Sebastián Ahí estaba, como el boludo que era, frente al escritorio de mi cuarto con la luz del velador prendido nada más. Había escrito otra puta carta para Facundo, como si fuera por inercia. Eran las cuatro de la mañana ya y no dejaba de mirar el sobre blanco que tenía adentro la carta. Rocé los bordes con los dedos, casi deseando que se quemara y desapareciera de mi vista, pero seguía ahí, entre mis manos, acariciándolo. No tenía idea de por qué insistía con esto, él ya me había dejado claro que no quería verme la cara, menos iba a venir a mi cumpleaños, pero algo en mí me hacía seguir, si no terminaba cagándome a palos hasta esa fecha, habré gastado prácticamente un cuaderno rogándole a un pibe que no me tolera que se pase por lo menos dos minutos por mi fiesta. Seguía esperando con a

