Facundo Odiaba tener que trabajar los viernes a la noche, a mi tío se le había ocurrido la hermosa idea de abrir hasta más tarde para venderle a los pendejos que se iban a escabiar. Tenía que quedarme hasta las once cuando podía hacer cualquier otra cosa, no era que tenía mucho que hacer, pero estar en la casa de Laura y la polaca viendo películas a las que no les prestábamos atención era un mejor plan de lo que podía ser quedarme acá a ver cómo se llevaban litros y litros de alcohol. Después de que se fueran unos chicos que, probablemente, estaban a punto de terminar el secundario, me apoyé en el mostrador y sostuve mi cabeza con mi mano, tratando de distraerme pensando que mi tío me iba a pagar más por esa noche. Habíamos quedado en un poco más de la mitad del sueldo de siempre, no tení

