ropa para entrar a ducharse; mientras el agua caía sobre ella, recordaba los besos de los minutos anteriores. Al salir de la ducha se colocó su pijama y, al cepillar su cabello, recordó las palabras de Samuel con referencia a este. Jugueteó un poco con el cabello, sintiéndose hermosa. Después de un largo suspiro, decidió ir a descansar.
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