> es lo que ruega a gritos mi subconsciente. Cierro mis manos, hasta formar dos puños. Desearía que ésta sensación horrible, la de querer oírle y al mismo tiempo huir lejos de su presencia, se apaciguara al tiempo que mis uñas se hunden en mis palmas. —Nicci —exclama en un lamento—, sé que estás dudando; sé que quieres escucharme; sé que estás herida y confundida; que me detestas y estás enojada porque mi actitud no ha sido la mejor, pero tambien sé que me amas como yo te amo: de una manera casi dependiente; que en el fondo no te importa el tiempo que haya pasado, ni las cosas que hayan sucedido, te mueres por oírme, por abrazarme, y por estar conmigo. > advierte mi vocecita interior > —No —digo ignorándolo y obedeciendo a mi yo orgullosa—. Vete con ella. Vete con Marina y

