Con suavidad aprieto sus brazos y me acurruco contra él. Ya sé que estamos llenos de defectos, de fallas, de malas decisiones y que somos más contras que pros, pero lo real y valedero es que juntos somos felices. ¿Qué importa lo que piensen los demás entonces? No nacimos para contentar al resto, ni para vivir al pie de lo que la gente crea ética, moral, o sanamente correcto. Rashid y yo estábamos destinados a encontrarnos, enamorarnos, y acabar como estamos ahora: abrazados, mirando un anochecer y diciéndonos lo bien que nos hacemos el uno al otro. Cómo puedo y aún entre sus brazos, giro para observar su rostro. No tengo idea de cuánto vaya a durar ésto. No sé si serán meses, años, o la vida entera. Tampoco sé si un día viviremos juntos, si seremos algo más que una pareja, o si t

