18. Te protejo de mí…(Pasado)

1751 Words
— Así que su pieza favorita es la parte donde sale el cisne n***o del lago de los cisnes. —Pregunto Russell — Debo reconocer que jamás he ido a ver una puesta en escena del lago de los cisnes, pero sí que conozco la obra de Chaikovski y, pese a no saber nada de ballet, diré que si disfrutaría de ver el lago de los cisnes, sería solo si tú estás entre los bailarines. — En realidad esta es una pieza hecha para que la baile una mujer, pero es tan perfecta— aclaró Vladímir con una sonrisa de oreja a oreja por la forma en que Russell lo aplaudía e hizo una reverencia en su dirección para luego caminar hasta él y arrodillarse a sus pies. — Ahora debería regalarme unas flores, los bailarines siempre reciben flores de sus fans— aseguró haciendo un pequeño mohín, casi un leve puchero mientras lo observaba desde abajo, puso las manos sobre las rodillas de Russell y fijó su mirada en la de él. —¿Por qué me ha estado evitando? Russell de pronto pensó en la analogía del patito feo y no es que Vladímir no fuera agraciado en cuanto a su físico. Por supuesto que no solo era bendecido con una buena apariencia, su porte aristocrático lo hacía sin duda todo un Adonis, la razón por la que el mafioso norteamericano creyó que era un patito feo. Era por la manera que todos parecían subestimarlo, tanto su padre como su propio abuelo, parecían no darse cuenta del potencial que el joven tenía, un potencial sin explotar, era como un territorio virgen lleno de riquezas que de no aprovecharlo decaería. Por eso no pudo evitar tomarlo del mentón una vez lo vio a sus pies, por ahora era un príncipe, pero con la ayuda adecuada podría convertirse en un rey, no mejor dicho, en una digna reina negra. Su reina, porque él se consideraba a sí mismo como un rey n***o, y el mundo entero, su tablero en el cual jugaba, pero pese a sus anteriores parejas jamás había sentido que hubiera encontrado un igual, alguien con quien compartir todo su imperio, el cual empezaba a crecer a pasos agigantados. — No huyo de ti — susurro tomándolo del mentón e inclinándose hacia él. — Sé que no vino de vacaciones y que ha estado ocupado, pero sin duda me ha evitado y me gustaría saber que hice, no volveré a intentar besarle si es lo que lo preocupa, no le daré problemas.— deseaba con todas sus fuerzas que no le pidiera eso, pero era mejor saber la verdad para dejar de pensar en él. — Te protejo de mí… Yo soy el hechicero Rothbart y podría convertirte en un cisne, mi cisne y tenerte cautivo para que nadie volviera a verte en una laguna escondida — hablaba dejando que su aliento calentara los labios del joven ruso al tiempo que los acariciaba suavemente con los suyos. — ¿Y me dejaría convertirme en humano por las noches, solo para usted, tal como Rothbart hizo con Odette?— Era imposible olvidar lo que sus besos le habían hecho sentir días atrás y solo por eso su cuerpo entero se estremeció al sentir el calor del ese aliento sobre su boca, se alzó sin dejar de estar arrodillado frente a él y rompió la distancia que separaba sus labios solo para unirlos, sin profundizar simplemente sintiendo una boca contra la otra apenas unos segundos. — Si, todas las noches te dejaría y exigiría que fueras humano.— susurró Russell muy bajito después de ese beso, odiando que el chico se alejara de su boca. — Yo ya soy un cisne encerrado. — Explicó levantándose y caminando hasta donde había dejado su camisa, se inclinó para tomarla y luego se la puso cubriendo de nuevo su torso. — Pero en un par de semanas cumplo los 18 y este cisne enjaulado volará a los Estados Unidos ¿Sabe que mi abuela es de allí? Vive en un pueblito de Texas desde que se divorció de mi abuelo y tiene muchísimos caballos. Explicó que no la había visto desde que era muy pequeño, pero se mantenían en contacto a menudo a pesar de que no quería saber nada ni de su padre ni mucho menos de su abuelo. — ¿Entonces te irás a los Estados Unidos?—Preguntó el hombre por primera vez, ansioso por qué esas semanas pasarán pronto. — Tal vez usted y yo...— sonrió negando por su ocurrencia, estaba más que seguro que Marie Doppler, quien había recuperado su apellido de soltera tras la separación, no aceptaría que nadie que hiciera negocios con su abuelo y padre se acercara a él si al final aceptaba su invitación a vivir con ella. — Y si te vienes conmigo, puedes decir que te vas con tu abuela, pero es conmigo con quién estarías.— Lo cortó Ethan sin dejar que terminara de hablar, hasta él se sorprendió con sus palabras, parecía un adolescente que pensaba con la entrepierna y no con el cerebro. Pero no desistiría, no podía dejarlo en Rusia tan lejos de él ¿Qué tenía ese chico? —¿Quiere llevarme con usted? ¿Qué gana con eso?— el adolescente entrecerró los ojos observándolo, no sabía si lo decía en serio o más bien le estaba tomando el pelo y si lo decía en serio hasta que punto podía confiar, si algo sabía era que la gente que hacía negocios con su familia no hacía nada porque sí. —¿Realmente quiere llevarme con usted? Se acercó a un mueble viejo que había en un rincón y se agachó para sacar una bolsa de tela negra, luego caminó de vuelta hasta el americano sentándose en el suelo frente a él. — ¿Ganar? Si lo reflexionas bien perdería mucho más que ganar, perdería la sociedad con tu abuelo y las cosas en América se pondrían complicadas— le respondió sin dejar de observarlo. Era la verdad, no creía que Yuri consintiera que se llevara a su nieto, le había repetido varias veces lo mucho que quisiera haber evitado la muerte de su hijo pequeño y porque necesitaba alejar a su nieto de todo aquello, indudablemente Russell lo tomaría para él, cosa que al viejo Ivanov le enojaría, no solo porque llevaría a su nieto por el camino por el cual deseaba sacarlo, también por qué era demasiado joven, ilegalmente joven todavía, aunque por poco, muy poco tiempo. — ¿Qué le parece si jugamos a un juego algo infantil para usted, tal vez, verdad o reto? —Preguntó sacando de la bolsa varios botellines de licor típicos de los que hay en los minibares de los hoteles. Siempre robaba varios cuando iba a alguno de los hoteles asociados a los Ivanov y los iba guardando en lugares estratégicos de su casa y de casa de su abuelo, dónde acostumbraba a pasar grandes temporadas.—¿O teme que le acusen de emborrachar a un menor? — Hace mucho que no he jugado a ese tipo de juego. Al menos no donde sea yo el que responda, pero ese juego se puede usar de diferentes formas y los castigos pueden variar de ser inofensivos como beber, hasta perder partes del cuerpo si no se tiene cuidado— le respondió sonriéndole e indicándole con su mano que se acercara, que si aceptaba jugar. —Entonces le haré la primera pregunta, Si contesta yo le doy de beber, si no quiere contestar, bebé doble y también puede cambiar la pregunta por un reto.— Explicaba mientras fijaba su mirada en la de él sin ocultar ese brillo de travesura en esos hermosos ojos grises—¿Para qué arriesgarse a llevarme con usted? — ¿Estás seguro de que quieres empezar con esa pregunta? Porque me apetece, porque siento que puedes florecer mejor lejos de aquí.— pero en su cabeza su propia voz respondía algo distinto "Porque no puedo dejar de pensar en ti, ni quiero pensar en que harás si estoy lejos." Russell podría estar completamente embelesado por el joven, pero también sabía que no podía exponerse a él, el rey una vez expuesto tiende a ser un blanco fácil, además él era una reina sin color todavía, podía protegerlo o podía aniquilarlo. — Espero que no le moleste mancharse ese traje.—Vladímir lo tomó de la mano y tiró de él, haciéndolo sentarse en el suelo porque sabía que sería mucho más cómodo para los dos el suelo que aquella vieja banqueta. Se sentó sobre él, a horcajadas, era todo raro, extremadamente extraño, apenas habían compartido unas horas juntos, después de las cuales, era obvio que lo había estado evitando y ahora le proponía marcharse con él, aunque era ambiguo en su respuesta no dejaba de ser una respuesta. — ¿Entonces estás satisfecho con mi respuesta o gastarás otra pregunta, tratando de averiguar porque deseo ayudarte a salir de aquí? Aunque creo que me toca a mí, ¿verdad o reto?— preguntó acariciándole las piernas y deseando tocar mucho más y con mucha menos ropa, era consciente que todo lo que ocurría era extraño, pero era como si conociera a Vladímir de toda la vida, como si por fin hubiera encontrado esa parte que estaba perdida de él. — Verdad Aunque primero le toca beber— se llevó la pequeña botella de Vodka a la boca bebiendo todo el contenido y juntando sus labios con los del americano para que bebiera de su boca. Y aquello solo fue una prueba más de que parecía conocerlo. Porque de no haberle dado de beber así, sin duda él mismo lo hubiera propuesto, es más, le hubiera exigido que fueran sus labios los que le sirvieran de vaso. No dudó en beber y luego saborear su boca hasta que no quedó ni rastro de licor en los labios del adolescente. — ¿Te gustaría irte conmigo? Esa fue la pregunta que Russell le hizo. Vladímir le respondió de la forma en que el cuerpo se lo pedía, y no fueron con palabras. Lo besó con anhelo y una inmensa necesidad que jamás había sentido, siendo correspondido con las mismas ansias, con las mismas ganas, con la misma necesidad desesperada de perderse el uno con el otro, por primera vez Vladímir estaba enamorado y Russell supo que por primera vez estaba jodido y no deseaba salvarse.
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