Años después

730 Words
Los años han pasado. Todos los pequeños ya tienen 11 años. Las voces pequeñas quedaron atrás desde que aprendimos a vivir con su preadolescencia. Saha y las gemelas se han vuelto un poco dramáticas. Y bueno Cristopher Cail y Neit. Super protectores. Lucien y lucius ni se diga. La Boutique abre temprano. Siempre lo hace. Las cortinas están recogidas, la luz entra suave por los ventanales, y el aroma a tela nueva, a café recién hecho y todos juntos. Ah casi lo olvidaba Violeta cambio. Ya tiene a un compañero. Vive en la manada de su hermana. Estoy frente al maniquí, ajustando el cuello de una blusa que diseñé anoche. Jaide y Saha están en la mesa estudiando concentradas en sus tareas. Porque si no lo hacen no hay merienda. Al menos de mi parte. Las gemelas de Lucien y Lucius están en el probador, jugando a ser modelos. Los gemelos ayudan a limpiar el frente, aunque más bien están distrayendo para irse para el parque. Y el pequeño de Brandon, que ya no es tan pequeño, está en la caja registradora, aprendiendo a usarla. Ah. Mi madre se vino con nosotros, está sentada en su rincón favorito, junto a la ventana. Tiene una taza de té entre las manos y una sonrisa. Su cabello está más blanco, pero su mirada tierna. —¿Sabes qué recuerdo, hija?— me dice, mientras observa a Jaiden discutir con Saha —Aquella noche en que Cristopher vino a buscarme. Yo estaba mal. No teníamos los medicamentos. Tú estabas agotada y mal económicamente, no quería ser una carga para ti. Los chicos Cail y Neit me ayudaron bastante. Hasta que les dije que se enfocaran en ti y en los niños. Ellos se negaron pero dije que ya estaba bien. y él… él parecía. Cristopher Me detengo. La escucho. Siempre lo hago. —Se sentó en la cocina, con las manos temblando. Me dijo que no podía perderte. Que no sabía cómo explicarlo, que si sabía en dónde estabas, sentía mal, Ay, mi Dios… ese hombre lloró. Lloró como si le fueran quitado un juguete Me acerco a ella. Me siento a su lado. El té huele a manzanilla. —Ese día supe que te amaba— continúa —No por lo que decía, sino por lo que mostraba. Por cómo miraba tus fotos. Por cómo hablaba de ti como si fueras su refugio Sonreí. Me cuesta hacerlo sin que se me humedezcan los ojos. —Él me ayudó con todo, Kathia. Con los medicamentos. Ya que Cail y Neit se encargaron de mi comida. El Nunca pidió nada a cambio. Solo quería verte bien. Y al no obtener respuestas de mi parte se quedaba en silencio y sonreía débil. Desde el fondo, escucho la voz de Cristopher, Neit y Cail. Estaban hablando con Julean, que vino a dejar unos encargos. Su tono es firme, pero hay una dulzura en él que solo aparece cuando está cerca de los niños. Cuando está cerca de mí. Cail me ve y me guiña mientras me tira un beso. Neit va con Saha y Jaiden. Revisa sus cuadernos y luego me ve. Mientras me tira un beso. —¿Sabes qué más recuerdo?— dice mi madre, riendo bajito —La primera vez que los vi dormir contigo. Uno Tenía una mano sobre tu cintura, y el otro sobre tu corazón. Como si necesitara asegurarse de que latía. Y el otro te acariciaban las piernas. Me inclino y le acomodo la manta sobre sus hombros. Ella me toma la mano. —Gracias por no rendirte, hija. Por construir esto. Por hacer de esta Boutique un hogar. Por permitir que esos hombre te amen como lo hace. El sol está suave. Y yo me levanto, camino hacia ellos. que ya me vieron acercarme y sonríen como si no hubieran pasado los años. Como si aún fuera la primera vez. —¿Todo bien, luna?— me pregunta Cail acercándose. —¿Como esta la reina de mi corazón y lobo?– me pregunto Neit mientras deja un beso en mis manos —¿Como esta mi Yari?— Me preguntó Cristopher mientras me acaricia la mejilla —Todo bien, mis amor— le respondo, y él me besa la frente como siempre. Los niños nos rodean. Mi madre nos observa. Y yo, en medio de todo amandalos.
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