Facundo Mi hermana leyó la carta que me había escrito Sebastián en voz alta para que María también se enterara de lo que decía. Nada distinto a lo que había recibido antes, me imploraba que fuera a su fiesta de dieciocho años. Cuando Nuria terminó de leer, las dos me miraron expectantes a lo que diría. Tomé lo que me quedaba del mate un poco en blanco. Ya había recibido varias cartas de él, no tenía nada nuevo que decir, solamente podía putearlo y sentir pena, ya ni siquiera me daba bronca o gracia ver cómo se esforzaba por mandarme cartas. —¿Por qué no le hablás? —dijo de repente mi hermana. —¿Estás loca? Nuria, es el tipo de persona que te hacen la vida imposible; a vos y a Gabo. —¿Y si cambió? —intervino María—. Digo, si no fuera así, no le costaría hablarte directamente. —Dale, po

