20. Si estoy soñando, no me despiertes. (Presente)

1234 Words
El chico respiró profundo tres veces mientras se visualizaba fundiéndose con la música. Llenándose de diversos colores que parecían contaminarlo, creando en él un colorido mapa musical, y es que así es como Vladímir sentía la música como colores llenos de significado que lo empujaban a dejarse llevar, que inundaban su piel, atravesaban sus venas y se repartían por su sangre hasta cada una de sus células. Era muy complicado describirlo, porque era una sensación a la que no era fácil poner palabras. Y sin esfuerzo alguno fluyó, los colores imaginarios que únicamente él sentía y veía lo hicieron danzar delicadamente, en movimientos perfectos generados por aquella más perfecta electricidad de colores que lo atravesaba, con ejecuciones pulidas, exactas que llenaban su cuerpo de una extraña sensualidad llena de una belleza imposible de ignorar. Dejar de tocarlo había requerido de demasiado esfuerzo para el americano, un esfuerzo que le hizo usar todo su autocontrol y es que llevaba muchos años conteniéndose, esperando, manteniéndose alejado de algo que ansiaba con tanta fuerza y un hombre como él no era demasiado paciente, sobre todo cuando tenía delante el motivo de sus desvelos. Sus dedos se movieron con gracia y delicadeza por las teclas del piano, dando vida a la pieza de Chaikovski, el lago de los cisnes, viendo como esta daba, a su vez, vida al cuerpo del príncipe mimado ruso, al cuerpo que no había dejado de imaginar cubriendo, acariciando y sentir estremecer bajo el de él. Estos años, lejos de él, habían hecho que hiciera cosas que jamás había hecho con ninguno de sus amantes, vigilándolo de lejos y asegurándose de que nadie más entrara en su corazón, encargándose de que cada posible amante desapareciera, porque era suyo, desde antes de que estuviera bien o le fuera permitido desearlo. Su mirada se endureció ante sus pensamientos y también se encendió ante los celos y el sentimiento posesivo que a pesar del pasar de los años seguía sintiendo por el joven. Celoso de pensar que si no se hubiera comportado como un psicópata pendiente de él, posiblemente alguien más hubiera tenido lo que le pertenecía, hubiera probado lo que solo era suyo, por derecho propio, porque se lo arrebataron y no le dejaron vivirlo tiempo atrás. Pudo tomarlo en las duchas el otro día; sin embargo, y a pesar de que deseaba tomarlo, no quería que fuera a la fuerza, lo que realmente esperaba era que el joven Ivanov fuera el que se entregara a él, del mismo modo que en ese momento se entregaba al baile y la pieza que él tocaba, de manera natural, sin presiones, solo cuando eso ocurriera lo tomaría por completo para no dejarlo escapar jamás. Vladímir levantó la cabeza y esos enormes ojos grises se clavaron en los de Russell, otra vez pudo ver el fuego reflejado en una mirada del color de su elemento contrario, un fuego que le fascinaba. Fuego, fuego en unos ojos azules, fuego en el agua, una perfecta lava azul en la que quería quemarse. Dejó de bailar y caminó hasta el hombre sentado al piano, no podía más, ni siquiera la emoción de aquel regalo, su propio refugio en medio de un lugar tan deprimente como podía ser la cárcel, su propio oasis con el hombre del que estaba enamorado, más que un castigo, su detención parecía un sueño. — Si estoy soñando, no me despiertes—pidió arreglándoselas para sentarse sobre él, a horcajadas, entre él y aquel piano que tocaba tan perfectamente como deseaba fuera capaz de tocar su cuerpo. — Este es el sueño húmedo más recurrente que he tenido desde aquel verano, tú al piano y yo entregándome al placer contigo— murmuró en su oído antes de llevar las manos hasta su sudadera gris, típica de los presos de esa cárcel, y tirar hacia arriba para quitársela. — No estás soñando, mi hermoso príncipe. Ethan no se esperaba que Vladímir fuera hacia donde se encontraba interpretando la pieza de Chaikovski al piano. Mucho menos que se colara en ese estrecho espacio que había entre él y el piano. Pero ahí estaba sentado sobre sus piernas, haciendo imposible que pudiera controlar sus manos, las cuales recorrieron la espalda del joven, atrayéndolo hacia su cuerpo, sus labios buscando la piel del estilizado cuello, dejando besos húmedos y subiendo hasta mordisquear su barbilla mientras le escuchaba atento. — Por qué no hay nada que haya deseado más que eso, porque todos estos años me he dedicado a preparar mi venganza contra ti, yo quería ser una reina digna, una blanca que terminara con el rey n***o que un día la abandonó y le hiciera saber lo mucho que se equivocó al dejarla Confesó Vladímir moviéndose sobre él, frotándose contra su pelvis de forma descarada mientras deslizaba los dedos por su piel, cada músculo, cada pliegue, el extraño y pequeño tatuaje que parecía tener sobre el pectoral derecho. — Una reina blanca que derrocará a un rey n***o como yo— solo así se alejó de los labios de su piel para verlo a los ojos — sería una buena venganza contra este idiota y tonto rey n***o… — Definitivamente, sería una buena venganza contra él, sabía que la forma que se había alejado de él hacía unos años atrás no había sido, ni la mejor, ni la más adecuada, pero lo único posible en aquel instante. — ¿Es un cisne?— Preguntó el chico bajando a su tetilla y lamiendo lentamente antes de cerrar los dientes sobre ella y tirar con suavidad. Luego lamió esa marca notando algo más caliente que el resto de su piel y entonces lo supo.— No es un tatuaje, es una marca de nacimiento que parece un cisne n***o. — Si, por eso, amé verte interpretar esa parte del lago de los cisnes, porque era como si por fin el cisne n***o en mí hubiera encontrado a su pareja. El roce de sus dedos sobre su marca de nacimiento hizo que su piel se estremeciera mucho más, haciéndolo soltar un pequeño gemido al sentir esos labios y dientes sobre esa parte de su piel. — Entonces debiste ser tan solo, un patito disfrazado de cisne, porque los cisnes se emparejan para toda la vida y tú te marchaste rompiendo la promesa que me hiciste El rubio lo observó sonriendo de forma ladina y negó mientras seguía tocándolo, no podía ni quería apartar las manos de él, no podía ni quería alejar el cuerpo de él que se mantenía en un leve movimiento de cadera buscando el roce estimulante entre sus cuerpos. No era el momento de sacar a relucir sus inseguridades ni el dolor que sentirse abandonado por él le había causado. Nada de lo que hubiera pasado importaba ahora. Absolutamente, nada de lo que hubieran hecho en el pasado, tal vez ni siquiera lo que harían en el futuro, estaban en ese lugar donde solo podían estar el uno con el otro, era lo más adecuado para ellos, pero además lo único que Vladímir deseaba. — Yo jamás dije que era un cisne, siempre te dije que era el malvado hechicero Rothbart.— Murmuró Ethan contra los otros labios, estaba completa duro, y con sus defensas abajo, porque no quería ni deseaba protegerse de la hermosa reina frente a él así resultara ser una reina bla nca y terminara por ganarle la partida.
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