CONOCIENDO A LUCCA.

2176 Words
Ciudad de Guatemala. Cansada de escuchar las recriminaciones de sus padres, decidió dar una vuelta para despejar su mente. No había nada que pensar, ella no era una malvada para abusar de los sentimientos de Lucca. Quizá después de hablar con él sus padres la odiarían para siempre, pero lo prefería antes de hacerle daño. No lo conocía, pero se sentía en la obligación moral de informarle sobre los acontecimientos recientes. —Perdone, tengo que salir un momento. ¿Sería usted tan amable de llamarme a este número en caso de algún cambio de salud o emergencia de mi hermana? —pidió con amabilidad a la mujer de blanco. —No se preocupe, señorita Ferrer, le llamaré ante cualquier cambio que su hermana presente, vaya sin cuidado —respondió con una amable sonrisa en los labios. —Muchas gracias. Allegra caminó lejos de la clínica. No podía apartar las palabras de sus padres de su cabeza. Ella no era egoísta y tampoco una mala hija; ella simplemente había deseado otra clase de vida para sí misma. Esperó en la parada de taxi asignado a la clínica, hasta abordar uno que la llevó a casa, o más bien a casa de sus padres. Una hora más tarde Allegra caminó hacia la que había sido su casa por dieciocho años antes de marcharse al suroccidente del país, alejada de los lujos y la riqueza que creía sus padres ostentaban. Pero la realidad era muy distinta y venía a saberlo hasta ese día. —Señorita Alessia —saludó la chica del servicio, de quien no sabía el nombre. —Hola, buenas tardes, yo no so… —Ve a tu habitación Alessia, déjame resolver este asunto —la fría voz de su padre interrumpió su aclaratoria. —Papá. —He dicho que vayas a tu habitación Alessia, por favor —insistió su padre con semblante serio y un rictus en los labios. Allegra lo miró con profunda decepción, hasta los dieciocho años su padre había sido su héroe, pero luego de revelar su interés por ser veterinaria, las cosas habían cambiado radicalmente entre ellos. Primero había sido la negativa de su padre a aceptar la carrera que ella había elegido, e incluso habían intentado hacerla desistir, dejando en claro lo poco que le interesaban sus deseos y aspiraciones. Él simplemente quería controlar su vida y fue así que salió huyendo y terminó la carrera por su cuenta. Caminó hacia la que un día había sido su habitación, pero de nuevo la voz de su padre interrumpió sus intenciones. —Vamos a hablar, Allegra, más bien quiero hablar contigo y no acepto réplicas —dijo con severidad. —No hay nada más que hablar, papá. Está claro lo que quieres y esperas de mí; pero hace tiempo te dejé en claro que no soy Alessia, no voy a someterme a tu voluntad y mucho menos a jugar con el destino de esta manera —respondió sin moverse de su sitio. El corazón le martillaba dentro de su pecho pues temía lo que su padre fuera capaz de hacer. —Tu honestidad y buenas intenciones no te llevarán a ningún lado. Solo te estoy pidiendo que te cases con Lucca mientras Alessia se recupera. ¡No te estoy pidiendo nada más! ¿Es tan difícil para ti ayudarnos, una sola vez? ¡Una maldita vez, Allegra! —gritó rojo de enojo. El cuerpo de Allegra tembló, casi había olvidado los arranques de furia que su padre solía tener cuando las cosas no salían a su manera. —Me daré un baño y le llevaré ropa a mi madre al hospital. En cuanto a ti, deberías darte un baño y descansar. En cuanto a tu petición, tendrás que perdonarme papá, porque no cambiaré de opinión —dijo con seguridad. —¡Allegra! —gritó su padre, pero ella hizo caso omiso. Se marchó a su habitación dejándolo con la palabra en la boca. Ya encontraría una manera de pagar el tratamiento de su hermana, así tuviese que trabajar en lo que fuera.  Minutos más tarde y en bata, Allegra se vio obligada a ir a la habitación de su gemela, pues entre las prisas se había olvidado de ir por ropa a su departamento. En ese momento desconocía el estado de salud de su hermana. Buscó en el closet la ropa menos ostentosa, quería algo cómodo y nada llamativo, sus gustos por la moda también era una muestra clara de las diferencias entre ellas. Mientras su hermana prefería utilizar ropa de marca, ella se conformaba con la comodidad que la prenda podía brindarle. Finalmente pudo decidirse por unos jeans azules y una playera blanca. Cogió la ropa y volvió a su habitación para vestirse con prisa, pero a medio vestir fue interrumpida por el sonido estridente del móvil. Se dio cuenta que no era el suyo sino el de Alessia. ¿Cómo había llegado el móvil a su bolsa? Recordó entonces que, al recibir la llamada de Lucca, no había guardado el móvil y lo había dejado caer sobre el sofá y al salir tampoco había llevado su bolsa sino la bolsa de Alessia. Volvió a la realidad al escuchar de nuevo el móvil sonar. Era Lucca Giordano y esta era su oportunidad para contarle la verdad. Su cuerpo tembló por lo que estaba a punto de hacer, pero era lo mejor. Un día sus padres e incluso su hermana se lo agradecerían. —Aló —respondió apenas pulsó el botón verde. «Alessia, cariño ¿Cómo ha estado tu día hoy?» Allegra tragó saliva ante el efusivo saludo de Lucca. —Lucca —murmuró con dificultad, pues la lengua parecía estar pegada al cielo de su boca. «He tenido un día muy ajetreado, recién estoy volviendo de cenar con un importante socio, pero no quería acostarme sin escuchar el sonido de tu voz, te he echado de menos todos estos días». Allegra volvió a tragar saliva. ¿Por qué era tan difícil interrumpirlo y decirle la verdad? —Lucca, tengo algo muy importante que decirte y no puedo esperar —dijo finalmente armándose de valor. «Yo también tengo algo importante que decirte, cariño. He enviado a tu padre los documentos del contrato para la fusión de nuestras empresas, entiendo el difícil momento por el cual han estado atravesando y me parece que no debemos esperar las dos semanas, seremos familia y quiero ayudar». Allegra se dejó caer sobre la cama, deseosa de terminar la llamada e ir en busca de su padre, necesitaba impedir que él firmara los documentos que la comprometerían de manera definitiva. Tenía la sospecha de que para que dicho contrato se llevara a cabo debía existir algún tipo de cláusula. Ella no era experta en la materia, pero estúpida tampoco era. «Alessia». La voz de Lucca se hizo lejana, su mayor preocupación ahora era llegar a su padre. —Lo siento, tengo que irme, es una emergencia, te llamaré luego —prometió sin pensar. Colgó la llamada y salió corriendo hacia la habitación de su padre, pero no lo halló. Bajó con prisa las escaleras para buscarlo en la biblioteca y sin anunciarse abrió la puerta para adentrarse a la habitación. —¡No lo firmes! —gritó al ver a su padre con los papeles en la mano. Él sonrió satisfecho. —Te lo he dicho Allegra, esta boda no va a suspenderse bajo ningún motivo. He firmado los documentos de la fusión y por lo tanto una de las dos se casará con Lucca Giordano, y a estas alturas no me importa quien sea —sentenció con frialdad. Allegra lo miró con furia y algo más. Salió sin decir una sola palabra y subió a su habitación. Sin pensarlo dos veces devolvió la llamada a Lucca, pero este no contestó. Recordó que él se encontraba en Italia y la diferencia de horarios era suficiente para saber que él se encontraba ya dormido. Lanzó el móvil sobre la cama con enojo y frustración. Cogió sus cosas y la bolsa que había preparado para su madre y salió a la clínica de nuevo.   Palermo Italia.   —Buenos días Aurora, ¿has dormido bien? —saludó y preguntó al mismo tiempo Lucca, quien se había quedado dormido, pero hoy no tenía cita con ningún socio y había pensado en recorrer la ciudad para comprarle un regalo de boda a Alessia. —Buenos días, he dormido bien e imaginaba que tendría un día maravilloso por delante; claro eso fue hasta que el abogado de la empresa llamó para dejarte un importante mensaje —dijo con resentimiento. —¿Estás molesta? —preguntó al ver el evidente enojo crecer en su hermana pequeña. —¡Por supuesto que lo estoy! —gritó poniéndose de pie. —¿Por qué tenías que acelerar la fusión de nuestra empresa con la de tu futura familia política? ¿Por qué no simplemente les compraste las acciones? No me gusta esto, pero no voy a discutir más contigo al respecto. Has tomado una decisión sin consultarlo y puede que seas el CEO de la empresa, pero soy tan dueña como tú. Lo mínimo que debías hacer era consultármelo. Perdóname, pero creo que en vez de casarte por amor, estás comprando una novia, ¡o quizá sería mejor decir que te han vendido una esposa! —¡Basta, Aurora! —gritó en respuesta al sentirse ofendido por las palabras de su hermana. —Eso es, basta de todo esto. Esa mujer no es para ti, pero si tú no puedes verlo no hay nada que pueda hacer. Ten un buen día —cortó abruptamente la discusión para salir del comedor y encerrarse en su habitación. Lucca se mesó el cabello con frustración. Desde que había iniciado su romance con Alessia, había sentido el rechazo de Aurora por ella, aun así, creyó que eran celos de hermana. Pero ahora ya no estaba tan seguro. Se olvidó de desayunar y abandonó la casa para distraerse y meditar al respecto.   Ciudad de Guatemala Allegra pasó la última semana intentando hacer que su madre se fuera a casa para descansar, pero esta se había negado categóricamente y enfadada todo el tiempo le recriminaba su falta de «empatía» hacia ellos. —¿Sabes a cuánto asciende la factura de la clínica hasta el día de hoy? —preguntó mientras se acomodaba el saco color n***o sobre su blusa blanca inmaculada. —Te he dicho que puedo pagar la factura, has sido tú quien se ha negado —respondió sin agitarse. Allegra comprendió que era mejor no darle hilo al asunto o su madre terminaría por maldecirla en todos los idiomas habidos y por haber. —No volveré a discutir el tema contigo. Se ha firmado el acuerdo de fusión y Lucca regresa pronto, es cuestión de días sino de horas que esté pisando tierras guatemaltecas —dijo sin más—. Ahora por primera vez te haré caso y volveremos a casa; he dejado las instrucciones a las enfermeras en caso de surgir alguna buena o mala noticia con Alessia. Mientras tanto tú y yo debemos hablar. Allegra estaba sorprendida por el cambio repentino de su madre. Habría salido corriendo hacía mucho tiempo, si no fuera porque temía que Alessia muriera. Ella no había mostrado ninguna mejoría durante la semana que llevaba internada y la esperanza moría un poco en cada día que pasaba. Volvieron a casa en completo silencio, había estado en la clínica los últimos días por lo que no había tenido tiempo de pasar por una tienda de ropa. Ahora que su madre estaba en casa pondría fin al asunto. —Estoy saliendo, necesito comprar algunas cosas de uso personal. Me daré un baño antes, y por favor trata de descansar —pidió antes de subir a la habitación de su hermana por un par de jeans. Allegra escogió la ropa rápidamente, había estado utilizando la misma ropa para no estropear la ropa de su hermana, lavándola todas las noches, pero la chica del servicio insistía en ordenarla en la habitación de Alessia y no en la suya. Demoró media hora en estar bañada y vestida. Se secó el pelo rápidamente, revisó la hora de su móvil y observó el de su hermana en la mesita de noche. Había dejado que la pila se gastara y no volvió a conectarlo por temor a recibir una nueva llamada de Lucca Giordano. Con remordimiento de conciencia lo tomó y metió en la gaveta para no sentir esa sensación de culpa que oprimía su pecho. No tuvo tiempo de más pues la puerta se abrió de manera abrupta, y se giró para quedar frente a uno de los hombres más guapos que había conocido en su vida. Ojos color gris, cabello castaño y una barba estéticamente recortada. —¡Alessia! —exclamó con entusiasmo y supo que estaba conociendo a Lucca Giordano en persona. —Lucca —murmuró antes que el hombre tomara su cintura entre las manos y se aferrara a su boca, como si la vida le fuera en ello.
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