Narra Damon
Han pasado cinco meses desde que nos fuimos de Monreal y durante todo ese tiempo he notado algo en la mirada de Eliana que la ha mantenido distante y un tanto preocupada, la conozco lo suficiente como para preocuparme porque sabía que algo estaba ocurriendo y lo iba averiguar. Ahí estaba ella tranquilamente sentada en uno de los sillones color beige que estaban a lado de la ventana.
Eliana vestía un sencillo vestido blanco largo hasta la rodilla de mangas largas, mientras acariciaba su vientre hinchado de ya seis meses, llevaba el cabello suelto y un tanto desordenado.
Me acerqué a ella y la abracé por detrás depositándole un beso en la mejilla, ella sonrió ante mi acción.
—¿Está todo bien?—Pregunté.—Si... todo bien.—Respondió un tanto insegura. Le volví a preguntar.
—Damon, todo está bien. No te preocupes.—Cuando dijo eso supe que tenía que algo de que preocuparme.
—Eliana, soy tú Mate y padre de nuestro cachorro, puedes decirme lo que sea.—Suspiró rendida.—No vas a parar hasta que hable ¿cierto?—Asentí.
—Hace un par... de semanas he sentido la presencia de Stefan durante las noches mientras dormíamos, lo más extraño de todo es que... nunca logro verlo porque muy pronto cuando me acerco a la ventana desaparece su presencia.—
Fruncí el ceño pensando en lo que Eliana había dicho y comencé a pensar que Stefan estaba a tres pasos más adelante que nosotros y que muy pronto aparecería en el momento menos inesperado. Había que estar preparados para ese momento.
—¿Todo bien?—Preguntó Eliana.—Si no te preocupes, sólo estaba pensando.—Asintió sin estar muy convencida.
(***)
Había estado todo el rato pensando en lo que Eliana me había dicho hace unas horas y comencé a meditarlo conforme iba pasando el tiempo, incluso creí firmemente en que Stefan estaba más cerca de lo que creíamos. Esperaba estar equivocado.
(***)
Narra Eliana
Mis preocupaciones crecían cada vez más conforme avanzaba el embarazo, había veces en las que no podía dormir por el simple hecho de sentir la presencia de Stefan. Pero... no estaba del todo segura porque siempre que miraba por la ventana su presencia desaparecía en el aire sin dejar rastro.
Damon sabía de mis preocupaciones y siempre que estaba con él notaba en su mirada una evidente preocupación pero que siempre disimulaba ante mí, pero yo sabía muy bien que estaba fingiendo estar despreocupado.
Mientras tanto Sofía y yo manteníamos nuestras mentes ocupadas con todo lo relacionado con la llegada de nuestros bebés y era lo único que me mantenía firme ante la situación. Ambas estábamos en la sala de estar sentadas en el enorme sofá de color chocolate en el que cabían alrededor de seis personas, la sala de estar tenía un buen tamaño para tener de seis a ocho personas juntas, un mueble de madera blanco con una lámpara encima, además de haber una mesa de centro de color blanco. El piso era de madera y no muy oscuro, las paredes eran blancas con varios cuadros con fotografías de la familia de Damon, quienes se encontraban fuera.
Estaba tan concentrada en mis pensamientos posando la mirada en la ventana que estaba a mi derecha mientras tenía mi cabeza posada sobre mi mano en él descansabrazos del sofá.
Cuando oí la voz de Sofía hablándome fue cuando volví en sí. Ella vestía un vestido color azul cielo sin mangas ligeramente ajustado mostrando su embarazo de casi seis meses y largo hasta el tobillo y llevaba sandalias del mismo color.
—¿Qué opinas de este color?—Preguntó Sofía mostrándome la barra de tonalidades de rosa, azul, blanco y amarillo.
—Prefiero el blanco es un color neutro. Además todavía no sabemos quién va a tener qué.—Dije.
—Buen punto...—Respondió Sofía.
—Hablando de eso...
—¿Qué?
—Tengo los resultados de mi ultrasonido...—Habló en voz baja pero aún así los demás podían escuchar y sobretodo Max que ha tratado de averiguar el género de su hijo o hija.
—¿Qué dicen?—Pregunté emocionada. Me dio los resultados para no decirlo en voz alta y su inquieto y curioso Mate lo escuchara. Al abrir el sobre sonreí triunfante porque le había ganado la apuesta a Damon.
Sofía estaba esperando una niña.
—Le gané la apuesta a Damon...—Murmuré.
—¿Qué apuesta?—Preguntó Sofía desconcertada.
Le di el sobre y al leer el resultado simplemente suspiró rendida y dijo:
—Maldita sea... perdí la apuesta con Max. Ahora tengo que pagar.—Dijo lo último sonrojada.
—Suerte con ello, porque yo gané.—Dije muy sonriente. Y me fui triunfante.
—¡Suertuda! ¡Cuando tengas una hija entenderás lo que estoy sintiendo en este momento!—Exclamó.
En eso salió Max quien vestía como siempre ropa oscura y comenzó a gritar: "¡Gané!" "¡Seré Padre de una niña!" Y esas cosas, me reí con ganas y me retiré viendo la cara de resignación y a la vez de alegría de Sofía.
Fue en ese momento que sentí nuevamente la presencia de Stefan y con más fuerza que la última vez, Max había dejado de parlotear cuando me miró muy pero muy seria, Sofía enfocó su mirada hacia a mí, estaba preocupada.
Se acercaron con rapidez y dijeron:
—¿Estás bien?—Los miré un momento.—Stefan está aquí.—Respondí y sus rostros se tornaron pálidos como un papel.
Damon entró a la habitación a los pocos minutos y por nuestras expresiones supo que algo había pasado. En ese momento apareció Stefan mirándome con desesperación y pidiendo ayuda con la mirada, después comenzó una pelea en la cual los cuatro fuimos rodeados por 3 rebeldes, estábamos por atacar cuando Stefan dijo:
—¡Esperen!—Exclamó.—Vengo en son de paz.—Se arrodilló en el suelo igual que los rebeldes que venían con él.
—¿Por qué deberíamos de creerte?—Preguntó Max cada vez más molesto.
—Porque yo soy la clave para vencer a Ashton.—Habló tan seriamente que por un momento pensé que decía la verdad pero mi parte racional me decía que no confiara en él pero... mi parte bruja me rogaba que confiara en él, aunque no estaba de acuerdo decidí darle el beneficio de la duda.
—Si dices la verdad vivirás, pero si dices mentiras morirás.—Dije y me di la vuelta ignorándolo por completo.
Damon me llevó a la habitación subiendo las escaleras y cuando llegamos cerró la puerta con seguro y dijo:
—¿Vas a confiar en él?—Preguntó confundido y a la vez enojado.
—No... no voy a confiarme, de todas maneras lo único que podemos hacer es darle el beneficio de la duda. Si dice la verdad lo ayudaremos y si miente lo echaremos de aquí, y si es necesario morirá.—Damon asintió no muy convencido con la idea pero no quedaba de otra más que darle el beneficio de la duda.