Me alteré aún más cuando escuché el comentario de mi mejor amigo, es decir, ¿Quién se cree que es él como para atreverse en haber venido a decirme estas cosas? Sí, sé qué era mi mejor amigo, le adoraba, Jonathan era lo mejor que me había pasado en la vida, más no por ser mi mejor amigo, él debería creerse en la capacidad de querer decirme cosas tan feas y ofensivas como esas.
La verdad, él sí había conseguido ofenderme ese día, pero la emoción de lo que estaba sucediéndome, hizo que yo me olvidara rápidamente de estar enojada con él.
— Ya, lo siento, no debí decirte eso así, de esa manera, pero sabes que es la verdad, a veces eres muy amargada, y a los chicos eso no les gusta, a ellos les gustan las chicas con carisma, que sean divertidas, que se atrevan a arriesgarse a probar cosas nuevas, y tú… Bueno, tú no eres tan así que digamos — dijo él.
Ahora bien, Jonathan sí que se había pasado de la raya, y no me pude aguantar, incliné mi cuerpo hacia abajo para recoger la ropa que tenía desordenada en el suelo a mis pies, que era la que me había cambiado, le doy forma a la ropa como si fuera un balón de fútbol americano y se lo lanzo a Jonathan con la intención de que esta pueda caerle en la cara y que le doliera.
El balón de ropa sucia le cae a Jonathan justamente en dónde yo quería que le cayera, y este se ha quejado con haber sentido ese golpe. Se quejó como si bien se trata de un niño chiquito que con caerse tan bobamente, este terminaba llorando como si le hubieran golpeado lo suficiente como para que le doliera.
— Ya, deja de quejarte, eres un llorón — le digo a Jonathan, con una sonrisa divertida en mi cara, y aguantándome de las ganas de reírme de él.
Jonathan se queda mirándome como si no le hubiera gustado para nada mi mala jugada.
— Bueno, apúrate, tienes una cita que cumplir y no creo que quieras llegar tarde, ¿O sí? — preguntó él.
Asiento con la cabeza, y me apuro en salir de la habitación, pero antes de que yo me pierda por entre el pasillo de salida de las habitaciones, Jonathan sale de mi habitación, y me llama.
Me detengo en cuanto lo he escuchado llamarme.
— Qué disfrutes tu cita, no te olvides de contarme los detalles cuando vuelvas, ¿Está bien? Voy a estar en la cafetería mientras tanto — dijo él, mientras permanecía inmóvil desde la distancia de la puerta de mi habitación.
Le sonrío.
— Sí, claro que sí, me guardas una porción de pizza de pepperoni antes de que se acaba toda — le digo.
Él me sonríe y asiente con la cabeza, vuelve a meterse dentro de mi habitación y veo cuando él cierra la puerta para tener privacidad, pues él sabía muy bien que ni a mi compañera de habitación, ni a mí nos gustaba que la puerta quedara abierta de par en par dejando a la vista lo que nosotras teníamos en nuestra habitación a los demás que transitaran por allí, así ella no estuviera, así yo no estuviera, la puerta siempre debía de permanecer cerrada.
Me apuro en salir del edificio de las residencias de la universidad, y entonces, comienzo a dirigirme a la cancha de fútbol, pues allí era donde habíamos quedado de encontrarnos Mason y yo, todo por la estupidez de que no le gustaría la idea de que nos vieran juntos justo cuando allí estaría todo el mundo festejando el último día de clases con el partido que los chicos del equipo de fútbol americano organizaban para cada semestre de la universidad.
Continuo caminando hasta que llego a mi punto de encuentro, me quedo de pie cerca de la puerta de entrada a la cancha, viendo como todo el mundo ya se encontraba allí, había música, había carritos de comida, sirviendo ya a quienes lo pedían, las animadoras estaban en la cancha haciendo sus shows para los chicos quienes les gritaban con gusto porque ellas eran muy sexys y hacían las cosas muy bien.
Había uno que otro profesor por allí, alcancé a ver al profesor Russel, el profesor que dictaba mi clase de leyes, estaba en el puesto de hot dogs, precisamente, comiéndose uno mientras lo acompañaba con una Coca Cola.
Vi a todo el mundo, pero a Mason no lo veía, y ya me estaba preocupando porque habían pasado ya cinco minutos de su retraso desde que yo me quedé aquí esperando a que él apareciera. Por suerte, solo fueron cinco minutos por qué al comenzar a desesperarme, él apareció, acompañado de un grupo de chicos que yo conocía muy bien como sus amigos, entre ellos, estaba Shelly, la chica más popular de la universidad, la chica que ansiaba con mucho deseo ser la mujer de Mason, pues era de su misma clase social, salvo que lo único que le diferencia de él, era que ella no estudiaba para ser abogada, sino que estudiaba negocios internacionales para ser capaz de manejar la empresa de su familia que ella presumía como suya también.
Ellos venían caminando hacia mi dirección, y yo me quedo mirándolos, vaya sí que se notaba como se presenciaba, cambiaba todo alrededor de ellos, era increíble la forma en como los demás estudiantes de la universidad eran capaces de dejar de hacer sus cosas solo para quedárseles mirando así como lo hice yo.
— Hola, señorita Park, me alegra que haya venido a cumplir con nuestra cita el día de hoy — dijo Mason en cuanto ellos se acercaron hasta donde yo estaba, los demás entraron a la cancha sin siquiera saludarme, siguieron derecho para dejarnos a Mason y a mí solos, no me importó, seguramente ellos creían que yo era muy poca cosa para juntarme con ellos para ser parte de su grupo.
— Hola, señor Hugh, sí, aquí estoy, soy una mujer de palabra, por si no te has dado cuenta — le dije a Mason con una sonrisa en mi rostro que me fue imposible no disimular tan solo un poco ante él.