*** NATALY ***
Hoy, Emiliano tiene planes para salir con su "amiguita". Como siempre, cuidaré de Abril, ya que para su papá es más importante el trabajo, o el placer.
Llegamos del colegio, almorzamos la ayudo a cambiarse el uniforme, hacemos tareas y la tarde se pasa entre juegos y mimos con mi consentida.
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Estoy terminado de ponerle su pijama y se abre la puerta.
— Buenas noches, familia!. — Saluda Emiliano, entrando a la habitación.
— ¡Papito!. — Exclama mi sobrina lanzándose a sus brazos, mientras lo llena de besos.
— ¿Cómo te portaste hoy?. — Pregunta él, achinando los ojos.
— Yo siempre me porto muy bien, papi. — Responde Abril, encogiendo sus hombros.
— ¡Esa es mi niña!. — La halaga, dejándola sobre la cama.
La arropa con la sábana, besa su frente y le da las buenas noches. Ambos salimos de la habitación, para que Abril descanse.
Me dirijo a la sala y Marina me prepara un café, el cual disfruto, mientras veo mi telenovela favorita.
En ese momento suena el timbre y sé que es... Esa "mujer".
— Nataly, ¡Que gusto verte!. — Saluda cínicamente y yo le muestro una sonrisa falsa.
Emiliano aparece y la saluda con un apasionado beso.
Yo aclaro la garganta, ante la incómoda escena.
— Perdona, hermanita. — Se disculpa, mientras ambos sonríen.
— ¿Vamos?. — Lo apura Hilda, entrelazando su mano con la de él.
Mi hermano no alcanza a responder, cuando escuchamos los gritos de Abril.
Corremos a su habitación y al entrar, está retorciéndose en la cama.
— ¿Qué tienes, princesa?. — Le pregunta Emiliano, tocando su frente.
— Mi estómago, papá. Me duele mucho. — Responde ella, entre quejidos.
— Nata. Voy a llamar al doctor. — Espeta mi hermano muy asustado.
— No papá, al doctor no. — Grita ella.
— Hija, el doctor tiene que verte, para curarte. — Explica él y ella niega, mientras sigue quejándose.
*** EMILIANO ***
— ¿Qué sucede?. — Pregunta Hilda, preocupada, al verme bajar nuevamente.
— Abril está enferma. Algo del estómago. — Le relato apenado.
— Pobre chiquilla. Ni modo, me voy. La pequeña te necesita y nosotros podemos salir otro día. — Dice acariciando mi rostro.
— ¿En serio, no te molesta?. — Pregunto tímido.
— Por supuesto que no, amorcito. Es tu hija y te entiendo. — Responde besando mis labios.
— Gracias, bonita. Te adoro. —
— Yo también. Espero que Abril, se mejore pronto. — Finaliza saliendo del departamento.
Vuelvo a la habitación de mi hija y ya no se queja.
— Papá, quédate conmigo. No te vayas. — Pide aún entre sollozos.
Nataly y yo nos miramos atónitos.
— Ya entiendo. De eso se trata todo. ¿No? — Aseguro molesto.
Tomo la mano de mi hermana y la saco de la habitación.
— Explícame. ¿qué significa ésto?. — Cuestiono ofendido.
— Te juro que no sé. — Responde nerviosa.
— No te hagas. Ese conveniente dolor de estómago y justo hoy, no es casualidad. — Rebato.
Vuelvo a la habitación y Abril llora.
— ¿Estás fingiendo estar enferma sólo para que yo no salga?. — Alzo la voz, mientras ella agacha la mirada.
— Habla, Abril. — Ordeno furioso.
Ella sólo asiente, mientras lágrimas gigantes caen en sus mejillas.
— Ésto es el colmo!. — Vuelvo al gritar y salgo, dando un portazo.
*** NATALY ***
Estoy aún en shock. No puedo creer la ocurrencia de mi sobrina.
— ¿Por qué hiciste eso, mi muñeca?. — Pregunto y ella seca sus lágrimas.
— Tía, yo no quiero a esa empalagosa, cerca de mi papá. — Bufa.
— Sabes que esa no fué la mejor manera de hacer las cosas. — Le rebato. — Aunque lo lograste, por hoy. — Murmuro y sonreímos bajito, para que Emiliano no se entere.
— Necesito que me cuentes. De dónde sacaste la idea. — Le pido y ella me mira asustada.
— Ali!. — Logra decir y quedo asombrada.
— ¿Tu maestra?. Wow, eso no me lo esperaba. — Finalizo y seguimos sonriendo.
AL DÍA SIGUIENTE...
*** ALICIA ***
Llego al colegio y Nataly me espera, pero no veo a mi pequeña por ningún lado.
— Buenos días, Nataly. ¿Y Abril?. — Pregunto curiosa.
— Hola, Alicia. La envié al salón. ¿Podemos hablar un momento?. — Pregunta y me pongo nerviosa.
— Claro, dígame. — Concedo.
— Lo que sucede es que anoche, Abril fingió estar enferma para que mi hermano no saliera con su novia y después de rogarle, mi sobrina me confesó que tú fuiste quien le dió la idea. — Me relata y se me hela la sangre.
— Ay, perdón. Yo la verdad no sé cómo se me ocurrió darle ese consejo. La ví tan desesperada, qué no medí mis palabras. — Explico avergonzada.
— Bueno, después de todo, lograron su cometido. Ella se quedó con los "crespos hechos". Eso si, Emiliano no tiene idea de la mente maestra que está detrás de todo ésto. — Dice burlona y yo sonrío triunfal, por la felicidad de mi niña.
— Me caes de lujo, Alicia. Si no tienes qué hacer después del trabajo, podrías venir a casa y hacemos un plan de chicas, las tres. — Propone.
— Me encantaría, Nataly. Muchas gracias. — Respondo y nos despedimos.
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— Vamos, Ali. Ya quiero que veas mi colección de muñecas. — Me apura Abril, al terminar las clases.
Salimos y Nataly nos espera.
Subimos al carro, avanzando camino al departamento, que es algo cerca.
Al entrar, miro todo a mi alrededor. Es muy lindo el lugar.
En la sala, reposa un gran cuadro, con la fotografía de quien supongo, es la mamá de mi pequeña.
La tarde pasa tranquila, entre juegos y risas con ellas. Hacía mucho no me sentía así, como en familia.
Miro la hora y ya es tarde.
— Me debo ir. Tengo a mi winny sóla. — Explico poniéndome de pié.
— Ali, no te vayas. Quiero que conozcas a mi papá. — Pide Abril aferrada a mis piernas.
— Quédate a comer con nosotros, querida. — Concede Nataly.
— Mil disculpas, en serio. Prometo que en otra ocasión, acepto sin problemas. — Finalizo y me despido de ambas, regresando a casa.
No me deja de causar curiosidad el tal Emiliano. ¿Por qué la tía es quien está encargada de Abril y no él que es su papá?. Que mal padre. Pienso mientras me derrumbo sobre mi cama.