Capítulo 3

3017 Words
Los oficiales me arrastraron hasta la celda, donde resguardaban Min-su y Min-seub, ambos sentados en el suelo con unas barajas en mano. Al verme, se pusieron de pie a la velocidad de la luz. Por un momento pensé que cualquiera de ellos soltaría el primer golpe, sin embargo, retrocedieron. —Supimos que enviaste a Min Yaul a la enfermería —anunció Min-su—. No hay resentimientos con nosotros ¿cierto? —Oye, idiota —aludió Min-seub dándole un codazo en las costillas—. No nos vamos a dejar intimidar por esta cucaracha. Sonreí, demostrándoles que sus intenciones, a pesar de no ser buenas, no me afectarían como antes. —¿Qué ganaría yo con mandarlos a la enfermería también? —inquirí con la cabeza en alto—. El problema no es con ustedes. Min-su soltó un suspiro de alivio, mientras que Min-seub no dejaba de examinarme con sus ojos marrones. —Tienes suerte de seguir aquí —dijo Min-seub—. Sabes que Min Yaul no se quedará con los brazos cruzados ¿cierto? —Lo sé —respondí con firmeza—. Pero estaré preparado. —Min-seub, ¿y quién fue el sujeto que lo respaldó? —preguntó Min-su tratando de moderar su tono, aunque los susurros se escuchaban como eco dentro de la pequeña celda. —¿Quién más? —respondió el otro—. El mismísimo Nam Bou Hui. Min-su abrió su boca en una enorme "O", sorprendido ante la revelación que su amigo le había hecho. —¿Qué? —sobresaltó—. ¿El antiguo gato del señor Baek? —Él mismo —asintió Min-seub sin despegar sus ojos de mí—. ¿Qué dirá el señor Baek cuando sepa que le está jugando sucio? Bou Hui...¿le servía a Soo-bin? Min-su deshizo la sábana de su viejo colchón sobre el suelo y se metió en ella alistándose para dormir. Min-seub hizo lo mismo. Ninguno tenía intenciones de lastimarme. No estaban completos sin Min Yaul, y tal como Bou Hui lo dijo, Min Yaul no era nadie sin ellos. El colchón de Min Yaul estaba disponible, no había razón para no pasar la noche en él. Así que me metí entre la sábana, la cual, era bastante cálida y cómoda. Me gané algunas miradas amenazadoras por parte de Min-seub, pero se rehusó a expresarse. Quedé boca arriba. Estaba atento hacia el techo de concreto, el cual, tenía unas cuantas grietas. Por primera vez en este lugar, estaba cómodo. No estuve seguro del tiempo transcurrido. Pero el insomnio se hizo presente en ese momento. Los ronquidos de Min-seub fueron un factor más para no dejarme dormir. Aún tenía tantas dudas. No podía quedarme con los brazos cruzados. ¿Quién era Bou Hui? ¿Cuál fue el motivo de su ayuda? Siendo un ex partidario de Soo-bin, ¿cuántas agallas se necesitaban para enfrentarlo? No estaba tan seguro de volverlo a ver, aunque no descarto que sería genial. —Tae Joon —llamó Min-su desde su colchón. El susurro me sacó de mis pensamientos y a la vez me sorprendió—. ¿Estás despierto? —Sí —anuncié. —Quiero...perdirte que me perdones —dijo él con arrepentimiento. Lo miré, sus ojos estaban en el techo, la sábana le cubría el torso y tenía las manos fuera de esta, juntas, como si estuviera pidiendo algo—. Yo no disfruto lo que te están haciendo. —¿No? —solté una risa irónica—. Estuviste muy partícipe en cada momento. —Yo…fui obligado —se excusó—. No tienes idea de lo aterrador que Min Yaul puede ser cuando no lo obedeces. —Aún así, eso no quita el hecho de que mi odio hacia ustedes esté definido. —Sé que nunca podrás perdonarme…sólo quiero que sepas que mis disculpas son sinceras —insistió—. Y que a partir de ahora trataré de ayudarte. Me giré en el colchón para darle la espalda. No estaba dispuesto a escucharlo más. Tenía que dormir y pensar en una estrategia para acabar con Soo-bin sin regresar a este lugar. ¿Había una? La idea de asesinarlo no la descartaba, pero eso era un delito, pasaría unos cuantos años más en prisión...pero al menos estaría tranquilo. —Cuídate, Tae Joon, nada de lo que ves aquí es bueno —informó—. Ni siquiera ese tal Bou Hui. Solté un suspiro con frustración y cerré los ojos para no pensar en nada más. De los tres, Min-su era quien se estaba absteniendo de participar en las torturas de Min Yaul. ¿Existía una razón? Lo dudaba mucho, quizás, planeaba algo peor en mi contra que me estaba convenciendo de lo contrario para no sospechar de él...o tal vez, al igual que yo, tenía miedo de algo. Por la mañana siguiente, el sonido de las rejas abrirse me despertó. Mis ojos pesaban más que antes. Había dormido tan cómodamente que no tenía ganas de levantarme. Cuando me incorporé a la luz, observé a Min-seub y Min-su sentados en sus colchones. Ambos me miraban como si estuviera metido en un grave problema. —¿Qué haces en mi cama? —preguntó Min Yaul de pie desde la reja. Llevaba benditas en la ceja, nariz y labio. Los moretones le resaltaban más que cualquier otra cosa en el rostro. —¿A esto llamas cama? —respondí estirando mi cuerpo por completo—. Sólo es un colchón con unos cuantos resortes por fuera. —Es mejor que dormir en el suelo ¿no, imbécil? —Definitivamente —sonreí. —¿Te crees tan valiente sólo por esto? —señaló su rostro herido, luego soltó una risa irónica—. Sabes que no me voy a quedar con los brazos cruzados ¿cierto? Los otros dos se levantaron con la intención de tomarme, pero fui más rápido que ellos y me alejé lo más que pude de los tres. —Bou Hui tiene razón, no eres más que un maldito cobarde —escupí sin bajar la guardia—. No eres nadie sin tus perros. Noté como Min-seub y Min Yaul rieron como si mis palabras fueran un montón de chistes malos, mientras que Min-su estaba cabizbajo con ambas manos entrelazadas —¿Esa es tu forma de herirnos? —cuestionó Min-seub con el rostro sarcásticamente entristecido. Se llevó una mano al pecho y actuó como si le hubiese afectado tanto—. Oh...mi corazón está tan lastimado porque Tae Joon acaba de llamarme perro. —Nos llamas cobardes cuando el que montó una película con treinta hombres alrededor fuiste tú —espetó de manera agresiva—. Yo, como tú dices, sin mis perros no soy nada...pero tú…si ese Bou Hui no hubiera aparecido… —¿Pretendes torturarme aquí? ¿Tres contra uno? —intenté que eso sonara como una burla, pero en realidad, percibieron mi temor. —¿Qué hay de malo? —sonrió. Caminó con lentitud hasta mí. Yo traté de alejarme lo más que pude, pero mi espalda se impactó contra la pared. De nuevo, estaba acorralado. —¡Tae Joon! —la voz de Na-moo del otro lado de las rejas los detuvo—. Es hora del desayuno Asentí, sintiendo un alivio inmenso en mi interior. —Excelente —chocó los cinco con Min-seub. Dieron un paso al frente pero Na-moo se interpuso en el camino. —Ustedes no. —¿Qué? —gruñó Min Yaul —El oficial Ko me pidió que les dijera que limpiaran el desastre que dejaron en las regaderas. —Nosotros no… —Es una orden —intimidó con una mirada fría—. Del oficial Ko, claro. Abrí el camino empujando a los tres para apartarlos. Salí lo más rápido de ahí. —¡Nos vemos, Tae Joon! —exclamó Román una vez que me alejé de la celda. (...) Pasaba la escoba una y otra vez con la intención de dejar más limpio el suelo del patio. Las tareas dentro de una prisión eran bastante aburridas y absurdas al mismo tiempo, básicamente, sólo teníamos que actuar como los sirvientes de los oficiales. —Tomará un par de días para que logres acostumbrarte —dijo Na-moo reposado en una esquina. Estaba recargado en una maya y con un pie arriba de la misma. Se notaba bastante tranquilo. —¿Podemos descansar? —pregunté. —Por supuesto —afirmó—. ¿Qué pueden hacernos? ¿Agregarnos un año más por no obedecer? Sería patético ¿no crees? —luego comenzó a reír—. Un año por no barrer el patio. Sonreí tratando de encontrarle lo divertido al asunto, sin embargo, el saber que podían sacar cualquier provecho de mí en este lugar, no dejaba de mortificarme. Soo-bin se las arreglaría de cualquier modo para inculparme de algo que no había hecho y estaba seguro que era capaz de sacar cualquier excusa con tal de acabar conmigo. No iba a permitirlo. Aun así tenga que barrer mil veces la misma zona hasta gastarme la escoba... —¡Tae Joon! —exclamó el oficial Ko desde la puerta que daba al pasillo de las celdas. Llamó también la atención de Na-moo, quien seguía descansando sin importarle absolutamente nada—. Acompáñame. Dejé la escoba a un lado. Na-moo me detuvo antes de que diera un paso hacia él. —No llaman a alguien así de repente —murmuró—. Será mejor que no vayas. —¿Tengo otra opción? —Oye, sé lo que te digo... —¡Tae Joon! —vociferó aún más fuerte, esta vez, llamando la atención de todo el patio. Las miradas ahora estaban en mí—. ¡Tienes diez segundos! Me zafé de su agarre y le di una mirada cálida. No tenía de qué preocuparse. —Estaré bien —aseguré. Abrió la boca para quizás intentar detenerme, sin embargo, me di la media vuelta y troté hasta el oficial Ko. —Es la última vez que te llamo dos veces ¿te quedó claro? —Lo siento —dije—. ¿Qué es lo que sucede? —Aquí las preguntas las hago yo —rechistó tomándome del brazo con brusquedad. Como si hubiese hecho la peor travesura de todas, me arrastró hasta un pasillo que, hasta el momento, no había recorrido—. Te crees muy valiente ¿no es así? —¿Qué?... —¡Qué cierres el pico! —estrujó agresivamente—. ¿Te crees tan capaz de golpear a otros de esa manera? ¿Treinta contra uno? ¡Eres un maldito bastardo! Llegamos hasta una puerta de metal, de la cual, sobresalían unas letras amarillas: "Enfermería" "Sólo personal autorizado" Abrió la puerta y de una sola intención me empujó hasta dentro. Observé cada rincón; microscopios, mecheros, estantes repletos de charolas y medicamentos. No había ventanas y la luz blanca era la que le daba un toque bastante aterrador. En medio de toda la habitación, se encontraba una camilla de hospital de la cual, colgaba un letrero con mi nombre. —¿Qué es...? No pude emitir ni una palabra más cuando vi salir a Min Yaul de un rincón con las manos cubiertas con guantes de látex y una bata blanca. Di un paso atrás, pero mi cuerpo se estampó con el del oficial Ko, quien estaba bloqueando la puerta. —Bienvenido, Kim Tae Joon —musitó con una sonrisa frívola y macabra en el rostro. Colocó ambas manos atrás y caminó lentamente hasta mí—. El oficial aquí presente, me ha informado que usted carece de disciplina ¿no es así? —Exactamente —rio el oficial—. Su conducta es pésima, ¿qué es lo que recomienda, doctor? —Oh...yo le recomendaría una gran paliza —le siguió—. ¿Pero será eso suficiente? —Haga lo que usted crea conveniente, doctor. De pronto, el oficial colocó sus brazos por debajo de mis axilas y Min Yaul levantó mis pies. Traté de patalear para zafarme, sin embargo, no lo conseguí. Ambos me cargaron para colocarme sobre la camilla y me ataron con cintas elásticas que me apretaron con fuerza para impedir mis movimientos.. —¡Déjenme! —exclamé, para luego recibir un golpe por parte de Min Yaul justo en el labio. El sabor metálico en mi boca me indicó que lo había partido. —No se preocupe, señor —anunció Min Yaul colocándose una mascarilla de tela que le cubría del puente nasal hasta la barbilla—. Todo estará bien, le cambiaremos la vida. Acercó un carrito plateado, el cual, transportaba instrumentos de cirugía; bisturí, pinzas, tijeras, algodón y jeringas. —¡¿Qué vas a hacerme?! —solté aterrorizado. Moví mis piernas y brazos para intentar escapar, pero estaban bastante ajustados. —Unas cuantas pruebas —se encogió de hombros—. Veremos cuánto puedes soportar. En ese instante, el oficial Ko, cubrió mi boca con una tira de tela blanca, retrajo mis comisuras a tal grado que no se pudiera entender nada de lo que dijera. —Puedes gritar todo lo que quieras, de todas maneras, no se escuchará nada afuera. Ambos rieron como maniáticos. Disfrutaban hacerme cualquier cosa. Yo estaba al borde del llanto. —Muy bien —formuló Min Yaul tomando el bisturí del carrito—. Haremos una gran incisión en el brazo derecho. Encajó profundamente la punta filosa a dos centímetros debajo de mi muñeca y fue subiendo lentamente hasta el codo. Pegué un grito desgarrador al sentir como el filo del bisturí me cortaba. La sangre caliente comenzó a salir a chorros empapando mi uniforme y por supuesto, la camilla. —¿Duele? —preguntó el oficial, luego se burló—. Doctor, creo que ha olvidado colocar la anestesia. —¿De verdad? —actuó Min Yaul sorprendido con el bisturí ensangrentado—. ¡Qué barbaridad! Pero no creo que a nuestro paciente le importe ¿cierto? —Mis lágrimas se derramaban una a una implorando su piedad. Pero no había ni una pizca de misericordia en ellos. Hice un gran esfuerzo por hablar, pero mis comisuras dolían cuando intentaba cerrar los labios—. Ahora el lado izquierdo. Nuevamente, encajó la punta del bisturí y desgarró, esta vez, de una sola intención, marcando una línea recta que iba desde mi muñeca hasta casi llegar al hombro. Grité hasta quedarme afónico. Cerré mis ojos del dolor y del llanto. —Me parece que puede aguantar más ¿no, doctor? —opinó el oficial. —¡Seguro que sí! —exclamó. Luego, se posó cerca de mis piernas—. Vamos a ver qué tan doloroso es cortarte las rodillas. Grité, pataleé, manoteé...intenté hacer de todo para evitarlo. Tomó las tijeras y cortó el pantalón en dos de cada pierna, la tela se partió descubriendo mis rodillas al aire. La sangre no me dejaba de brotar de los brazos. La punta del bisturí penetró mi muslo con gran profundidad y se fue deslizando lentamente hasta debajo de la rodilla. El dolor comenzaba a ser menos cuando los mareos se hicieron presentes. Estaba perdiendo demasiada sangre como para soportarlo. Y ellos no se detenían. —¡Queda poco, Tae Joon! —exclamó Min Yaul con entusiasmo—. ¿Tan pronto te morirás? —¿Qué hay de los latigazos? —cuestionó el oficial. —Cierto, desátalo. Mis comisuras se liberaron de la tela blanca, estaban adoloridas igual que el resto de mi cuerpo. No podía más. Estaba a punto de desvanecerme. Las ataduras se aflojaron y ambos me bajaron de la camilla para después tirarme al suelo como una pila de basura. Las palmas de mis manos evitaron el impacto de mi cara contra el suelo, pero al instante se desplomaron. Mis heridas eran graves, el cuero me colgaba y la sangre había creado un río por todo el suelo. —A...ayu...da —comencé a agonizar. —Tu juicio acaba de comenzar —informó Min Yaul en tono burlón—. Te han condenado a una sentencia de muerte, la cual está en proceso. Me arrastré para llegar a la puerta, cuando de repente, un golpe extremadamente fuerte me desgarró la espalda. —Me parece que tienes un gran enemigo, Tae Joon —musitó el oficial mirándome con lástima—. Un ser que en verdad te odia. —Recuerda estas palabras, Tae Joon —rio Min Yaul con un látigo en la mano—. Baek Soo-bin , es el causante de todo esto. Estiré mi mano para intentar tomar el pomo de la puerta, pero en segundos, todo se tornó oscuro. (...) El dolor que se extendió por todo mi cuerpo, hizo que reaccionara. Aunque sentí que el tiempo transcurrido fue muy poco, sentía la necesidad de gritar y soltar un llanto cuando los recuerdos se hicieron presentes. ¿Qué mierda había pasado? ¿Por qué el oficial Ko participó en esto? Cerré mis ojos cuando unos pasos se profundizaban cada segundo. Quien quiera que fuera, no tenía que saber que había despertado. Tenía mucho miedo. Quise abrirlos cuando dejé de escucharlos, pero rápidamente sentí como una mano tomó la mía y presionó con firmeza sobre mi muñeca. —¿Cómo está? —escuché a lo lejos una voz conocida. —Estable, pero aún no reacciona —informó la voz de otro chico—. Aún debe esperar. —Ya me cansé de esperar —reclamó el anterior—. ¿Cuánto tiempo más seguirá así? —Eso depende de él, señor —dijo—. El paciente casi muere y tuvo una gran pérdida de sangre. —Eso me lo has dejado en claro más de cien veces —gruñó—. Lo que quiero decir es, ¿qué probabilidad hay de que sobreviva si lo llevo al cuartel? —Depende, si él reacciona puede llevárselo y continuar con el tratamiento en casa. —Creo que no me estás entendiendo —escuché un fuerte golpe debajo de la camilla—. Quiero llevármelo ahora. —P-pero, s-señor… —Dije ahora.
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