CAPITULO 8: Contrato.

1448 Words
Frente a mí estaba el pago por todo mi esfuerzo, el esfuerzo de trabajar arduamente, de algunos desvelos y, por supuesto, de las llamadas de atención de Samuel, que, a pesar de llevar casi un año de relación, aún tendía a ser un jefe algo estricto y, cuando le tocaba llamarme la atención, no importaba que muchas de las noches me tocara con intensidad y lujuria; él soltaba palabras duras… El contrato para el puesto de jefa de marketing era uno de los peldaños que deseaba escalar y finalmente estaba frente a mí. Estaba orgullosa de mí, aunque un sentimiento de tristeza me invadió, ya que ese puesto significaba que, al firmar el documento, ya no estaría tan cerca de Samuel como lo había estado todo ese tiempo. —¿No te convence el sueldo? Soltó Samuel ante la duda y el silencio de Raquel frente al documento que minutos antes había puesto ante sus ojos castaños. —No, eso está muy bien… Es que… —¿Qué? —Siento un poco de nostalgia, ya que ya no podré estar mucho tiempo contigo, es decir, ya no podré acompañarte a las citas y reuniones, a menos que mi presencia sea requerida, y pues me da un poco de pesar. Samuel sonrió con un poco de burla ante la tristeza de Raquel. Su rostro hacía menos los sentimientos de la chica con quien salía desde hace meses. —¿Es eso lo que te preocupa? —No, es que me preocupo… —Eso es tonto, Raquel, ¿no es suficiente el tiempo que pasamos juntos por las noches? Tienes que ser más codiciosa y fijarte en lo que en verdad importa, no por tonterías, por cosas infantiles. Raquel miró algo confundida a Samuel por las palabras tan secas y duras que salían de su boca. De esos labios tersos y ligeramente nude, Raquel se levantó inesperadamente del escritorio, tomó la pluma que estaba a un lado del documento y firmó con algo de prisa. —Quiero más… No solo esas noches, quizás… No es suficiente. Raquel desvió su mirada de la de Samuel y se dirigió hacia la puerta, saliendo rápidamente de esta… —¡Felicidades! Ya era justo, has trabajado mucho, has aguantado reprimendas por parte de nuestro jefe; los desvelos no se quedan atrás. En verdad, me da mucho gusto que por fin seas parte oficialmente de la empresa. Soltó feliz Aurora. —Gracias. Respondió un poco cabizbaja. —¿Qué pasa? ¿No estás contenta con el puesto? —No, es eso, es otra cosa. —Dime, somos amigas. Raquel suspiró. —¿Has sentido alguna vez que falta algo en tu relación? Es decir… —¿Pasa algo con ese novio que no conozco aún? —No sé, tal vez yo soy la que exige mucho, es decir, él es bueno conmigo y tal vez solo quiere lo mejor para mí, fijarme más en una tontería que por mi futuro, no lo sé, puede que tenga toda la razón, pero a veces sus palabras… Raquel mordió su labio. —Duelen, pero analizando, él solo me habla así porque quiere que piense más en mi futuro. Supongo que eso es algo bueno, ¿no? —Sí, yo creo que sí, algunos hombres son así; por ejemplo, el mío es el más dulce y tierno; siempre está al pendiente de mí, pero hay días en los que lo desconozco por su manera tan fría de ser. —¿Debería seguir molesta con él? —Eso solo es decisión tuya. —Lo sé. Raquel se mantuvo en silencio y pensativa antes de ver cómo el mesero ponía frente a ella un mini pastel. —¿Y esto? Preguntó Raquel, algo confundida. —Estoy orgullosa de ti y sé que no es mucho, pero… Los ojos de Raquel se tornaron conmovidos. —¡Gracias! Al contrario, es demasiado. Aurora sonrió feliz por la expresión de felicidad de Raquel. —Bueno, ¡pruébalo! —Come conmigo. Raquel ofreció un pequeño cubierto a Aurora. Aurora y Raquel caminaban riendo un poco. Pararon hasta llegar a la puerta de la oficina de Raquel. —Bueno, amiga, te dejo. —Vale, gracias por lo de hoy. Aurora sonrió y negó con la cabeza. —No fue nada. Raquel agitaba su mano, despidiéndose de Aurora. Su sonrisa aún estaba vigente en su rostro; su mirada se distrajo con Esther, que caminaba hacia ella con paquete de documentos. —El jefe me pidió que transcribieras todo esto, que será tu última tarea como su aprendiz. —Pero… Raquel vio el paquete de documentos y dirigió rápidamente su mirada hacia la ventana del edificio, donde la luz del día estaba cayendo, sabiendo que ya se acercaba la hora de salida. —Dijo que lo necesitaba para hoy. Recalcó Esther al notar cómo Raquel miraba casi el atardecer llegar. —Está bien, lo haré. Aceptó derrotada, sabiendo que esa noche saldría tarde. Al recibir el paquete de documentos, Raquel entró a su oficina y los dejó sobre su escritorio. Al sentarse, suspiró un poco, ya que esa noche deseaba irse temprano a su departamento para descansar. Antes de comenzar a trabajar, se percató de la carpeta color manila que se encontraba en su escritorio y, al abrirla, se percató de que era la copia del contrato que había firmado esa mañana. Se levantó rápidamente hacia donde estaba colocado su bolso y, al sacar el celular, se acercó a tomarle foto a la copia del contrato. Finalmente sonrió al mandarle la foto a su amiga Sara. Mientras escribía, el sonido de mi celular hizo que rápidamente revisara el mensaje que acababa de recibir y por un segundo pensé que sería Samuel, pero era Sara y un sentimiento de tristeza me invadió un poco, ya que desde la mañana él no había tratado de hablarme, como si no le importara el cómo me sentía. "¡Felicidades, amiga!, ¿celebramos hoy por la noche?" Raquel hizo una mueca de disgusto y pesar. "No puedo, tengo trabajo y creo que terminaré muy tarde". "No me digas eso…" "Bueno, trataré de terminar temprano; yo te aviso en todo caso". "Vale, amiga, espero que sí, entonces me avisas". "Sí." Raquel dejó el celular sobre su escritorio y retomó lo que estaba haciendo, pero en esta ocasión lo hacía con una mejor actitud para poder terminarlo temprano e ir con Sara. Raquel dio un vistazo al reloj en su muñeca, percatándose de que ya era hora de la salida y ella apenas llevaba la mitad del trabajo, así que trató de hacerlo con mayor velocidad. Raquel finalmente suspiró y sonrió al ver terminado su trabajo. Se sintió satisfecha de que lo había terminado antes de las 10:00 de la noche, aunque inmediatamente se percató de que era extraño que Samuel quisiera el documento para ese mismo día y no había recibido ni una sola llamada preguntando por el trabajo. No lo pensó más, así que envió el documento al correo de Samuel para que pudiera revisarlo esa noche, como muchas ocasiones lo había hecho; además, tomó la precaución de imprimir el trabajo para pasarlo a dejar a la oficina de Samuel por cualquier situación, ordenó su escritorio y, antes de levantarse de su asiento, le mandó un mensaje a Sara confirmando que sí celebrarían esa noche… Tomó el documento y, al tomar su bolso y abrir la puerta, su mirada se clavó en los ojos de Samuel, que estaba frente a ella. —¿Qué haces aquí? Creí que ya te habías ido de la empresa. —Pensé que había dicho que necesitaba esos documentos para hoy. —No pude tenerlo más temprano, pero ya te lo mandé a tu correo para que puedas revisarlo. Bueno, entonces me voy, que… Pases, buenas noches… Raquel caminó un poco dando por hecho que Samuel se haría a un lado para que continuara su camino, pero se dio cuenta de que él siguió en la misma posición al chocar contra su pecho. Raquel levantó su rostro hacia el de Samuel, que la miraba con algo de seriedad. —¿Qué sucede? Pregunté aún mirando sus ojos negros sobre mí, sintiendo su respiración y el aroma a elegancia que destilaba todo el tiempo. Sentí cómo mis piernas temblaban y apenas podía sostenerme, porque a pesar de los meses de estar a su lado, aún provocaba nerviosismo en mí. Por unos segundos, ninguno de los dos dijo nada y solo nos manteníamos mirándonos. No sé qué pasaba por su cabeza, pero por la mía el deseo de abrazarlo no dejaba de resonar. Finalmente, él sonrió, haciendo que cayera en esa sonrisa tan hermosa, tan hipnotizante, tan perfecta.
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