TESSA Me desplomé en la silla de la sala de espera, Preston no dejaba de caminar frente a mí; el golpeteo de sus botas contra el piso me estaba destrozando los nervios. —Tessa levántate, vámonos a casa —ordenó Preston, deteniéndose en seco—. Esto es un espectáculo mediático, los fotógrafos están afuera y tú pareces una loca sentada ahí vestida de blanco. —Brett está en esa sala, Preston —respondí sin mirarlo—. Está vivo. ¿Entiendes lo que eso significa? —Significa que un hombre que fue declarado muerto ha regresado —espetó él, bajando la voz al ver que un enfermero nos observaba—. Pero tú y yo estamos casados. Hay un contrato legal, una ceremonia terminada, eres mi esposa por Dios santo. —Me casé porque estaba segura de que Brett estaba… todo mundo dijo que no había forma de que hubie

