¡Dios! ¿Por qué tenía que ser tan alto? Me siento como una enana frente a él, tiro mi cabeza hacia atrás y lo miro, me pierdo en ese par de pozos azules que me observan casi con adoración. Él mantiene esa sonrisa ladeada, mientras se encarga de acariciar mi mejilla derecha con su mano. —Sorpresa —susurra, a lo que sonrío y niego. —Así que todo fue idea tuya. —Ajá —afirma—, si es que me siento como un adolescente cuando va a declarar su amor a la chica que le gusta, no hallaba el modo de invitarte a salir —se encoge de hombros, echándose a reír. Digamos que… en ese pequeño instante, acababa de olvidar cómo respirar. j***r, él dijo muchas cosas, yo solo me concentré en “declarar su amor a la chica que le gusta” —Entonces te gusto —digo juguetona, siguiéndole el juego de los adolescente

