La libertad también es una jaula (Parte 3)

1735 Words
Finalmente había llegado a mi pueblo, el lugar que tanto anhelaba ver incluso en mis sueños; el lugar que alguna vez estuvo bajo mi protección como una de las guardianas arpías. Sin embargo, cuando llegué a la zona que usamos para colocar nuestros nidos, el lugar estaba completamente abandonado. Aún se pueden ver unos cuantos nidos abandonados en el lugar, por lo que disminuí la altura a la que vuelo para revisar el lugar. Lo que encontré fue una escarpada pared montañosa repleta de nidos vacíos, lo que hizo que mi corazón se acelerara. Para mi especie no hay nada más importante que los nidos, por lo que este lugar debería estar atestado de arpías y las guardianas que se encargan de proteger a las madres. Para mi sorpresa el lugar está vacío y rápidamente me acerqué a uno de los nidos y lo revisé con la esperanza de que esta extraña situación no fuera más que un evento aislado del que no tengo conocimiento. Al revisar de cerca el nido, puedo notar que las telas, la paja y los maderos que usamos para construir nuestros nidos están en un estado de degradación muy avanzado, lo que implica que este nido fue lleva sin mantenimiento por un largo tiempo. Inmediatamente revisé otros y las circunstancias no fueron distintas, tampoco el siguiente, ni el que vino después de ese. Ni un solo nido había recibido mantenimiento en un largo tiempo. —¿Qué está pasando?—Un mal presentimiento se alojó en mi pecho e inmediatamente levanté vuelo para ir a la aldea que debería estar en la cima de la montaña. A medida que me acerco a mi destino, mi corazón se acelera y la neblina que descansa en la cima montañosa empieza a tornarse una molestia al no permitirme observar mi poblado desde donde estoy. Fue solo cuando llegue al lugar que lo descubrí, primero bajé cuidadosamente al lugar donde debería estar la entrada. —¡Hola! ¡Soy Artia, una de las guardianas Arpias!—Anuncie mi llegada en voz alta para evitar que las otras guardianas me atacaran. Sin embargo, no hubo respuesta —¿Hola?—Dije nuevamente. El mal presentimiento que tengo se agudiza a medida que me acerco al lugar y cuando finalmente me decidí a abrir la puerta del muro exterior que cubre nuestro poblado lo descubrí. La tierra está completamente abrazada, todo tiene un tono carbónico, las estructuras de madera en las que vivíamos no son más que escombros y algunas plumas aún pueden verse siendo arrastradas por el viento. Inmediatamente caí de rodillas en el sitio que estaba mientras delicadamente recojo con mi mano las cenizas a mis pies. —¿Q-qué fue lo que sucedió?—dije con incredulidad esperando que este sobrecogedor panorama no fuera más que un sueño —Mi hogar…—mis palabras se perdieron en el silencioso lugar —Mi familia… Cuando fui completamente consiente de que todo cuanto amaba se había ido, el dolor en mi pecho se intensifico. En momento como este envidio a los humanos por tener la capacidad de llorar; yo no puedo hacer algo como eso para desfogar los fuertes sentimientos que asolan mi corazón. La única alternativa que me queda es… —¡Aaaaaaaahh!—Grité mientras aprieto con fuerza las cenizas a mis pies. Mi grito de dolor fue tal que el sonido hace eco a la distancia. Quería sacar todos los sentimientos que se arremolinaban en mi interior ¿Quién había hecho esto? ¿Por qué mi pueblo de todos los lugares? Muchas preguntas se amontonaban en mi cabeza mientras gritaba con un inconsolable pesar, hasta que mi grito tuvo respuesta. —¡Gruaaaa!—un espeluznante rugido resonó por el lugar y de entre la ceniza empezó a desenterrarse un Drake. Me quedé completamente petrificada ante la visión de tan temible criatura, su cuepo está blindado pos escamas azules y rojas, es una criatura que mide más de 16 metros de largo y 4 metros de alto, con colmillos afilado y ojos amarillos. La criatura extendió sus alas al verme, y volvió a rugir poderosamente en mi dirección. —¡Gruaaaaaa! —¿Qué hace una bestia como está en este lugar? Los Drake son criaturas clasificadas en el rango C+, criaturas que solo deberían poder encontrarse en la mazmorra flotante de Malvia ¿Qué hace una bestia como esta en este lugar? Sin importar el motivo, la aparición de esta criatura fuera de la mazmorra es una calamidad en sí misma. Cuando salí de mi sorpresa, rápidamente levanté vuelo para salir del alcance de su llamarada, la cual abrazó una extensa zona antes de que la bestia satisfecha con la destrucción que había provocado aleteara poderosamente. —¡Maldición! —exclamé al ver el muro que cubría mi hogar ser parcialmente destruido por la llamarada —¡Eres un maldito!—le reclamé a una bestia que es incapaz de responderme —¡¿Fuiste tú quien destruyó mi hogar?! La bestia no se molestó en hacer caso a mis repetidas quejas y simplemente dirigió su cabeza en mi dirección mientras su pecho empieza a iluminarse de manera tenue, advirtiendo que una poderosa llamarada pronto vendría en mi dirección. Claramente la bestia no estaba dispuesta a dejar escapar a una potencial presa como yo, por lo que no me molesté en quedarme en ese sitio más tiempo y empecé a volar para huir de la peligrosa criatura, la cual emprendió vuelo para seguirme, no sin antes lanzar su aliento destructor en mi dirección. La llamarada pasó muy cerca de mi cuerpo y sin perderé tiempo me dejé caer en picada por una de las paredes de los numerosos riscos que hay las montañas Muria. Mi plan es usar la pared montañosa para impedir que la bestia me pueda perseguir a sus anchas. Entre la neblina, escucho a mi espalda la respiración y el característico aleteó del Drake mientras me persigue. Mi velocidad de caída es tal que veo afilados picos rocosos milésimas de segundo antes de esquivarlos a duras penas gracias a mis reflejos y mi agilidad en vuelo. No sé qué tan cerca está la bestia que me persigue, pero la escucho, por lo que no debería estar muy lejos de mi posición actual. Mis sentidos me dicen que el suelo está cerca incluso si no puedo verlo, por lo que extendí mis alas para detener la caída en picada y empezar a volar en línea recta usando el impulso de caída. Afortunadamente, el impulso fue suficiente para dejar atrás a mi persecutor el cual rugió con frustración entre la neblina. —¡Gruuuuuaaa! No me molesté mirar atrás, simplemente continué mi frenético escape sin detenerme, aleteando casi tan rápido como el latido de mi corazón. Pasó un largo tiempo antes de que me calmara lo suficiente como para permitirme mirar hacia atrás y descubrir que la bestia que antes me perseguía no estaba en las inmediaciones, por lo que me permití relajarme un poco y solo entonces sentí el terrible cansancio que aqueja mi cuerpo. Al ver que estaba segura, empecé a bajar la altitud a la que vuelo y fui capaz de ver algo que llamó mi atención. La aldea de los Rakasha, estaba en un estado similar a la mía. La tierra estaba quemada y lo que antes fue el asentamiento del orgulloso pueblo de los Rakasha ahora no era más que pueblo fantasma, por lo que existía la posibilidad de que esa bestia haya pasado por cada uno de los poblados cercanos buscando comida. —Probablemente no queda nadie con vida…—me dije entes de descender en las inmediaciones del pueblo destruido. Di un paseo por ese desolado poblado hasta que encontré un pequeño muñeco quemado entre los escombros el cual recogí cuidadosamente. Con la muñeca entre mis manos, los sentimientos acumulados se desbordaron y volví a caer de rodillas mientras me lamento y abrazo la muñeca. Ahora estaba claro, lo que había pasado en esta aldea; había pasado en la mía y no había nada que pudiera hacer para remediar este terrible sentimiento, ni siquiera llorar. Estaba sola, de las personas que amaba ya solo quedaba el recuerdo y no tenía un lugar al que volver. Aunque técnicamente hablando ahora soy libre, el amor por la gente que se ha ido se ha convertido en una jaula que aqueja mi corazón. —No tengo nada…—me lamente mientras presiono el muñeco contra mi pecho —Estoy sola… Ya no quedaba nada para mí en este mundo y no quiero hacer nada más que morir. Por ese motivo, acerque las afiladas garras de mi mano a mi garganta. —Si presión mi mano podre acabar con todo…—me dije —Podré acabar con este dolor que siento. Realmente intenté presionar mis garras contra mi cuello, pero no tuve el valor de hacerlo con fuerza. Mi resolución se acabó cuando el primer rastro de sangre apareció en mi cuello. —¡Vamos! ¡No seas cobarde! ¡Solo debes presionar y todo acabará! —me dije. Sin embargo, no tuve el valor de quitarme la vida. —¡Por favor!—grité a los cielos —¡Que alguien me ayude! ¡Quien sea!—suplique mientras me encojo en posición fetal —Que alguien me dé un hogar al que volver…—esa fue mi honesta suplica nacida de lo más profundo de mi sentir. —[Habilidad adquirida] una extraña voz habló en mis pensamientos, era la voz de dios, esa voz que solo te habla cuando has adquirido un regalo —[Vinculo] Con el mensaje, también llegó a mi cabeza la forma de usar ese regalo, es el mismo sentimiento de volar; nadie te enseña a hacerlo, pero instintivamente sabes hacerlo. Quizá en busca de consuelo o talvez solo por la desesperación que siento usé mi regalo para ver si una nueva puerta se abría, fue por eso que usé mi regalo inmediatamente tras recibirlo. —[Vinculo]—dije con una voz temblorosa y quebradiza —Dios, necesito tu ayuda—suplique a la única existencia que me puede ayudar a arreglar está desesperada situación. —¡¿Eh?! Esta voz es de… ¿Artia eres tú?—Mi suplica iba dirigida a los dioses, pero quien respondió fue aquel niño; el mismo niño que no hace mucho tiempo había intentado matar.  
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