En ocasiones no hay nada más cruel que la ironía de la vida. Pensar que la respuesta a mis suplicas vendría de la persona que actualmente sostiene las llaves de mi jaula es un tanto, no solo inesperado, sino complicado.
¿Qué debería decir o hacer? En el momento que escuché la voz que respondió a mis suplicas, instantáneamente todas las palabras que quería decir y los pensamientos que tenía abandonaron mi cabeza.
—¿Artia?—La voz que resuena en mi cabeza suena confundida y algo dubitativa —Parece que finalmente he caído en la locura…—afirmó la voz —¿Estaré delirando?—la persona que escucho en mi cabeza parece muy confundida, por lo que tímidamente hablé después de reunir el valor necesario para hablar.
—¿M-maestro…?—por supuesto mi tono de voz fue tímido e incómodo.
—¿Eh? ¿Realmente eres Artia? ¿Cómo puede hablar directamente en mi cabeza?—no tengo forma de saber qué tipo de reacción tiene el maestro Raigar en este momento, pero por su actitud debe estar increíblemente desconcertado.
—Pues yo…—incluso si quería decir algo, no tenía idea de cómo iniciar una conversación; no después de lo que había pasado.
—Bueno, dejemos eso de lado por ahora—dijo con un tono jovial —¿Lograste llegar a tu pueblo?
No podía entenderlo ¿Cómo podía hablarme de manera tan casual? Soy la persona que intentó matarlo hace no más de un día. Sin embargo, este niño aún se preocupaba por mis sircustancias.
—Pues… logré llegar…
—¡Oh! Eso es genial, me alegro por ti Artia—su tono es extremadamente sincero cuando lo escucho alegrarse de que haya llegado con bien a mi destino.
—¿Acaso no está enojado por lo que hice?—pregunté porque no podía aguantar más la incertidumbre. No podía entender cómo alguien podría hablar de forma tan casual con alguien que lo había traicionado.
—¿De qué hablas?—Su tono genuinamente confundido me saco de mis cabales.
—¡Yo lo traicioné! ¡Intente matarlo! ¡¿Cómo puede ser capaz de hablarme de forma tan casual?!
—¡Ahhhh! ¡Mi cabeza! No hace falta gritar, ¿sabes?—dijo con algo de molestia —Te escucho perfectamente—emitió un pequeño suspiro antes de continuar —Si te preocupa lo que hiciste, no intentes matarme nuevamente, ¿de acuerdo? Ayer no pude dormir, ya que temía que repentinamente cayeras del cielo y perforaras mi cráneo con tus garras. No es un recuerdo placentero para que lo sepas.
—…—me quedé sin palabras. La manera en que me habla es tan natural que si alguien me dijera que estoy hablando con una persona que intenté matar no le creería. Me sentía estúpida por preocuparme de lo que pensaría o diría, de hecho, es tan surreal que perfectamente podría estar soñando.
—¿Artia?
—Maestro, yo…—cuando intenté explicar mi situación mi voz se quebró involuntariamente y no fui capaz de transmitir lo que quería.
—¿Acaso pasó algo malo en tu pueblo?
—M-mi… mi pueblo ya no existe más, cuando llegué no encontré más que ruinas—finalmente fui capaz de sacar de mi pecho una ínfima parte de los sentimientos que alberga mi corazón.
—Uhm… eso es algo…—pareció querer decir algo, pero se detuvo a medio camino.
—No tengo un lugar al que volver, todo lo que quería y amaba se ha perdido; me he quedado sola—dije mientras abrazo con fuerza la muñeca de trapo que tengo en las manos. No podía soportar más la angustia, necesitaba que alguien me extendiera una mano amiga o me culpara de lo que había sucedido, lo que fuera.
—Bueno, es probable que el futuro sea exiliado de mi pueblo y cuando ese momento llegué también me quedaré solo…—respondió con tranquilidad e indiferencia a mis lamentos —Por ese motivo, si estás bien con ello podemos viajar por este basto mundo y así no estaremos solos, ¿qué dices? Aunque pensándolo mejor, puede ser que esta conversación no sea más que un delirio y necesite tratamiento…
—¿Me está diciendo que no le importaría tener la compañía de alguien que intentó matarlo?
—Sinceramente no me gusta la idea de que tus garras vuelvan a perforar mi piel…—su actitud es dubitativa —¡Que sepas que tu garra llegó al hueso! La próxima vez que intentes matarme, apunta a un lugar que no cause tanto dolor, como al cráneo o la columna tampoco estaría mal…—¿Qué clase de extraña queja era esa? No estaba molesto porque intentara matarlo; estaba molesto porque le había causado dolor… —Uhum–se aclaró la garganta, probablemente para tranquilizarse —Sinceramente, no me importa que intentes matarme en el futuro, si piensas de corazón que es algo necesario para vivir. Por otra parte, si atacas a las personas que quiero, no dudaré un solo segundo en acabar con tu vida de la manera más cruel que pueda concebir en ese momento —La diferencia en su tono cuando dijo esa última parte es extremadamente fría e intimidante —Si estás bien con eso, yo estoy bien incluso si intentas matarme en el futuro por la razón que sea—volvió a su habitual tono de voz distraído.
—Maestro… ¿puede ser que usted es masoquista?
—¡¿Qué?! ¡Claro que no! En este punto deberías saber que odio el dolor más que cualquier otra cosa.
—Lo digo porque no le importa tener a su lado a una criatura que podría matarlo…
—¡Jajaja! Si eso te preocupa, no intentes matarme y problema resuelto.
—Uhm… no sé si eso funciona así…
—¿Y por qué no?
—Porque…—realmente intenté dar un argumento convincente, pero nada llegó a mi cabeza. Sinceramente, el niño tenía razón en la simplicidad de su pensamiento. Si lo que me preocupa es la relación que tendremos, es una cuestión simple de no hacer lo que tanto me preocupa.
En algún punto, incluso olvide mi tristeza. Probablemente porque aquel niño muestra tanta indiferencia a mis circunstancias que incluso hizo que yo lo olvidara.
No intentó compadecerse de mi o consolarme, simplemente tomo la noticia tal cual fue dicha y me ofreció una extraña solución.
—Bueno, ahora que hemos hablado de esto, hay algo que realmente me gustaría saber—dijo mientras parece rascar su cabeza. No puedo verlo, pero por algún motivo puedo saber que ese es el caso —¿Cómo es que puedes hablar directamente en mi cabeza? O ¿Acaso estoy enloqueciendo?
—Recibí un regalo divino y cuando lo usé contacte con usted por un motivo que desconozco.
—¿Regalo divino? ¿Hablas en serio?
—Sí.
—Entiendo… Cambiando de tema, ¿qué harás ahora que has descubierto que tu pueblo fue destruido?—lo dijo de una manera tan seca que es evidente que no le importan mis circunstancias. Aunque también existe la posibilidad de que él directamente no pueda sentir empatía por otros debido a que es un no-muerto o algo similar.
—Pues, supongo que si me lo permite… podría volver con ustedes hasta que encuentre un lugar al que llamar hogar…
—Claro que puedes venir, siempre serás bienvenida. A menos que aun quieras matarme…
—La verdad ese deseo se ha perdido, aunque aún quiero ser libre.
—Pues busquemos juntos una forma de cumplir ese deseo.
—Hay algo más que deseo preguntar, maestro.
—¿Qué es?
—¿Usted es capaz de sentir empatía o alguna emoción humana?—esta era una pregunta importante para mí. Esto determinaría nuestra relación futura y también mi rumbo de acción.
—… ¿por qué haces esa pregunta? —por primera vez su tono se volvió serio.
—Porque lo normal sería sentir empatía o lamentarse por una persona que lo ha perdido todo. Sin embargo, usted me habla como si la destrucción de mi pueblo fuese algo trivial, casi como si lo hubiese sabido de antemano.
—Supongamos por un segundo que me compadezco de ti, ¿luego qué?— dijo con un tono frio y desprovisto de emociones —Sentir pena no solucionará nada, todo lo contrario. Hará que te auto-compadezcas y seas miserable, ¿es eso lo que deseas? Dices que tu pueblo está destruido, pero eso no significa que todos hayan muerto y si inviertes el tiempo suficiente en buscar a tu gente y aprender cosas nuevas, reconstruir tu pueblo no es un sueño imposible —argumentó con molestia —Artia—dijo mi nombre con fuerza, incluso siento un extraño escalofrío cuando escucho mi nombre —Si lo que buscas es compañía, un amigo o una familia a la que volver, puedo convertirme en eso para ti. Lo que no haré es compadecerte o sentir pena por ti. Para empezar, no hay necesidad de sentir algo así por una persona que tiene toda su vida por delante y la capacidad de literalmente lograr lo que quiera.
—Maestro yo…
—No quiero escuchar excusas baratas. Metete en la cabeza que no lo has perdido todo y en su lugar, simplemente acabas de empezar. Lucha y patalea cuanto quieras para lograr tus objetos y yo te ayudaré en lo que esté a mi alcance, ¿de acuerdo?
—Sí, amo—El maestro Raigar realmente es una persona muy extraña, es difícil saber lo que pasa por su cabeza, pero lo que dijo es justamente lo que necesitaba. No lo he perdido todo, es probable que mis hermanas hayas huido y se hayan asentado en otro lugar, adicionalmente reconstruir un pueblo no es imposible.
—¿Amo? ¿Cuál amo? No ere un perro Artia, llámame Raigar—Por algún motivo el maestro Raigar parece enojado y en lugar de compadecerme terminó regañándome. Nunca en mi vida me plantee que llegaría el día en el que un niño me regañaría, pero no me siento mal en absoluto.
—Raigar.
—¿Sí? ¿Qué sucede Artia?
—¿Qué es un perro?
—¿Eh?
Lugo de eso, seguí hablando con el maestro Raigar mientras me dirijo a la ubicación en la que están tras preguntar por algunas referencias visuales para llegar.
—Talvez… solo talvez no sea tan malo ser una esclava…—Pensé mientras vuelo por el cielo y por primera vez en mucho tiempo, soy capaz de apreciar y enamorarme nuevamente de la enormidad de horizonte por recorrer.