Capítulo 1: En bancarrota.

1773 Words
Narra Emily Conozco tanto a mi padre que no hace falta hacerle una pregunta para saber que no está bien, su mirada estaba perdida; había mucho vacío en ella. ¿Qué le pasará? Mi padre estaba sonriente, miraba a su esposa con una sonrisa que no parecía sincera, algo le preocupaba. —¡No lo puedo creer! Oh, papá, sí que sorprendes; esto no lo esperaba, era justo lo que quería. Mi hermana Laura estaba feliz, le da un abrazo corto a mi padre y le arrebata las llaves del auto que le acaba de obsequiar. —Cariño, siempre eres tan especial con nuestra Lau —dice mi madrastra sonriendo de la dicha. —¿Te gusta mi amor? —Sí papá, aunque no es el color que esperaba, pero está precioso. Mi hermanastra y yo estamos de cumpleaños, es como una especia de colmo, pero sí; mi hermanastra nació el mismo día que yo. Ella cumple 22 años y yo 25 años. —Emi, ¿estás segura de no querer un obsequio? —No papá, con el pastel de cumpleaños es suficiente. Mi hermana entra a su auto nuevo y todos los presentes aplauden, prácticamente celebrábamos su cumpleaños. Las personas que nos acompañaban eran todos sus amigos y compañeros de sus clases de equitación, yoga, su grupo de amigos para viajes y así. —Laura es tan perfecta y bendecida, que fortuna la de haber nacido en una familia que puede brindarle todo lo que desea. Parece que algunas nacen con estrellas y otras simplemente nacen estrelladas. Me sentía feliz por ella, que bueno que esté a gusto con todo lo que pasa. —Bien, en un rato nos vamos. Emily, ayúdale a tu hermanita a guardar los obsequios en el auto —me pide Margaret con ese tono autoritario. —Claro que sí. Los presentes empezaron a cantarle la canción de cumpleaños a Laura, desde afuera notaba que las palabras de Margaret —mi madrastra— eran ciertas. Ella es afortunada. Al volver al restaurante en el que celebrábamos el cumpleaños, un hombre llamado Mathew Holman, pide la palabra en la hora del brindis. Hace unos meses Mathew sale con mi hermana, es un empresario muy importante de la ciudad; desde el momento que él puso interés en ella, Margaret ayudó a que entre ellos se afianzara una relación. —Gracias a la familia Murphy, por invitarme a la hermosa celebración de mi princesa Laura. Desde el día uno que los conocí, me han tratado como un m*****o más de ustedes, algo que valoro demasiado. Estoy sumamente agradecido con ustedes, porque también me han dado un regalo a mí, trajeron al mundo a la mujer más bella de todas, a la mujer que espero seguir acompañando por muchos más años. Me alegra que se haya dado el momento para que ustedes sean testigos de lo que se convertirá el día más importante de mi vida. Laura Murphy —dice el caballero acercándose a ella—. ¿Quieres casarte conmigo? Todos comenzaron a ovacionar ante lo que estaban viendo, todos en especial, Margaret. Parece que se cumplió su objetivo. El hombre se arrodilla en frente de mi hermana y pone ante ella un enorme diamante. Parece que su día sigue siendo el más especial de todos. Al final de la celebración, todas esas chicas adineradas que estaban acompañando a Laura, se marchan en sus autos de lujo. —¿Dónde está papá? —pregunté al no verlo. —Debe estar en la caja. Miré a todos lados y no lo vi, por lo que decidí acercarme más hasta ver donde estaba con la administradora del restaurante. —¿Pasa algo? —No, cariño. Solo estoy resolviendo algo. Mi padre entrega una tarjeta que es pasada por el datafono, pero parece que algo anda mal porque se la devuelven. —También fue rechazada. —De… Debe haber un error, eso no es posible. Él sonreía apenado, no me miraba porque estaba de cabeza en su billetera escogiendo más de sus tarjetas. —Esta, con esta se puede, estoy seguro. La chica recibe la tarjeta y hace el mismo procedimiento. —Oh, parece que en esta se puede hacer el cobro. —Papá… —Emily, vuelve con tu madre y con tu hermana; yo las alcanzo en un rato. Asentí a lo que me pidió y volví con ellas. —¡Mira, mamá! ¡Dios! Es tan enorme esa piedra, no lo puedo creer. —No mereces menos, mi amor. Te lo dije, Mathew es el hombre perfecto para ti, estoy segura que tu vida será mejor que la mía. Emily, ¿no le dirás nada a tu hermana? Mira que hará del apellido de tu padre algo mejor. —Felicidades, Lau. Estoy feliz por ti. —Ya quiero ver lo que dirán las vecinas al enterarse, en el próximo evento social que tengamos sé que serás tema de conversación, mi amor. Ya lo creo, por eso a esos dichosos eventos prefiero quedarme en casa; aunque desde siempre Margaret prefirió no llevarme con ellas, lo agradecía, no me moría por fingir ser feliz en frente de todas esas personas. —¿Por qué Mason tarda tanto? —Allí viene —dije señalando detrás de ella. —¿Por qué demoraste tanto en venir? —Oh, es que me quedé charlando con la administradora —responde mirándome con una sonrisa fingida. El conductor de la familia esperaba por nosotros, así que era hora de volver a casa después de una noche que parecía nunca terminaría. —Espero que me sorprendas con mi regalo de bodas, debe ser mil veces mejor que el auto que me diste. —Claro que sí, mi amor. Oh, es que no puedo creerlo, mi niña más pequeña se casará. —Y no con cualquier hombre, estamos hablando de Mathew Holman. —Solo quedas tú, Emi. Algún día también deberás comprometerte. —No creo que eso sea por ahora —refuta mi madrastra—. Primero debe crear una vida en la sociedad y claramente no la tiene. No digo que no puedas casarte, ni mucho menos, pero el hombre que lo haga ha de ser uno muy… muy normalito. —No tengo aspiraciones de contraer matrimonio, por lo menos no en este momento; no tengo afán por cambiar mi apellido por el de otra persona. Soy joven y… —El tiempo pasa, mi querida Emily. Mira que tu hermana ha sido astuta y ha sabido aprovechar al máximo todo, allí está su recompensa. No creo que un hombre sea una recompensa, es un absurdo. Al llegar a casa Laura abrió todos sus regalos, una de las señoras que trabaja en la limpieza de la casa le ayuda a acomodar las cosas. —Oh, esto es lindo, pero ya tengo uno igual —dice sacando una pulsera de una cajita de terciopelo rojo—. ¿lo quieres? Laura extiende el pequeño detalle hacia mí. —No, cariño. Es de mal agüero obsequiar lo que alguien más te regala, mejor consérvalo. Además, ese no es el estilo de Emily, ¿verdad, Emi? —No, ese no es mi estilo. Todos debíamos estar allí para ver a Laura, así que esperamos que destapara hasta el último de los regalos. Mi padre en cuerpo estaba allí, pero en su mente estaba en otra parte, se notaba pensativo, tanto que fue el primero en retirarse. —Ya me voy a la cama, tengo un leve dolor de cabeza. Mi amor, me alegro que hayas disfrutado de tu fiesta y una vez más te felicito por tu compromiso, soy feliz si también tú lo eres. —¿Tan pronto te vas? Pensé que podríamos tomar una copa de vino antes de ir a dormir. —No mamá, está bien, también quiero descansar; tengo los pies adoloridos. —Oh, entonces está bien. Emily, ayúdale a tu hermana a guardar las cosas en su habitación. Me puse de pie y recogí todos los obsequios que ya estaban destapados. —Déjeme a mi señorita, Emily. Yo lo hago, usted vaya a su habitación, también se nota agotada. —Oh, gracias Rita. Fui a mi cuarto para descansar, solo bastó tocar la cama para caer completamente rendida en ella. La mañana siguiente me desperté un poco antes, algo extraño sentí que mi cuerpo reaccionó. Al ver la hora eran un poco menos de las siete. No alcancé a poner uno de mis pies en el suelo cuando escuché que tocaban a mi puerta. —¡Emily! ¡Emily despierta! —¿Qué sucede? Froté mis ojos medio desorientada, ni cuenta me había dado que tenía la misma ropa de la noche anterior aun puesta. Abrí la puerta y estaba ella con cara de espanto. —¿Qué sucede? —pregunté una vez más en medio de un bostezo. —Algo pasa con papá, quise ir abajo, pero mamá me retuvo. No entiendo que sucede. El sueño se espanta de mí en solo segundos, por lo que no dudé en correr hacia las escaleras y bajar. —Vuelves cuando sepas algo —susurra Laura desde arriba. Margaret estaba afuera del despacho de mi padre cruzada de brazos, caminaba de un lado para el otro. —¿Qué pasa? —Nada, vuelve con Laura, no dejes que venga. —No, ¿Qué pasa con papá? Cuando quise pasar hacia su despacho, unos hombres salen de él. Nos observan como bichos raros y siguen su paso. —Recuerde, señor Murphy, vendremos en la fecha estipulada, esperamos tener una respuesta. —Así será —responde papá. Los hombres de traje y corbata se van de nuestra casa, al ver a mi padre sabía que no estaba bien, su piel pálida y sudorosa lo delataban. —¿Qué dijeron? —cuestiona mi madrastra como si supiera lo que pasaba. —No darán más espera. Margaret da unos pasos hacia atrás con la mano en la cabeza. —Cariño, ¿estás bien? Mi padre la sostiene y le ayuda a sentarse en uno de los sillones de la sala. —Esto no puede estar pasando, me niego a creer una tragedia como esta —dice en medio de su delirio. —Buscaré una solución, no te preocupes. —¿Qué pasa papá? —¿Cómo lo vas a resolver? —pregunta mi madrastra. Ellos continúan su conversación ignorando mi presencia. —No lo sé aun, no creo que otro banco quiera prestarme más dinero. —¡Ay no! Me voy a morir, no puede ser… ¿Margaret Tesland en bancarrota? —¡¿Qué?! —grita Laura deteniéndose a la mitad de las escaleras.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD