Astrid Meyer
Torre De Luca
- Bienvenidos sean a Empresas De Luca, ¿En que puedo ayudarlos? – pregunta una chica muy bonita y con un uniforme de oficina que le queda a la medida, ella nos mira con superioridad, tal vez porque todos vestimos ropa demasiado casual, sin embargo, eso no le da derecho a mirarnos como si no valiéramos un centavo, ¿Esta que se cree?
- Asuntos del jefe, hazte a un lado – habla uno de los hombres que nos acompañan, él es aún más grosero, me doy cuenta de que probablemente es así siempre, pues la chica baja la mirada y nos deja pasar, como una perrita asustada
- ¿Dónde estamos mami? – pregunta mi hijo halando de mi manga
- En nuestro nuevo hogar por un tiempo pequeñito – le respondo mirándolo a los ojos, él sonríe como si le hubieran dado un dulce en navidad
- Es muy bonito aquí, ¿Nos quedaremos mucho tiempo?
- Solo lo necesario hijo – le digo abrazándolo de lado, los hombres que cargan nuestras maletas llegan a un elevador y lo abren para nosotros, subimos en el y marcan el último piso, pasan algunos minutos antes de que las puertas se abran nuevamente
Nos recibe un enorme y bello pasillo, no hay puertas a la vista, solo un par de plantas muy bonitas, los hombres salen del elevador y nosotros los seguimos, ayudo a mi abuelo que ya luce un poco agitado, caminamos por el pasillo hasta llegar a una enorme y bella puerta negra con detalles dorados que parecen de oro
El hombre que regaño a la chica de la entrada pasa una tarjeta por el seguro de la puerta y esta se abre dejando ver un enorme recibidor muy lujoso, hay muebles modernos y tapetes preciosos, al fondo un enorme ventanal desde donde se puede observar toda la ciudad
A la derecha un pasillo que conduce a la cocina, un par de puertas que no se a donde llevan y un enorme cuadro con la fotografía de Luciano en lo que parece ser una premiación, giro al otro lado y veo unas escaleras en forma de caracol que supongo dan acceso a habitaciones o un despacho, debajo de estas otro pasillo y una puerta mas
Todo aquí es tan lujoso y deslumbrante que me siento como si estuviera en un sueño, uno muy caro, mis abuelos y mi hijo están igual que yo, anonadados
- Sean bienvenidos a su nuevo hogar – aparece el hombre mayor que fue a mi casa, me parece que su nombre es Alfonso
- Gra-gracias – digo torpemente, el señor me sonríe dulcemente y se acerca a nosotros
- Acompáñenme a sus habitaciones por favor – dice amablemente y camina rumbo a las escaleras, nosotros lo seguimos – esta es la habitación de los señores, supuse que estarían más cómodos si no tienen que subir y bajar escaleras – dice abriendo la puerta que esta a un lado del pasillo
Al entrar casi me atraganto con mi propia saliva, es una habitación enorme y muy, pero muy bonita, tiene una cama suficientemente grande como para meter a cinco personas en ella en el centro del cuarto, dos buros a los lados, un armario gigante, un baño que tiene la misma dimensión que toda mi anterior casa, hay una peinadora y un pequeño escritorio, ventanas grandes, es un cuarto de ensueño
- Es el cuarto mas bonito que he visto en mi vida – dice mi abuela sorprendida
- Y es todo suyo señora, espero que se sienta cómoda – dice el señor Alfonso viéndonos muy sonriente
- ¿Cómoda? Estaré más que cómoda aquí – dice ella explorando la habitación – mira viejo, la vista de aquí es maravillosa – dice acercándose a mi abuelo
- Es impresionante – dice mi abuelo, pero noto que no esta del todo feliz, lo se porque su sonrisa no llega a sus ojos
- Ahora acompáñeme a ver su habitación y la del niño – dice Alfonso mirándome, me extraña que diga que mi hijo y yo tendremos habitaciones separadas, mas no digo nada y solo lo sigo escaleras arriba
Al subir mi boca se abre en una perfecta O, lo primero que veo es un hermosos espacio en modo recibidor lleno de cuadros famosos, flores muy bonitas y una pequeña fuente en el centro de esta, Alfonso sigue caminado por el pasillo y yo lo sigo, llegamos a la primera puerta
- Esta es la habitación del señorito Frederick – dice el abriendo la puerta, lo miro extrañada, pues yo no le he dicho como se llama mi hijo
- Mami ¿Cómo sabe él mi nombre? – tengo un hijo muy listo
- Me tome la libertad de descubrirlo por mí mismo pequeño – explica Alfonso como si fuera lo mas natural del mundo que él nos investigara
- Entiendo – dice mi hijo mirándolo muy serio, luego mira dentro de la habitación y sale corriendo al interior de esta, al seguirlo descubro porque
- Oh, no, no, no, no, y no, mi hijo no tendrá televisión en su dormitorio, no quiero que se vuelva uno de esos niños que se la pasan frente a la pantalla todo el día matando las neuronas de su cerebro – exclamo molesta, llámenme loca, exagerada y lo que se les de la gana, pero no permitiré que mi hijo crezca de esa manera
- Pero mami – dice el mirándome con los ojitos de cordero a medio morir
- No se preocupe señora, es un televisor inteligente, lo podrá conectar a su móvil y controlar desde ahí lo que su hijo mira y en los horarios que mira la televisión – explica Alfonso provocando que Frederick se emocione más aun
- Mi respuesta sigue siendo no, además no cuento con un teléfono de alta gama que me permita hacer lo que usted dice – le digo manteniéndome firme en mi negativa
- Por eso no se preocupe señora, esto es para usted – dice él dándome una bolsa que estaba sobre el buró de mi hijo, al ver lo que contiene vuelvo a negar con la cabeza, es un iPhone XR, la última versión de iPhone existente es un teléfono demasiado caro, no lo puedo aceptar
- El señor ordeno que se lo entregara, no lo puede rechazar – insiste Alfonso – ya esta sincronizado con el televisor y la mayoría de los aparatos electrónicos de la casa, eso facilitara su control sobre casi todo aquí – dice sacando el teléfono de la caja y mostrándome todas las aplicaciones que tiene, incluso mi numero de w******p sigue siendo el mismo, los millonarios si que pueden lograr cosas impresionantes
- Di que si mami, esto es muy bonito – suplica mi hijo poniendo sus manos al frente en modo de súplica, me rindo y acepto el celular, estaremos aquí por un tempo y supongo que debo obedecer al “señor”
- Ahora acompáñeme a ver su habitación – dice Alfonso saliendo del cuarto de mi hijo
- La habitación de Frederick es lo suficientemente grande como meter diez niños ahí, ¿Por qué no me quedo yo con él? – pregunto, sinceramente no quiero dormir sin mi hijo, y él nunca a dormido solo
- Usted será la esposa del señor De Luca, debe dormir con él – explica Alfonso y es ahí donde yo lo detengo, el nunca dijo nada de dormir juntos
- Un segundo, el trato que él y yo hicimos no incluía que yo durmiera con él, jamás lo menciono y yo no quiero hacerlo – protesto en medio del pasillo
- Si queremos que todos se crean que están perdidamente enamorados debe ser así señora, nadie creería que se casaron por amor si durmieran en habitaciones separadas, acompáñeme por favor – dice Alfonso como si el hecho de que dos completos desconocido duerman juntos fuera completamente normal
- Señor Alfonso – empiezo a negarme, pero él me calla inmediatamente
- Alfonso nada más, a los únicos que se les llama señor en esta casa es a los señores De Luca – explica abriendo una nueva puerta, bastante lejos de la puerta de mi hijo, de hecho, es la última perta del pasillo
- ¿Los señores? - ¿Acaso hay más?
- Su futuro esposo y suegro – explica haciendo seña de que ingrese a la habitación, me quedo estática en la entrada, este cuarto es el doble de los anteriores, hay una enorme cama en el centro, dos buros a los lados, una enorme televisión con un sillón de tres personas frente a ella, un escritorio lleno de papeles, un pequeño librero, una enorme peinadora con suficiente espacio como para guardar cajas y cajas de maquillaje y productos de belleza, un enorme ventanal con balcón, hay tres puertas que no se a donde llevan y unas gradas en forma de caracol que llevan a lo que parece ser un pequeño gimnasio personal
- Guao – es lo único que sale de mi boca
- La puerta del medio conduce al baño, la de la derecha a su armario y la de la izquierda al armario del señor, la dejare para que se instale, sus maletas las subirán en unos minutos, debo volver con el señor De Luca – Alfonso sale de la habitación antes de que pueda decir algo y me quedo completamente sola
Decido explorar un poco, primero subo al que efectivamente es un gimnasio, hay varias maquinas para ejercitarse y muchos espejos, también hay un ventanal con un enorme balcón con platas y una mesita para dos, regreso al cuarto y me dirijo al librero, la mayor cantidad de libros ahí son de negocios y economía
Camino al que se supone es mi armario y al abrir la puerta vuelvo a sorprenderme, el espacio es gigante, como si fuera una habitación extra, hay varios cajones para zapatos, percheros, un enorme espejo de cuerpo completo al fondo y un espacio para poner cosas pequeñas como ropa interior y joyas, me siento como Amelia de la película del Diario de la princesa
Salgo de ahí y me dirijo al baño, lo primero que veo es un lavamanos para dos, con cajones debajo de ellos, espejos y espacio suficiente como para que dos personas tengan sus propias cosas y no se mezclen con las del otro, lo que en realidad me encanta, pues no quiero tener que compartir tantas cosas con el sujeto
Luego esta el inodoro y un estante lleno de toallas y batas de baño, hay un lindo tapete que adorna el piso, la ducha es bastante linda, como una cabina para no salpicar nada afuera, hay un estante donde están varios productos para el cabello y cuerpo, obviamente son de Luciano, pero hay espacio para que yo ponga mis cosas, junto a la ducha hay una tina, es blanca igual que las paredes, con acabaos en dorado y el fondo de la tina, al igual que el piso es de color negro
Salgo del cuarto de baño y regreso a la cama, es enorme, tranquilamente podría poner una barrera entre Luciano y yo cada noche, así me sentiré más cómoda y segura
- Mami, mami, adivina, tengo un armario muy grande y un baño con piscina, es muy divertido, además tengo un trampolín y muchos juguetes – dice mi hijo entrando muy emocionado y saltando como un loco
- ¿Estas contento? – le pregunto con una sonrisa
- Mucho mami, me gusta mucho aquí – dice él abrazándome - Gracias por traernos aquí
- Todo lo que hago, lo hago por ti y tu bienestar hijo, ¿Lo sabes no? – le digo abrazándolo muy fuerte, porque es la verdad, yo haría lo fuera por y para él, es lo mejor y mas bonito que la vida me ha dado
- Permiso señora, trajimos su equipaje – habla una mujer algo mayor, detrás de ella hay dos chicas más, todas portan uniforme de servicio
- Muchas gracias, pueden dejarlo ahí, yo lo acomodare – digo sonriendo para que dejen mis cosas en el suelo y se marchen
- El señor nos mataría si se entera – comenta la mujer mayor – solo díganos donde quiere sus cosas y nosotros lo haremos – termia
- El señor no está, y realmente quiero hacerlo sola – les digo firme – pueden estar tranquilas, él jamás se enterará, será nuestro secreto – les digo esperando convencerlas
- Al menos permita que yo la ayude, para que las chicas ordenen las cosas de su hijo – habla nuevamente
- Esta bien…
- Bianca, señora, mi nombre es Bianca – dice ella leyéndome la mente
- De acuerdo Bianca, entonces ayúdame a desempacar – digo tomando mi maleta más grande
- Con gusto señora – dice sonriendo – vayan al cuarto del niño, iré en unos minutos – les ordena a las muchachas, se ve que la respetan mucho
- Si señorita Bianca – dicen ellas al unisonó y salen de la habitación junto con mi hijo
- Bien, empecemos por la ropa – le digo abriendo mi maleta, Bianca resulto ser una mujer muy agradable, es como la nana de Luciano, lo vio crecer y dice que no estuvo de acuerdo con la manera de proceder de él, pero que al final lo acepto cando supo que habría un niño en casa
Ella no tiene hijos, no pudo tenerlos porque trabaja para los De Luca desde muy joven, pasamos un rato entretenido ordenando mi ropa y pertenecías en la habitación de Luciano, que ahora será mía también, al menos por un tiempo
El resto de la tarde la paso explorando la casa, charlando con mis abuelos y Bianca, también le doy la receta y horarios de medicamentos de mi abuelo, por si llego a no estar en casa, que ella me ayude dándole su medicina a la hora correcta
No hay señales de Luciano o Alfonso en la cena, lo cual no es un problema para mí, de hecho, si no tengo que verlo en todo el tiempo que este aquí sería un gran premio
Después de la cena me despedí de mis abuelos y subí al cuarto de mi hijo para darle las buenas noches y arroparlo como siempre, le dije que tenia permiso de ver la televisión durante media hora, no más, y luego fui a mi nueva habitación, tomo una relajante ducha y me puse mi pijama que consta de un buso holgado y un pantalón largo
Al dar las diez de la noche verifico que la televisión de mi hijo este apagada por medio de la aplicación en mi celular, contesto algunos mensajes de mis amigos y decido dormir, Luciano no ha llegado y por eso no pongo ninguna barrera en la cama, solo me recuesto y caigo en los brazos de Morfeo
…
- No quiero verte nunca más, lárgate
- Karl por favor…
Despierto sudorosa y agitada, otra vez la maldita pesadilla, no entiendo porque no me dejan en paz, no he sabido nada de Karl en mas de seis años, pero sus recuerdos y palabras aún me atormentan en mis sueños
Salgo de la cama para ir directamente al baño cuando noto que la cama esta deshecha del lado contrario al que yo dormí, Luciano llego a noche, pero se quedo en su lado, tomo mi celular y veo la hora, son las cinco de la mañana, es muy temprano, creo que dormiré otro rato y luego me levanto a tomar mi ducha
Estoy por volver a acostarme cuando la puerta del baños se abre, por ella sale un Luciano recién bañado con una toalla envuelta en su cadera, dejando ver la sexy V que se forma al inicio de sus caderas, su abdomen bien trabajado, ahora sé que el gimnasio de arriba no esta de adorno, su cuerpo es realmente perfecto y las gotas de agua que resbalan sobre él lo hacen ver aún más deseable, demonios, no había visto a un hombre como él en toda mi existencia
Su cabello mojado cae a los lados de su cara haciéndolo lucir mas joven y relajado, este hombre es un pecado andante, me doy cuenta de que lo estoy viendo descaradamente, pero no puedo dejar de hacerlo, él lo nota y me lanza una toalla a la cara
- ¿Por qué demonios hiciste eso? – pregunto molesta
- Para la saliva, deberías agradecérmelo, casi empapas tu blusa – dice el en medio de una risa arrogante y caminando a su armario, pero ¿Este que se cree? ¿Tom Hiddleston o algo así?
- Ni en tus mejores sueños babearía por ti – digo metiéndome en la cama nuevamente
- En mis mejores sueños estas tú, desnuda, debajo de mi cuerpo y gimiendo mi nombre – dice mirándome intensamente, demonios, sus palabras causan calor en mi cuerpo, pero no dejare que el note que me afecta
- ¡Ja! Pues si que sueñas mucho – le digo ignorando todo lo que sus palabras causaron en mi
- Di lo que quieras niña, pero tu y yo sabemos perfectamente que quieres que te de la mejor noche de tu vida – dice escogiendo un traje de entre todos los que posee
- ¿Siempre eres así de directo e idiota? – pregunto algo asustada
- Si – es su única respuesta
- Dios, ¿Cómo voy a soportarte tanto tiempo? – digo más para mí que para él, pero igual me escucha
- Como mejor puedas hacerlo querida, por ahora, ¿Por qué no traes tu lindo trasero aquí y me ayudas a escoger el color de la corbata que usare en la junta de hoy? – pregunta sin mirarme
- ¿Por qué debería hacerlo?
- Porque serás mi esposa y hay tareas que una esposa debe cumplir para con su esposo – suelta como si fuera obvio, y aunque en una relación normal eso es obvio, nosotros no tenemos una relación normal, es más, no tenemos una relación
- Aún no soy tu esposa - aclaro
- Eso se resolverá pronto, por ahora ven aquí y escoge un color – dice algo cansado de mis excusas sosas para no levantarme y estar cerca de él, me levanto de la cama y voy hacia él, miro el traje que ha escogido y tomo una corbata azul marino con detalles blancos, me giro para entregársela, pero me sorprendo cuando al darme la vuelta él esta frente a mí, cerca, muy cerca de mi
- Buena elección de colores – dice mirando mis labios, inconscientemente hago lo mismo que él y remojo mis labios, de pronto quiero saber a que saben sus besos, quiero que él me bese, pero borro esos pensamientos inmediatamente de mi cabeza y trato de poner distancia entre nosotros
- Ahí tienes tu corbata, volveré a la cama – digo para que me deje pasar
- ¿Por qué huyes de mí? ¿Acaso te afecta mi cercanía? – pregunta acercándose aún más a mí, me tiene prácticamente presa entre el estante de corbatas y su cuerpo
- No huyo de ti, solo quiero volver a la cama – digo con la voz no tan firme como hubiese querido - y tu no provocas nada en mi
- Entonces ¿te gusta lo que sientes cundo te toco así? – pregunta pasando su brazos por mi cintura obligándome a poner mis manos en sus hombros desnudos, maldición, debo salir de aquí, pero las palabras no se forman en m cerebro, mucho menos puedo dejarlas salir
- Yo…
- Shhh, no digas nada, a mí también me gusta esto, pero estoy seguro de que me gustara más lo que hare ahora – dice mirándome y acercando su rostro al mío, no tengo tiempo de procesar sus palabras cuando su boca ataca a la mía, no es un beso dulce ni romántico, es un beso rudo, demandante y me cuesta seguirlo, pero lo logro
Nuestros labios se mueven al compás del otro, su lengua explora mi boca y sus manos descienden a mis caderas, en menos de dos minutos dejo de tocar el suelo para estar apoyada sobre la cajonera, con él en medio de mis piernas y sus manos explorando bajo mi pijama…
¿Qué es lo que estoy haciendo?