La libertad también es una jaula

1971 Words
Han pasado tres días desde que dejamos la ciudad fronteriza Grath y ahora tenemos tres compañeros de viaje más. Primero está Shiba, quien es una mujer bestia que pertenece a la especie de los Rakasha y según lo que me ha contado, antes habitaba en la región occidental de la planicie Izgra. Es decir, entre el límite de la planicie Izgra y la cadena montañosa Muria en un pequeño asentamiento. Shiba es una esclava de combate de primer nivel, ya que ella posee habilidades físicas y marciales que muchos envidiarían. En cuanto a su apariencia, ella tiene el rostro y el torso de una humana, tienen unas manos y pies que son muy interesantes debido que son una extraña combinación entre las extremidades humanas y las de un felino, tiene unas afiladas garras que no siempre son visibles, su pelaje es de un hermoso color blanco con algunas manchas dándole la apariencia de un leopardo de las nieves y sus ojos son de un profundo verde esmeralda que te hipnotiza si los ves por un tiempo demasiado prolongado. Para continuar, tenemos a Artia cuya especie se llama “Arpía de plata” y al parecer su especie habita en la cima de la cadena montañosa Muria. Similar a Shiba, su rostro y torso son muy similares a los de un humano, pero sus patas y manos son como las de un ave de presa. Tienen unas bonitas plumas plateadas en su cabeza que dan la ilusión de ser cabello, su cuerpo es muy delgado y su plumaje es de un tuno plateado muy bonito con algunas plumas doradas aquí y allá. Por último, tenemos al integrante más reciente del grupo, cuyo nombre es Mox, él es alguien de nuestro pueblo que, tras un trágico evento, terminó peleando en las batallas del coliseo. Su cuerpo está completamente cubierto por vendajes que sumados a su desnutrición le dan la apariencia de una momia. Dejando a nuestros nuevos acompañantes de lado por un momento, el paisaje que nos rodea simplemente te quita el aliento, a la distancia pueden verse unas hermosas montañas nevadas y los alrededores están atestados de flores y plantas que no puedo reconocer, lo que más llama mi atención es que algunas plantas parecen tener propiedades bioluminiscentes y esas plantas hacen del paisaje algo realmente digno de una sonata escrita por un poeta. —Maestro, ¿a dónde deberíamos ir primero-Mia?—quien me habla es Shiba, la mujer leopardo que en ocasiones tiene algunos problemas para hablar. Digo esto, porque cuando está en una situación de estrés emocional suele llamarme “Miaestro” y no solo eso, le cuesta pronunciar palabras que lleven la letra “M”. —¿Por qué lo preguntas?—al inicio pensé que todo estaba decidido desde que dejamos el imperio, pero parece que eso no era más que una suposición mía. —Lo que sucede es que ahora tenemos dos nuevos acompañantes y me preguntaba si el plan seguía siendo el mismo-Mia— preguntó con algo de recelo. —Lo que dices es cierto…—al darme cuenta que no había preguntado al resto lo que deseaban hacer empecé a sentir algo de culpa en mi corazón —Artia—dije el nombre de la arpía que nos acompaña —¿Tu planeas acompañarnos hasta nuestro hogar o te dirigirás directamente a tu poblado? —¡¿Eh?!—la arpía quedó completamente aturdida ante la pregunta —¿Acaso se me permite volver a mi hogar?—dijo mientras me observa fijamente. —Sé que eres mi esclava, pero no tengo planes de obligarte a nada, puedes regresar a tu hogar con libertad incluso si eres mi esclava—dije para dejarle claro que incluso si un sello de esclavitud no se puede remover, eso no implica que ella ha perdido su libertad por completo —Por ese motivo, si lo que deseas es volver a tu hogar, no te detendré y tampoco te buscaré, eres libre de tener la vida que desees—ante mi declaración Artia se quedó completamente inmóvil y tapa su boca usando las plumas en antebrazos o alas en este caso. —M-maestro…— dijo mientras su voz empieza a quebrarse a medida que continúa hablando —¿De verdad me dejará en libertad? —Hablo en serio—dije asegurándome de ser lo más claro posible —Incluso puedes levantar vuelo en este momento y regresar a tu hogar si es lo que deseas. —Pero…—ella probablemente duda de mis palabras, así que bajé de mi caballo y me acerqué a ella. Cuidadosamente removí sus manos de las riendas del caballo asegurándome de no cortarme con sus afiladas garras. —Baja del caballo, por favor—solicité —Lamento no poder ayudarte a bajar, pero mi estura es… tu sabes… aquello…—me costaba admitir que al ser un niño realmente soy bastante bajito en comparación a Artia. Ella bajó obedientemente del caballo y me observó con recelo, su mirada es algo desconfiada y sus acciones son tímidas. —Entiendo que esto es algo difícil de asimilar, sobre todo cuando es tan repentino. Sin embargo, mientras seas mi esclava eres libre de hacer lo que quieras, porque no planeo ordenarte nada. Es por eso que puedes simplemente volver a casa si es lo que deseas Artia—expliqué cuidadosamente —Lo mismo aplica para ti Shiba, ahora que tenemos a Mox ya no necesitamos un guía, por lo que también puedes irte si gustas. —Mi pueblo está cerca del suyo-Mia—dijo tranquilamente —Cumpliré mi promesa de protegerlos miaestro—el que su forma de hablar se distorsionara un poco es muestra de que ella no está nada tranquila, aunque aparente lo contrario. —Ya veo, gracias Shiba— Fui sincero en mi agradecimiento, porque no hay nada más reconfortante que tener la protección de Shiba en nuestro viaje. —No necesita agradecerme nada miastro, usted me ha liberado de esa horrible vida y es lo mínimo que puedo hacer para pagarle por ello-Mia. —Yo no hice nada…—respondí con incomodidad —Bueno, ¿tú qué harás Artia? —Las montañas en las que vivo también están en la misma dirección, así que los acompañaré. —Pero tú puedes volar, ¿no? Llegarías más rápido si sencillamente vas volando. —Pero…—Su actitud es vacilante y recelosa por algún motivo. —¿Piensas que quiero usarte para lastimar a tu pueblo de alguna manera?—pregunté de manera tentativa. —¿Eh? ¿Puede leer mentes? —No exactamente, simplemente pensé que ese era el caso—dije sin cuidado —Si eso te preocupa, ¿por qué no intentas golpearme? —No puedo hacer eso, el sello de esclavitud me matará si lo ataco. —¡Adelante Artia! ¡Golpéalo fuerte!—parece que a Gresia le gusta la idea de verme sufrir, por lo que es claro que sigue enfadada por lo que sucedió en el coliseo. Artia extendió su mano hacia mi hombro y en lugar de golpearme, ella clavó una de sus garras ligeramente en mi hombro. Debo añadir, que cuando digo ligero es un término relativo, esas garras perforaron mi carne con facilidad e hicieron un daño considerable con ese cuidadoso gesto. —¡Uhg!—inmediatamente después sujete mi hombro el cual ha empezado a sangrar tras recibir un daño considerable. —No pasa nada…—dijo con incredulidad mientras sigue perforando mi carne con su garra —Esto no puede ser… ¿realmente soy libre de lastimar a mi maestro? —¡Ahhh!—lo que antes fue un grito ahogado se convirtió en un grito de agonía, mientras Artia hundía sus garras más y más en mi hombro. Cuando repentinamente Artia levantó su otra mano plagada de garras sin previo aviso. —¡Miaestro!—Shiba rápidamente alejó a la arpía de mi usando sus garras —¡¿Qué pasa contigo-Mia?! —¡¿Por qué hiciste eso?!—Reclamó Gresias quien rápidamente bajó de su caballo y se dirigió a mí. Como no podía ser de otra forma, caí sobre mis rodillas sujetando mi hombro para detener el sangrado en el preciso instante en que Shiba se interpuso entre mi nosotros. —Lo sabes, ¿no es así? Esta es una oportunidad única que nunca se repetirá, la oportunidad de ser completamente libre—dijo la arpía mientras se prepara para atacarme. —¿De qué hablas?—pregunté mientras sostengo mi hombro lastimado. —La propiedad de un esclavo se puede trasferir cuando una persona mata al maestro de un esclavo-Mia—explicó —es por eso que esta arpía quiere matarlo. Lo que Shiba decía es que si la propiedad de un esclavo se transfiere a quien mata al amo original, la forma de liberar a un esclavo es que el esclavo mate a su amo y esa propiedad sea transferido de vuelta a él. Es decir que, si el esclavo mata a su amo, volverá a ser propietario de su libre albedrio. ¿Eso no significa que la forma de liberar a un esclavo es simplemente usar esos orbes para transferirle ese derecho al esclavo en lugar de a un maestro? Afortunadamente, aún tengo en mi poder el orbe de esclavitud de Artia, por lo que puedo probar esta teoría. —Espera—dije mientras sacó uno de los tres orbes que tengo en mi poder —Esto puede solucionarse si sencillamente te transfiero tu propiedad de vuelta, ¿no? —Lo siento, pero eso no funcionara miaestro— respondió Shiba —En el pasado tuve la oportunidad de ver algo así. Y me temo que la única manera de conseguir la libertad es obtener el estado de [Reconocido por el mundo] de vuelta y la única forma de lograr algo así es asesinando a tu amo-Mia. —No puede ser…—me quedé completamente sin ideas. —¡Muévete!—exigió Artia y arremetió contra mí. En este punto debo decir que aquel poder que obtuve en la arena del coliseo salvó mi vida, ya que, sin ese aumento en mi fuerza y velocidad, con seguridad Artia me hubiese degollado en ese momento. Gracias a ese considerable aumento en mi fuerza y velocidad fui capaz no solo de esquivar el ataque de Artia, sino que fui capaz de contratacar. —[Devorador de almas]—Activé mi habilidad racial pronunciando la palabra de activación en mis pensamientos y toqué ligeramente el costado de Artia, cuyas garras pasaron a escasos milímetros de mi cuello e inmediatamente despues ella emitió un grito desgarrador. —¡Aaaaaah!—ella cayó unos metros más adelante tras recibir el efecto de mi habilidad. Todavía no sé exactamente cuál es el efecto de esta habilidad, pero supongo que drena la fuerza vital de una criatura paulatinamente y esa pérdida repentina de fuerza es lo que hace que las criaturas reaccionen como si tuvieran un estado severo de cansancio. —Tranquilízate Artia—esa fue la primera vez que le ordene algo a uno de los esclavos que tengo y en respuesta el sello en el abdomen de Artia empezó a brillar. Artia mostro signos de tener un dolor espantoso, hasta que finalmente se calmó y se quedó de rodillas en el lugar en el que había caído. Sin perder un solo segundo me acerqué a ella para poder hablar en una situación un poco más tranquila. Todavía sostengo mi hombro para detener el sangrado, pero en este momento eso tiene que esperar un poco y aunque empiezo a marearme por la pérdida de sangre Artia es más importante. —Artia, pienso que… No pude decir más que eso antes que de que Artia emprendiera vuelo y se perdiera entre el firmamento.    
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