«Si de ésto va el tratarme como una reina, bendito sea el árabe» —Estás muy excitada —suelta, agitadamente y aumentando el ritmo de las embestidas. —Estoy ardiendo —musito, aferrándome de la seguridad que me provee su brazo y arañando sus muslos, o tirando del elástico del bóxer varias veces. Una risita seductora se apodera de sus cuerdas vocales y retirando sus dedos de mi interior, alejándose, pregunta —¿Qué quieres gitana? El silencio inunda el ambiente y a través del espejo, tras enderezarme y recobrar en parte el aliento, embobada observo que se despoja del calzoncillo, que su torso tatuado luce de infarto, que me encanta la mata de vello que va desde sus pectorales hasta su vientre y que... ¡Demonios! Su m*****o está tentadoramente erecto. Rashid me pilla mirándole y con des

