Finalmente, me fui con Patricio. Su auto era de un n***o reluciente, y aunque no sabía mucho de carros, podía decir que era lujoso. —¿Tu padre es policía por si acaso? —le pregunté en tono de broma mientras él se reía a carcajadas. —El mío es abogado —respondió, sonriendo con complicidad. Salimos del cine y lo llevé a una plaza cercana donde tocaría una de mis bandas favoritas de reggaetón. La plaza estaba llena de vida y color, con luces vibrantes que iluminaban el ambiente nocturno y una multitud animada que se movía al ritmo de la música. Puestos de comida y bebida bordeaban el perímetro, llenando el aire con el olor tentador de tacos, empanadas y churros recién hechos. La banda ya estaba en el escenario, afinando sus instrumentos y preparando el espectáculo. El escenario estaba de

