22. Llevo más de tres años esperando por ti. (Presente)

1396 Words
Podía sentir sus piernas, casi temblar por los nervios mezclados con la necesidad de sentirlo, cuando los dedos abandonaron su interior y fueron cambiados por el m*****o duro de aquel hombre, se llenó de impaciencia, como si de repente todo fuera muy lento y él necesitara acelerarlo, iba a pedirlo de nuevo en el preciso instante en el que sintió aquella deliciosa presión abriéndose camino en su interior. — Ahhh.—Un gemido gutural abandonó la garganta de Vladímir mientras le arañaba los brazos como si quisiera traspasarle parte de su dolor, parte del ardor que sentía a medida que su amante se abría camino en su interior. — Duele... — Relájate... amor mío — Fue lo único que susurro Russell antes de empujarse un poco más, deseaba causarle el menor daño posible a su príncipe, quien pronto se convertiría en su reina, porque él la haría emerger y despertar a su lado. — Muévete.— él mismo se empujó contra aquel dolor, contra la dureza que reclamaba espacio cada vez más profundo entre sus nalgas, en el interior de estas, porque por nada quería que aquel hombre parara, besándolo furioso, lleno de necesidad, de ansias, de ese amor desenfrenado que podía volverlo loco, jodidamente demente solo con perderlo de nuevo. — Eres un impaciente...—Mencionó Russell tomándolo de las caderas y empujándose de golpe hasta el fondo, una vez ahí, no pudo aguardar a que se acostumbrara al dolor, sus caderas volvieron a moverse hacia atrás, y hacia adelante, reclamando lo que era suyo, lo que creía suyo y sería suyo a partir de ahora. — Llevo más de tres años esperando por ti. El gemido que salió de la garganta de Vladímir después de hablar se asemejaba más a un grito, un grito de dolor, al ser completamente penetrado, apoyó los talones en el borde del piano y se empujó contra él en busca de más, poco le importaba el ardor en el trasero, siempre dijo que quería quemarse con su fuego y necesitaba sentirlo con toda la crudeza del momento. — Vladímir...—Gimió el nombre del joven, justo al momento de volver a quedar hundido por completo en su interior, los espejos en la habitación solo hacían que el morbo entre ellos aumentará al verse reflejado en cada uno de ellos.— Joder... — Ethan... Muévete... —Exigió nuevamente viendo cómo miraba alrededor, provocándole celos al ver que era lo que lo tenía tan cautivado y descubriendo al girar el rostro que salían reflejados en todos los espejos, maravillado con la imagen hasta volver a quedar abducido por los ojos de Russell fijos en los suyos a través del reflejo. —No te pares... Ahh joder toma lo que es tuyo... Ethan Maldijo al no estar preparado para la corriente de placer que se extendió por su cuerpo, al sentir esa entrega en el joven, al verlo entregado a él, y al mismo tiempo ser consciente de que partir de ahora el chico sería su prioridad, no habría nada que él no hiciera por ese chico, sacrificaría su reino incluso por seguir teniéndolo en sus brazos. Había tenido múltiples amantes y todavía más numerosos encuentros sexuales, pero en ninguno se sintió tan apegado, tan entregado como lo estaba con Vladímir. Habían pasado cuatro años desde que se conocieron, cuatro años en los que hasta se había casado y divorciado de nuevo y dónde lo único que deseó fue poder estar así, piel con piel, con el joven, sacarse las ganas y poder quitarse la obsesión que parecía provocarle, pero para su sorpresa no solo no se terminó su obsesión, sino que incrementó al no lograr saciar lo que él le provocaba en ningún otro cuerpo. — Tus deseos son órdenes — sus labios se deslizaron por la piel del cuello de su príncipe, porque eso era lo que era, suyo, su próxima reina negra. — Llevo cuatro años esperándote — Le contestó marcando la piel de su cuello, dejando constancia de ese encuentro, disfrutando de sus uñas cortas, hiriendo la piel de su espalda, haciéndolo gemir contra su piel, embistiendo más fuerte en su interior, golpeando su próstata una y otra vez, sin descanso. — Por favor...— Vladímir Rogaba de nuevo, parecía que se pasaba rogándole desde que se habían vuelto a ver aquel día en las duchas y ya no había parado de desear cada uno de sus contactos y, a pesar de fantasear con él sin parar, nada podía compararse a lo que era tenerlo así, dentro de él, así sobre él, besándolo como lo hacía, robándole el aliento y haciéndole consciente de que le entregaría todo, cualquier cosa que le pidiera solo por qué fuera verdad que le amaba.— Te amo...—Confesó en un gemido sintiendo una corriente de placer que lo recorrió por completo haciendo que casi terminara en ese mismo instante. No podía aguantar, era su primera vez y Russell lo tenía al límite, se llevó una mano a su erección apretándola. Intentando aguantar un poco más, pero en un nuevo golpe en su próstata no pudo evitar correrse de forma copiosa sobre su abdomen, entre gemidos y menciones de su nombre, revolviéndose bajo su cuerpo y apretándolo en su interior como si su cuerpo exigiera ser llenado por la semilla de su amante. — Te amo...—Jadeó Ethan apretándose a su cuerpo, buscando sus labios, moviendo las caderas más rápido, era incapaz de no correrse, de no seguirlo al sentir como lo apretaba en su interior.— Lo siento, pero después de esto no puedo dejarte ir… ahora no hay marcha atrás posible — Gruñó contra sus labios embistiendo una última vez, corriéndose en su interior sintiéndose más unido a él que nunca. — No me dejes ir, por favor no vuelvas a dejarme, no lo soportaré. — Gimió una última vez en su boca al sentir el calor de su semilla, llenándole las entrañas, y sus palabras, inundándole el corazón, le creía, porque había algo en eso que habían hecho, que lo hacía sentirse muy unido a él. — No era mi intención que esto fuera así, deseaba que fuera un momento especial —Confesó Russell buscando sus labios, besándolo, atrayéndolo hacia él, y volver a quedar sentado sobre el taburete. — Ha sido perfecto, el lugar no es lo que hace las circunstancias especiales, sino las personas con las que lo compartes.—Vladímir quedó sentado sobre él, abrazado a su cuerpo, sintiendo el calor de su cercanía mientras compartían besos llenos de suavidad y sentimiento porque se podía sentir todo aquello que sucedía entre ellos en cada roce de lengua, en cada caricia, en cada suave mordida que se daban y parecía querer quedarse un poco más el uno del otro. — En estos momentos no deseo separarme de ti, pero tendremos que irnos, Bradley no tarda en tocar la puerta — llevó su mano derecha por su rostro acariciándolo y esperando que Bradley tocará y no se atreviera a entrar de golpe, de hacerlo Russell estaba seguro de que si no lo mataba le quitaría uno de sus ojos solo por simple hecho de atreverse a ver Vladímir desnudo. — Podemos seguir en la celda, tenemos mucho tiempo que recuperar.— Murmuró Vladímir contra su boca, besándolo de nuevo antes de apartarse con pesar de su cuerpo para vestirse y salir de allí en dirección a su nueva celda. — Tenemos todo el tiempo del mundo, y si no ambos podemos tomarlo a la fuerza. No dejaba de responder a sus besos, sonriendo por sus palabras, Russell no era consciente de que sonreía y es que él jamás lo hacía, él jamás encontraba motivo para reír de manera espontánea y sobre todo natural, solo por el simple hecho de estar feliz, porque en ese momento lo estaba, estaba muy feliz de por fin poder estar con la persona que a pesar del tiempo no había podido olvidar. Porque si de algo estaba seguro, Russell era que ya no podía negar lo que sentía por Vladímir, es más, desde hacía cerca de cuatro años, Russell sabía que estaba perdido y que Vladímir Ivanov no solo le importaba, era también su debilidad. Tiró una última vez de Vladímir para besarlo, antes de que la puerta del pequeño salón de baile fuera tocada. — Es hora de irnos, mi príncipe.
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