CAPITULO 7 : Esto es una relación.

1315 Words
Raquel comenzó a jugar con sus dedos en señal de ansiedad. Raquel entró sigilosamente al departamento que se encontraba en completa oscuridad; caminó de puntillas hacia su habitación, pero cuando cruzaba cerca de la pequeña sala, la luz de la lámpara la sobresaltó y ver la figura de su amiga sentada en el sofá con los brazos cruzados, mirándola fijamente, la hizo estremecer aún más. —¡Ah!... ¡Me asustaste! —¿Por qué llegas tan tarde? —No es tan tarde. Respondió Raquel sonriendo un poco, jugando con la paciencia de Sara. Sara levantó el celular hacia su cara para verificar la hora, comprobando que eran las 3:00 de la madrugada. —Son las 3:00 de la mañana. Raquel encogió sus hombros y sonrió mucho más. —Ah, entonces no es tarde, más bien es temprano. —No estoy jugando. —Pues yo sí. ¿Por qué te comportas así, como si fueras mi madre? —Me preocupaste; tú nunca llegas a esta hora y menos sin avisarme. —Sabías que tenía una cita con Samuel. —Sí, pero… —Estoy bien, ¿ya puedo irme a dormir? —No, ahora me cuentas todo. Raquel resopló, pero rápidamente se acercó sonriendo con Sara. —Bueno, estuvimos juntos. —¡En serio! Eso explica el cabello un poco húmedo. —¡Sí! Bueno… Traté de secarlo, pero no funcionó bien; no pensé que estarías esperando aquí sentada como una amiga superestricta… Esta noche hice el amor con Samuel. Respondió Raquel con la sonrisa más amplia que Sara había visto en su amiga. —¿Y qué tal? Aunque para qué pregunte, si con esa sonrisa es más que evidente la respuesta. Raquel, que aún sonreía, colocó sus palmas sobre sus mejillas sumamente coloradas. —Fue lindo, fue muy tierno y, al saber que era mi primera vez, fue muy amable, pero… Rápidamente, el semblante de Raquel había cambiado a uno de decepción. —¿Pero qué? —Al final no sé si cuenta lo que hicimos, ya que, bueno, él no pudo… Hubo un breve silencio. —Al final no hicimos mucho, dolió demasiado, que antes de que entrara nos detuvimos. Sara notó la decepción en la voz y el rostro de Raquel. —Es normal cuando es tu primera vez. No te sientas mal, a muchas nos pasa. —¿En serio? Preguntó Raquel, buscando un poco de consuelo en las palabras de Sara. —Sí, en serio. Raquel suspiró, pero finalmente sonrió. —Oye, amiga… Pero… Se protegieron, ¿verdad? —Sí, eso es obvio, no te preocupes. —Bueno, amiga, me iré a dormir, ya que tengo que levantarme temprano. —Sí, no te preocupes… Eh, por cierto… Habló tu madre. Raquel colocó una cara de desagrado y molestia. —¿Qué le dijiste? —Que no te encontrabas… ¿No crees que deberías contestar sus llamadas? —¡No! Ella no me habla para saber cómo estoy o si estoy bien; ella lo hace para decirme lo mismo que hizo que me fuera de su casa… Así que, si vuelve a llamar, solo dile, por favor, que, si es por lo mismo por lo que llama, que deje de hacerlo y no le digas qué estoy haciendo, te lo pido. Sara rascó un poco su cabello y se sintió un poco mal por el rostro de Raquel, ya que sabía que detrás de esas palabras duras de su amiga, había un poco de tristeza por estar en esa relación con su madre. —Buenas noches. —Buenas noches, Raquel. Raquel entró a su habitación y se sentó sobre la cama pensando en su madre y en cómo había ahuyentado tan fácilmente el momento de felicidad que tenía esa noche. Mientras el agua caía sobre mi cuerpo, pensaba en cómo iba a ver el rostro de Samuel, ya que aún sentía un poco de vergüenza por lo de la noche anterior. —Buenos días, señoritas. Saludó la voz imponente y grave del hombre vestido de traje gris. Raquel colocó solo por un par de segundos sus ojos en los de Samuel. Sus mejillas se ruborizaron instantáneamente. Solo segundos bastaron para provocar lo que trataba de evitar. Desvió su mirada hacia los ojos de Esther para que evitara percatarse de su rubor y hacer evidente lo que su jefe provocaba en ella. Pudo notar cómo Esther miraba fijamente a Samuel mientras una sonrisa se había colocado en sus labios pintados de rojo; a Raquel le pareció curioso, pero tampoco algo de que cuestionarse demasiado. —Señorita Ruiz, ¿podría pasar a mi oficina? —¿Yo? Raquel preguntó sorprendida, señalándose a sí misma. Me gustaba cuando él quería estar solo conmigo, pero específicamente ese día no deseaba eso. Lo que quería era evitarlo lo más posible hasta que la vergüenza desapareciera. —Sí, usted. Samuel se apartó de las dos mujeres, dirigiéndose hacia su oficina. Raquel rápidamente lo siguió, tal como un robot. Cuando la puerta se cerró detrás de Raquel, Samuel dirigió su vista nuevamente hacia ella y sonrió. —¿Dormiste bien? Raquel asintió. —¿No tuviste problemas con tu amiga? Raquel negó esta vez. La sonrisa colocada en el rostro atractivo de Samuel desapareció; se acercó a Raquel, que mordió su labio al verlo tan cerca de su rostro. —¿Qué pasa? Tú no eres así. ¿Es por lo de anoche? Raquel asintió seriamente, sin prevenir el beso suave que Samuel colocó sobre sus labios libres de cualquier labial. —Te dije ayer que eso no importaba. —Pero yo… Nuevamente, Samuel besó los labios de Raquel, con lo cual ella por fin cedió, besando suavemente a Samuel, rodeando su cuello. Se levantó ligeramente sobre las puntas de sus pies para tratar de alcanzar la altura de Samuel. —Te quiero. Raquel se sorprendió de las suaves palabras de Samuel. Al retirar sus labios de los suyos, su corazón estalló de felicidad, y fue evidente con la linda sonrisa que le regaló a Samuel. —Yo también te quiero. —Ahora ve a trabajar y ya no sigas pensando en pequeñeces, ¿sí? Raquel asintió feliz. —Bueno, entonces me voy a mi oficina. Raquel caminó hacia la puerta, pero antes de que la abriera, Samuel la haló de nuevo hacia él, dándole un último beso… Vi sus ojos directamente, notando todo el fuego que en ellos había. Estaba nerviosa, ya que habían transcurrido varios días desde aquella noche y ahora estaba a punto de volver a intentarlo, temiendo que sucediera lo mismo y no solo por él, sino por mí. Quería estar con él; mi cuerpo lo pedía a gritos cada vez que sus manos recorrían mis piernas en la soledad de su oficina. Cada vez que eso pasaba, deseaba que me propusiera volver a intentarlo, pero fui yo quien lo sugirió esa noche. Él suspiró lentamente mientras aún miraba a Raquel a los ojos. —Estás lista. Raquel asintió. Nuevamente, un dolor me invadió, pero en esta ocasión no quería dejar de sentirlo, quería más, quería todo de él. Aunque fue algo doloroso, sentí cómo él logró hacerlo y, aunque quise ahogar mi gemido, este salió sin control. —Perdón. —Puedes hacerlo, eso me gusta. Raquel sonrió avergonzada, pero igual deseaba ser ella misma sin sentir vergüenza de nada. Sus movimientos eran gloriosos; con cada movimiento, una deliciosa sensación nacía desde dentro de mí. Acarició mis pechos mientras continuaba y esto me hacía sentir más placer… Aún dolía un poco, pero no quería que se detuviera; sentí cómo mi cuerpo en un instante se tensó y… por primera vez había tenido un orgasmo. Samuel sonrió al sentir cómo todo el cuerpo de Raquel se había tensado debido a su desempeño. —Tengo a la chica más hermosa. Dijo Samuel para después continuar besando a Raquel, que solo lo miraba con evidente amor.
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