La crueldad de un mundo indiferente nunca ha sido una sorpresa para los seres que lo habitan, como si de un juego de azar se tratase, la vida no se detiene y largos e incontables hilos emergen uno tras otro a cada segundo en la gigantesca manta que llaman realidad.
Pocos son los que comprenden que las semillas del mundo no son más que elementos fortuitos creados para satisfacer la curiosidad de uno de los grandes seres que dieron inicio a la existencia propiamente dicha.
Con la parsimonia de dos planetas alejándose uno de otro, una indiferente dama separaba perezosamente sus parpados para dar fin a varios milenios de letargo. Sus profundas reflexiones se habían interrumpido junto con sus sueños, una entidad cuyo único propósito era dormitar y brindar descanso a los seres cansados que habían llegado al final de sus respetivos caminos, finalmente había abierto sus ojos.
Muchas culturas podrían interpretar su despertar como el inicio de la calamidad y otras lo celebrarían con fervor, como un motivo de júbilo sin igual. Cualquiera que fuera el caso, su despertar solo significaba que un irreversible cambio daría inicio.
A su alrededor no había nada más que una profunda oscuridad, infinita e inmisericorde; un vacío sin fin que lo devoraba todo. Axervia Krom había despertado, si bien, a su alrededor no había más que oscuridad, lo que reflejaban sus ojos estaba lejos de ser una vista lúgubre.
Una infinidad de realidades derivadas unas de otras se veían reflejadas en sus pupilas, así como ciertos fenómenos físicos solo pueden observarse desde la lente de un microscopio, los ojos de Axervia reflejaban el universo en todo su esplendor.
—“Veo que has despertado.” Quien perturbaba el sueño de aquella peligrosa entidad, no era otra que la única entidad que ella podría reconocer como un igual “¿Cuánto tiempo planeas dormir Axervia?”
Frente a ella levitaba en un espacio completamente vacío una esfera de color oro, la única luz capaz de perturbar su descanso estaba justo frente a ella.
—“¿Cuál puede ser el motivo que te impulsa a tentar a tu suerte de esta forma Solaris?” Axervia estaba molesta, su sueño no solo había sido perturbado, por encima de eso, tenía que lidiar con una desagradable entidad que prefería no volver a ver en lo que le quedara de existencia. “Deberías saber que no eres bienvenido en mi dominio.”
No era de extrañar que Axervia despreciara la entidad frente a ella. Después de todo, Solaris era quien había roto el único gran tabú, se había atrevido a tocarla.
En el inicio de todo, existían dos gigantescas entidades que flotaban una junto a la otra en la inmensidad del vacío, hasta que una de ellas, en el afán de satisfacer su infinita curiosidad tocó a la otra.
Un simple toque, fue como dar una mordida a la manzana prohibida. A raíz de ese simple toque, un gigantesco estallido dio vida una tercera entidad, el tiempo y junto con ella, se generó el universo.
Un gigantesco patio de juegos para una de esas dos entidades se había generado de manera fortuita; un patio de juegos que ya de paso, salvó la vida de Solaris en su momento. El universo que se había generado separaba ambas entidades mientras se expandía, lo que le impedía a Axervia devorar a Solaris.
El problema era que ella no era el tipo de entidad que devoraría toda la existencia por un simple arrebato de ira, por el contrario. La peligrosa entidad era extremadamente pacifica, al punto que su sueño era prácticamente perpetuo.
Axervia jamás devoraría a su hija y la prueba de su descuido solo para matar a Solaris, por eso ella había elegido mantener el estatus quo y sencillamente esperar que el universo terminara de expandirse. Cuando el tiempo dejara de correr en el universo, ella lo devoraría para brindarle la paz del descanso eterno a su amada hija.
Lo que para Solaris era un increíble patio de juegos para satisfacer su infinita curiosidad, para Axervia era un peso en sus hombros por el que solo podía sentir lastima. Al final, de una forma o de otra, ella sería la responsable de cuidar de todas y cada una de esas pobres almas que solo deseaban existir en paz. Ese era el motivo por el que odiaba a Solaris, pero ya que matarlo implicaba la infelicidad de muchas de las criaturas que habitaban el universo, había elegido no hacerlo y esperar el momento correcto.
“Vamos, no seas tan fría conmigo.” La esfera dorada tentaba a su suerte al provocar a una nada cordial dama que acaba de despertar. “He venido a ofrecerle algo de entretenimiento a esa aburrida existencia tuya.”
—“Si lo que buscas es entretenerme, ¿por qué no pruebas el s******o? Eso definitivamente me hará feliz.” Ella no quería formar parte del teatro de Solaris y menos intervenir en el mundo de los mortales, quienes estaban bien como estaban.
—“Jajaja, veo con alegría que no has perdido tu sentido del humor.” La esfera dorada actuaba como si fuesen viejos amigos, mientras levitaba de un lado a otro con lo que parecía ser alegría.
En respuesta a las molestas acciones de la esfera dorada, suspiró con pesadez. Ella no tenía pulmones ni nada que se le pareciera, podría tenerlos si así lo deseara. Sin embargo, no era algo que quisiera o necesitara, por lo que simplemente simuló la acción.
—“Si lo único que has venido a hacer es perturbar mi sueño, te sugiero que te retires antes de que mi paciencia se agote.” Si tuviera rostro o expresiones, su expresión hubiese cambiado de somnolienta a amenazante.
—“Entiendo, entiendo, ¿de acuerdo? No hace falta ponernos sensibles.” Solaris se alejó lo más que pudo mientras aún tenía oportunidad.
—“Preguntaré por última vez ¿Qué te trae a mí dominio?” En esta ocasión la hostilidad era fácilmente discernible en el tono, su paciencia se había agotado y no estaba dispuesta a tolerar nada más.
—“He venido a solicitarte que crees una nueva semilla para la realidad que observo actualmente.” Solaris finalmente había revelado el propósito de su visita. Inicialmente planeaba mejorar el estado de animo de Axervia tanto como fuera posible para que las probabilidades de que aceptara su propuesta aumentaran. Sin embargo, su pensamiento fue ingenuo y sus acciones terminaros siendo contraproducentes.
—“¿Semilla? ¿Te refieres a las semillas que creas constantemente para ver su desarrollo?” Axervia no tenía interés en tales actos sin sentido, por lo que sencillamente decidió volver a cerrar los ojos.
—“¡Espera! Prometo que, si lo haces, dejaré de crear semillas hasta que la expansión del universo termine.” Tenía motivos ocultos, pero al no haber otra forma de convencer a una indiferente Axervia, no tuvo más opción que recurrir a su jugada ganadora.
—“Te escucho.” Eso era todo, su jugada ganadora realmente había tenido efecto.
—“¡Maravilloso! Como dije antes, debes crear una semilla con las especificaciones que prefieras y liberarla en la realidad que observo actualmente.” Estaba eufórico por la expectación, lo que había conseguido era tan improbable como que los objetos dentro del universo dejaran de caer repentinamente.
—¿Cuál es la condición que decidirá al ganador? Una pregunta natural, ya que Axervia no tenía interés en el desarrollo de la semilla, ella simplemente deseaba que ese demente dejara de jugar a crear nuevas vidas que estarían condenadas al sufrimiento.
—“Sobre eso…” Solaris empezó a explicar las condiciones de victoria, mientras su contraparte escuchaba atentamente las condiciones impuestas.
—“Muy bien, participaré en tu pequeño juego, pero no olvides tu promesa. De lo contrario, en esta ocasión no habrá nada que te pueda salvar de mi ira.” Axervia volvió a abrir los ojos y siguió a solaría hacia el lugar donde crearía su primera semilla.
Lo cierto era que, Solaris se había hartado de crear semillas cuyo resultado, más o menos podía predecir de antemano. Fue por ese motivo que había optado por pedirle a su contraparte que creara una semilla sobre la que él no tuviera ningún control o conocimiento, no había mejor experimento para saciar su curiosidad, él deseaba desesperadamente saber cómo interactuaría la Semilla que Axervia crearía con las semillas que él había creado previamente.
—“Ahora que lo pienso… ¿Cómo se llama la realidad que observas actualmente? “Preguntó de manera casual.
—“El nombre de esa tierra es Tartária, la tierra que habitan los titanes.” El tono de la esfera dorada sonaba orgulloso e imponente cuando reveló el nombre de la realidad que observaba.
—“Ya veo, así que ese es el nombre de la realidad que observas actualmente.” Dijo con un claro tono de aburrimiento. “Entonces, ¿simplemente debo crear una semilla?”
—“Antes de que crees esta nueva semilla, déjame darte un consejo Axervia.”
—¿Qué consejo?
—“Trata de no crear esa semilla a tu imagen y semejanza.”
—“¿Por qué? Eso sería lo menos problemático, ¿no?”
—“No te diré como hacer tu semilla. Sin embargo, eso fue lo primero que hice yo y esos seres fueron condenados por el regalo que les di.”
—“¿A qué te refieres con condenados?”
—“No, olvídalo. Pensándolo mejor, simplemente has lo que desees, ya que prefiero no intuir el resultado de la semilla que crearas.”
Axervia se molestó por la afirmación, ya que implicaba que ella no solo era predecible, sino que también implicaba que estaba haciendo exactamente lo que Solaris deseaba. Con eso en mente, Axervia hizo algo que ni el mismo Solaris hubiese podido prever.
—“Si lo que quieres es jugar; juguemos.” Pensó Axervia.
Y antes de crear su semilla hizo algo que Solaris no esperaba, usando sus ojos empezó a observar una realidad tras otra hasta encontrar un alma que se ajustara a lo que ella deseaba y cuando finalmente la encontró, le otorgó un regalo.
Es probable que el momento en que Axervia encontró aquella alma, fuese la primera vez en toda la historia de la existencia en la que ella sonreía de forma genuina.
—“Tú serás el primer hijo que realmente deseo tener.” Le dijo cariñosamente a la delicada alma que flotaba en sus gigantescas garras. “Ahora, despierta hijo mío y acaba con esta locura.”