Narra Emily
Margaret lleva dos días en cama, le vino tan mal la noticia que su cuerpo se desplomó. No ha querido salir de la habitación desde que se llevaron el auto que mi padre le compró a Laura de cumpleaños. Por lo poco que pude escuchar lo incautaron como parte de pago de una de las tantas deudas que tiene mi padre; yo si decía que los gastos que estaba teniendo en las propiedades que adquiría para vacacionar, los viajes y muchas cosas que están en casa, eran demasiado costosas para el ritmo de producción de la empresa de mi padre.
—¿Quieres un poco de té? —le pregunté a mi padre.
Lleva horas en su despacho mirando hacia el infinito.
—No, estoy bien.
—¿Estás seguro? Llevas mucho ahí sentado, no has descansado, ¿por qué no vas a tu habitación?
—No, aquí estoy bien.
—¿quieres que te haga compañía?
—No, solo ve con tu hermana y pregúntale si quiere algo.
Me alejé con tristeza porque realmente me afecta verlo tan preocupado, él no ha querido hablar al respecto lo que me ocasiona algo de ansiedad.
Subí las escaleras hasta la habitación de Laura, es la más grande de este piso, se hizo de esa manera porque su closet es gigantesco. A un par de pasos, me detuve al escuchar una conversación entre ella y su madre.
—Mamá, esto puede afectar mi compromiso con Mathew, ¿Qué pasará cuando se entere? No creo que quiera casarse con una fracasada, ¡Estoy perdida! Es que no acepto la idea de ser pobre.
—Calma, cariño. Nadie tiene por qué enterarse, esto solo lo sabe tu padre, nosotros y esa gente del banco, pero después que ninguna comente nada; podemos seguir con nuestra vida, seguirás asistiendo a los compromisos sociales, acompañarás a Mathew a donde te diga y listo, tu padre no nos dejará de esta manera, tiene que hacer algo. Vamos a continuar con las preparaciones de la boda, de igual manera él es el hombre y debe hacerse cargo de los gastos; una vez te cases no tienes que preocuparte por nada, aseguras tu vida.
—Tienes razón, trataré de agilizar las cosas entonces, pero ¿Qué puede hacer papá? Es que aún no puedo creerlo, ¿Cómo pudo permitir llegar a este punto? Fue tan vergonzoso para mí que se llevaran el auto. La maldita de Tiffany me dijo que pasó por el frente de nuestra casa cuando lo estaban sacando, no te imaginas como me sentí; es una burla ¡Es una burla! Jamás se lo perdonaré a mi padre, te lo juro.
—No pasa nada, cuando alguien te pregunte dirás que no fue de tu agrado, que el color era feo para tu gusto. Tu imagen se mantendrá intacta, solo es cuestión de ser inteligentes.
—¿No estás preocupada? —preguntó Laura.
—Un poco, pero estoy segura que algo podemos hacer, de eso estoy segura.
Di un par de pasos hacia atrás, no podía entrar en esa habitación sabiendo lo inconscientes que son con mi padre, esto no es su culpa; gran parte de las cosas que él traía a casa eran para complacerlas en todos sus caprichos.
—¡Señora, Murphy! —dice en voz alta la señora Rosario, la ama de llaves.
—Sí, ¿dígame?
La señora pasa por mi lado y se detiene en frente de la habitación.
—Lamento interrumpirlas, señora Murphy, abajo la buscan.
—¿Quién? No me diga que son mis amigas del club. Le dije que no quería ver a ninguna de mis amigas, dígales que estoy en México de vacaciones; no quiero ver a nad…
—¡Oh! No señora Murphy, abajo está la señora Amelia O´Brien.
—¿Amelia? Qué raro, ¿Qué quiere?
—No lo sé, señora Murphy, ella la espera en la sala.
—Sí, dígale que bajo en un momento.
La ama de llaves vuelve a pasar por mi lado y baja las escaleras, detrás de ella pasa Margaret acomodando su cabello. No se ve tan mal para decir que está enferma.
—Busca un poco de té para tu hermana, no se siente bien.
—Ya voy.
La mujer baja las escaleras con cuidado, yo voy siguiendo sus pasos; por el camino la observé y su cuerpo luce perfecto, la última cirugía que le pagó mi padre la dejó perfecta. Su trasero quedó enorme y su cintura muy pequeña.
—¡Amelia! Oh, que grata sorpresa.
La cara de Margaret cambió, al igual que su actitud. Ella siempre se hace ver bien ante los demás, se ha preocupado tanto por lo que otros piensan que su vida gira entorno a la sociedad.
—Oh, es un gusto verte, Margaret. Luces radiante, como siempre.
—Gracias, eres tan gentil en decirlo.
Pasé a la cocina y desde donde estaba escuchaba esa irritante voz.
—Lamento venir sin previo aviso, es que tengo algo muy importante que hablar contigo y con el señor Murphy, ¿él está en casa?
—Sí, está en su despacho. ¡Rosario! ¡Anita! Quien esté por allí, por favor, díganle a Mason que venga.
Rosario estaba conmigo en la cocina, me ayudaba a preparar el té para mi hermana.
—No se preocupe Rosario, vaya, yo puedo hacerlo.
—¿Segura, señorita?
—Sí, segura. Si quiere termine lo que tiene pendiente, yo me hago cargo.
Rosario sale de la cocina, esta no es una de sus funciones, pero despidieron a tres de las señoras que nos ayudaban en casa; mi padre no tuvo más opción.
—¡Amelia! Es muy sorpresiva su visita, bienvenida a la mansión de los Murphy —dijo mi padre al rato.
La señora O´Brien, es una amiga de la familia, la conocimos en un evento muy importante que se realizó en la ciudad, era un encuentro de empresarios, de milagro pude ir con ellos. Esa noche la conocimos a ella, fue amable y muy educada, hasta compartimos la misma mesa en la hora de la cena. La señora recatada, fue en representación a la empresa de su hijo Alexander Walker, esa noche le dieron una especio de conmemoración a ese hombre, quien al parecer estaba en estado de coma. La verdad casi todo el evento giró en torno a él y los negocios que tenía.
—Sí, lo sé. Para ser la primera vez que los visito, debí enviarles un mensaje, lamento aparecer de esta manera.
—Oh, no. Te puedes sentir como en tu casa, ahora bien; me dicen que quería verme ¿en qué podemos ayudarle?
—No sé cómo decirlo sin que se escuche mal, la verdad es que hace mucho me he aislado de la sociedad y de todos, ya saben; desde que mi hijo está en casa, por lo que no conozco a muchas personas y en ustedes vi una luz maravillosa, tienen una preciosa familia.
—Gracias, Amelia. Es que siempre nos hemos enfocado en inculcar en nuestras hijas muchos valores.
—Se nota, todas las personas hablan muy bien de sus preciosas hijas. Sin duda serían la mujer perfecta para cualquier hombre, es por eso que…
Un silencio aparece y de la nada la tetera comenzó a sonar. ¡Carajo! Presioné el botón digital de la cocina y bajé la tetera con cuidado.
—…Quería saber si su hija Laura podría casarse con mi hijo Alexander.
Detuve lo que estaba haciendo y puse aún más atención a la conversación.
—¿Qué?
—Bueno, es que… Dios, esto es complejo para mí. Lo que pasa es que siento que es el momento para que mi hijo también pueda hacer una vida, que el estar en una cama no sea una limitación para él; Alexander fue un maravilloso hombre y merece tener a su lado a una mujer con todos los principios que tiene su hija, ustedes son padres y sé que entiende mi posición. Tal vez les parece algo extraño lo que les digo, pero de verdad, de verdad siento que sería lo correcto para él y que más que una chica de la altura de Laura para hacerlo.
Mi corazón estaba exaltado, ¿Cómo puede pedir algo así?
—Amelia, me sorprendo un poco, no esperaba algo así. Pero…
—Pero hay un inconveniente —dice Margaret interrumpiendo a mi padre.
—¿Sí? ¿Cuál es?
—No sé si lo sabes, pero mi Laurita se comprometió recientemente con el señor Mathew Holman. Es un gran empresario de la ciudad y todas esas cualidades hermosas que usted vio en mi hija, él también las ha visto por lo que se comprometieron hace poco tiempo.
—Oh, eso es una lástima —responde la mujer.
Yo veía como el agua que había hervido, se enfría ante mis ojos; pero estaba inmóvil.
—Pero nuestra hija mayor, Emily, es soltera; creo que usted la conoce, es una chica ejemplar. Ella tiene un corazón precioso, es alma de Dios, estoy segura que ella estará feliz de casarse con un hombre tan excepcional como su hijo Alexander. ¿verdad cariño?
Abrí mis ojos impactada, sentí como mi corazón se detuvo ante lo que había escuchado.
—Sí, mi esposa tiene razón —responde mi padre.
—¡Oh, vaya! Eso es maravilloso. ¿Ella está en casa? Me encantaría darle un abrazo y conocerla.
—No, ella está en clases de equitación en este momento —responde Margaret ante la petición de la mujer.
—Eso es una lástima, pero espero poder hablar con ella pronto; la verdad estaría feliz de hacerla parte de mi familia.
—Ella también lo estará.
—¡Qué maravilla! Déjenme decirles que yo me hago cargo de todo, los preparativos y todo lo que se requiera —menciona la mujer emocionada.
Yo estaba como una estatua mirando el agua fría de la tetera, dejó de salir humo de ella hace mucho.
—Rosario, acompañe a la señora O´Brien a la puerta, por favor.
Un nudo se estaba haciendo en mi garganta, no quiero casarme con ese hombre.
—¡Emily, ven aquí! —grita Margaret desde la cocina.
—No voy a casarme —solté con un hilo de voz.