— Parece que no vendrá…— Dijo Bradley quién realmente tenía la esperanza de que así fuera, el recuerdo del pasado todavía lo tenía muy presente y no podía evitar el rencor y los celos que el joven ruso le provocaba.
Ethan no respondió, pero eso no significaba que no estaba furioso, si ese chico no iba él mismo lo sacaría a rastras de su celda, pero no pensaba tolerar ni un solo desplante.
"¿Acaso ese mimado creía que podía hacerlo esperar?"
Su pregunta fue contestada justo en el momento que todos callaron, o quizá un poco antes, porque Vladímir tenía algo que hacía a Russell consciente de su presencia instantes antes de que cualquiera fuera capaz de verlo, era inexplicable, simplemente sabía que estaba allí, lo sentía, lo notaba era una sensación inexplicable, pero real.
No tuvo que hablar, solo movió la cabeza para que Bradley entendiera sus órdenes y dirigiera a sus hombres, la orden era clara, cualquiera que se atreviera a molestar o a darle asiento a Vladímir recibiría un buen castigó, lo único que se les permitía era guiar al príncipe hasta la mesa del Rey y hacerle saber que lo estaba esperando.
El problema podría ser Dimitri, pero ya estaba siendo sujetado por tres de los mejores hombres de Russell para no tener que enfrentarse a sorpresas desagradables.
— No podrás impedir que hablé con él.
Le menciono Bradley, quien se había levantado de la mesa donde estaba sentado con su jefe para ser él mismo quien se hiciera cargo del guarda del joven.
En el momento en el que Vladímir volteo con su bandeja de alimentos, el único camino posible para él era la mesa donde se encontraba Ethan con su aura de Rey, aguardando por su compañía.
Para sorpresa de Vladímir no ganó mucho tiempo, la cola se dispersó dejándole pasar, así que le tomó apenas un par de minutos que le sirvieran y al girarse todas sus dudas fueron resueltas, sobre todo al observar cómo contenían a su compañero de celda, eso lo incómodo, era su protector, su mentor, le importaba lo que le sucediera.
Negó observándolo para que no se metiera en problemas. Porque sabía que solo debía hacer una señal para que iniciara una pelea que posiblemente no ganarían y en el mejor de los casos dejaría a varios heridos, los presos divididos y sospechaba que no terminarían siendo mayoría, fuera como fuera, lo único que sabía era que ninguna de esas cosas le convenían.
Su vista se dirigió a la mesa donde el americano lo esperaba, podía sentir el corazón golpeándole el pecho con fuerza, tanto que todo empezaba a oírse lejano y solo imperaba el sonido de sus latidos que ya tenía metido en los oídos, tanto tiempo había pasado y su corazón seguía empeñado en pertenecerle de esa forma ignorando por completo la cruda realidad que su cerebro tenía muy presente.
Se sentó frente a él, sería lo mejor, con la mesa entre sus cuerpos para que nada lo tentara a lanzarse a sus brazos. Jodido cuerpo que lo deseaba con todas sus fuerzas, como se puede tener tanto control hacia los demás con apenas 21 años, y tan poco sobre uno mismo.
Dejó la bandeja frente a la suya y levantó la vista para encontrarse con ese azul infinitamente bello.
Ese azul peligroso que, a pesar de recordar el color del agua, había visto convertirse en fuego en varias ocasiones, pero sabía que su estado más peligroso era el hielo que pudo observar en su mirada años atrás, la última vez que lo vio, abrió la boca para hablar, pero de su garganta no salió sonido, por suerte Russell se adelantó hablando primero.
— Vaya, tres días tardaste en salir, te has tomado muy literalmente lo de hacer creer que te obligué — le guiñó uno de sus ojos azules al ver la cara de pocos amigos que tenía Vladímir— por cierto, tenemos que hablar de negocios, pero por ahora comamos, una cosa más — se inclinó levemente hacia el chico — tus cosas están siendo trasladadas en este momento mi celda, no me agradezcas.
— Se supone que me rompiste el culo, solo quería que resultara creíble, mi trasero es delicado — Mintió, no quería enfrentarse a él, ni a ese sentimiento, ni al odio, ni al rencor, ni a todos los recuerdos que se repetían en ese instante en su memoria. Las manos le sudaban, pero su actitud era convincente y eso era lo importante, así que, tal y como Russell había hecho, se inclinó también hacia él como si fuera a confiarle algo que no quería que nadie más escuchara — y virgen… aún.
—Aun... — Russell se obligó a centrarse de nuevo en la conversación que mantenían, intentando ignorar lo que la cercanía de ese joven le provocaba — También he preparado algo como regalo de bienvenida, pero te lo mostraré después de la reunión de tus hombres y mis hombres en las calderas, está noche.—Respondió intentando no perder la compostura frente a sus hombres.
— Qué amable, Russell, seguro que podré agradecerte con todas esas partes de mi cuerpo que no son tan puras como mi culo, al fin y al cabo supongo que esperas que sea una buena puta para ti.— aseguró Vladímir con sarcasmo y una sonrisa falsa en los labios.
Podía decir que ese crío no le afectaba, pero lo hacía; sin embargo, tenía que esconderlo, no solo a los demás y al propio Vladímir, también a sí mismo, por eso su mirada era fría y su expresión la de un completo hijo de puta que deseaba enseñarle su lugar al heredero del imperio más importante de la mafia rusa.
— Me encanta que seas consciente de lo que deseo — Russell estaba molesto por las palabras del joven frente a él, pero no podía demostrarlo, no podía dejar que supiera que sus palabras le habían causado algo. Los hombres, como él, estaban perdidos cuando mostraban alguna debilidad y sin duda estaría perdido si Vladímir llegaba a saber lo que realmente pasaba por su cabeza.
— Lo soy... te vi follar en esa cuadra y sé cómo te gustan, muy entregados y muy… muy... Zorras… no sé si sea capaz de estar a la altura — sabía que estaba fallando, no podía mostrarse ofendido o celoso y, mucho menos, dejar que él supiera que el recuerdo de lo sucedido años atrás podía afectarle de algún modo, había trabajado todos esos años para blindar su corazón y que nadie más lo volviera a romper, ahora esa pared se resquebrajaba por momentos y el causante de que años atrás se hiciera pedazos era la persona que irónicamente estaba destrozando su coraza.
— Dejemos el placer para más tarde, para la celda, concentremos nuestra atención en los negocios, mejor dicho en el negocio que tú me vas a ayudar a realizar. — Russell Llevó el tenedor con el cual había pinchado una de las fresas que tenía en su bandeja como postre, saboreándola, haciendo un sonido incómodo en el momento de comerla, fijando su mirada en la de Vladímir, quién en un reflejo involuntario se lamió levemente el labio inferior dejando entender mucho más de lo que pretendía.
— ¿Eres incapaz de comer como las personas normales? Es solamente una fresa — protestó el chico y a pesar de su quejan fue incapaz de apartar la mirada de esos labios.
— Es deliciosa, tan deliciosa como el recuerdo de ti rogando tres noches atrás en las duchas. — era inevitable dejarse llevar, mostrar una parte de él que nadie conocía, ese Ethan jocoso y a veces infantil que podía ser, el adolescente que jamás había sido y que algunas veces, como en ese instante, lograba traspasar las barreras del Russell adulto saliendo a relucir para molestar a la persona que le gustaba y esa persona era el joven príncipe de la mafia rusa.