Narra Damon
Irnos de Monreal era duro para todos nosotros, pero sobretodo para Eliana porque ese lugar había sido su hogar por más de 70 de años y era entendible que ella estuviera muy, pero muy callada, durante todo el camino a mi Manada la cual no había vuelto desde hace 30 años aproximadamente.
Pero no había tiempo para sentimentalismos, lo importante era mantener a todos a salvo e incluyendo a mi mujer e hijo, no podía permitirme que algo les pasara.
Llegamos a un motel y nos hospedamos ahí porque Sofía y Eliana necesitaban descansar cómodamente por sus estados, y también aprovechando que todos nosotros necesitábamos un descanso. Era muy evidente.
Entramos a la habitación asignada para mi mujer y mía, Eliana cayó rendida en la cama e inmediatamente se durmió, la arropé con el edredón que estaba sobre la cama que era estampado de flores muy sencillo, me acosté a su lado, apagué la luz y me dormí.
(***)
Desperté por el sonido del despertador de mi teléfono, eran casi las 6 de la mañana y nos teníamos que ir, entonces levanté a Eliana quien tenía el sueño muy pero muy pesado debido a su embarazo. Pero finalmente cedió y se levantó con sueño.
—¿Qué hora es?—Preguntó somnolienta.
—Van a ser las seis, nos tenemos que ir hermosa.—Suspiró pesadamente.—De acuerdo... ¿Lo demás ya se levantaron?
—Si y tenemos cinco minutos para irnos.—Eliana asintió y empacó sus cosas con magia para no retrasarnos. Se cambió de ropa por algo más cómodo y salimos de la habitación en cinco minutos exactamente. Nos fuimos del motel luego de entregar las llaves y seguimos nuestro camino.
(***)
Llegamos a la manada cerca del medio día, muchos de los miembros al verme me reconocieron enseguida e incluso al ver a Eliana la reconocieron como su Luna y la saludaron con la cabeza baja en señal de respeto.
Pero además veían que venía gente con nosotros a parte de Max y Sofía, los miraron en un principio con cierta curiosidad y desconfianza, pero negué con la cabeza dando entender que eran de confianza y se relajaron enseguida.
Mientras tanto Eliana estaba un poco confundida y sobretodo extrañada de que tanta gente la mirara con curiosidad, me miró en busca de ayuda y respuestas.
—No te preocupes, sólo están de curiosos y emocionados de conocer finalmente su Luna, ósea tú.—Ella asintió en respuesta y seguimos caminando.
Pero durante el trayecto Eliana se detuvo y tapó su boca con una mano, supe enseguida que estaba teniendo náuseas de nuevo. Se sostuvo de mí, su rostro se puso pálido.
—¿Qué le sucede a nuestra Luna?—Preguntó un m*****o de la manada.
—Ella está bien. Solo tiene náuseas.—Se tranquilizaron los demás y en ese momento Eliana salió corriendo y fue directamente a vomitar detrás de un árbol. Regresó después de componerse un poco y me abrazó poniendo su cabeza en el pecho.
—Damon... tengo mucha hambre.—Sonreí.—¿Qué quiere comer nuestro cachorro?—pregunté.—Un gran pastel de chocolate con fresas.—Respondió.
—Está bien, vamos.—Asintió. Pero antes de poder dar un solo paso, la manada tenía una enorme sonrisa en cada uno de los rostros de los integrantes.
—¿La Luna está embarazada?—Preguntaron a la vez. Miré a mi mujer y asintió dándome autorización para decirlo.
—¡Manada! ¡Habrá un futuro Alpha en la Manada Luna Oscura!—Grité emocionado. Eliana me miró sobresaltada y a la vez enojada porque grité muy cerca de su oído.
Le pedí perdón durante más de dos horas y nada, incluso Max y Sofía estaban burlándose de mí a mis espaldas, aunque lo negaron rotundamente aún así no podía arrancarles la cabeza a esos dos.
Por dos razones. La primera: Eliana me odiaría toda la eternidad y me alejaría de mi cachorro. Y la segunda: Sofía estaba embarazada también y matar a la Mate de un lobo o vampiro era sentencia a muerte.
Entonces tuve que contener toda mi rabia e ir a hablar con mi mujer por enésima vez. Toqué la puerta de nuestra habitación y fue abierta por una Eliana enojada y cansada. Me miró un momento y antes de que pudiera decir algo dijo:
—No quiero más disculpas, por favor. Te perdono pero la próxima vez que volvamos a tener a un bebé por favor, lo no digas tan cerca de mi oído.—Asentí y la comencé a besar con deseo.
Nos adentramos a la habitación y cerré la puerta poniendo el seguro en ella. Le arranqué la blusa a mi Luna y bueno... ya saben el resto.