CONOCIENDO A LA SUEGRA

1420 Words
**SOPHIE** Observo su rostro, buscando pistas en sus ojos profundos. ¿Qué juego está jugando? ¿Qué espera de mí? —Es hermoso, pero no. Yo amo mi país, amo su calor, el mar y vivir con mi padre. — respondo con firmeza, volviendo mi mirada al cristal. No pienso permitir que me aleje de lo único que me queda en la vida. Eso sí que no. —Qué lástima… — dice, y su tono es enigmático. No quiero ni mirarlo. Tengo miedo de que pueda convencerme de algo más. No entiendo qué ha querido decir con eso, pero prefiero evitar preguntarle. Ya he entendido que no me responderá nunca a ninguna de mis dudas. Me debato entre la fascinación y el miedo. La cercanía de él, su vulnerabilidad momentánea, despiertan una mezcla de emociones. Por un lado, la curiosidad la impulsa a descubrir más sobre este hombre enigmático. Por otro, el temor a ser arrastrada aún más en su juego de venganza me hace mantener la guardia alta. En ese instante, mi corazón es un campo de batalla entre la atracción y la desconfianza. La limusina se dirige a la entrada de coches de una mansión, y me quedo sin habla al ver la belleza de la propiedad, la riqueza de este hombre es notable. — Creí que estaríamos cerca de un canal y que tendríamos que usar un bote para llegar. — comento al ver la preciosa casa, si es que se le puede llamar casa a esto. — No todas las propiedades son así; en esta región al menos no. — me explica con una media sonrisa. — Lo comprendo… — me limito a decir y sigo admirando la arquitectura veneciana del exterior de la casa. El chofer estaciona, y luego nos abre la puerta. Una vez que él baja de la limusina, me ofrece su mano, y con un poco de dudas, acepto su ayuda. — No tienes que pretender ser amable. — digo mientras acomodo mi vestido al terminar de bajar, y su mirada me recorre de manera inquietante. — Recuerda cómo nos tratamos. — dice firme mientras me sujeta del brazo — tú serás amable conmigo, y yo lo seré contigo. — dice, y asiento. — Siempre y cuando haya gente alrededor. — le aclaro. — Sí. — Sentencia — Vamos a entrar, y por favor, sonríe o al menos tomé mi mano. — Me dice, y sin ninguna gana, acepto que sujete mi mano. Sus dedos acarician mi mano de una manera que envía una corriente eléctrica por todo mi cuerpo, y no me gusta que provoque eso en mí. No quiero que su presencia o su roce me altere de ninguna manera posible. Tengo que reprimir estos extraños sentimientos. Caminamos hacia la imponente entrada de la casa, y la enorme puerta de madera se abre antes de que él pueda hacer nada. — Sean bienvenidos a su casa, señores. — dice un hombre vestido de traje. — Gracias. —llegamos al infierno, por fin sabré en qué terrenos me estoy parando. No soy tan sumisa como cree este hombre; ahora me tiene atada porque no quiero que mi padre sufra. —Ven por aquí, y no te preocupes por las maletas; ellos las llevarán a nuestra habitación —me dice con una sonrisa que no llega a sus ojos. «¿Ha dicho nuestra habitación? ¿Se ha vuelto loco?» —Yo no dormiré contigo en la misma habitación —le informo firme mientras me detengo en el medio del salón, sintiendo la mirada de los sirvientes sobre nosotros. Me miró con seriedad e intenté mantenerme firme en mi postura. —Estamos recién casados; no podemos llegar a casa de mis padres y decir que dormiremos en cuartos separados —me explica en un tono de voz que no me deja punto de discusión. —No me importa lo que piensen tus padres —respondo, cruzando los brazos sobre mi pecho—. No voy a compartir una habitación contigo. Él suspira, visiblemente frustrado, y da un paso hacia mí, bajando la voz para que solo yo pueda escucharlo. —Escucha, sé que esto no es lo que querías, pero por favor, intenta entender. Si mis padres sospechan algo, con gusto voy a hacerle la vida imposible a tu familia. Solo te pido que finjas, por ahora. Sus palabras me golpean como un balde de agua fría. La idea de que mi familia sufra por mi obstinación me hace dudar. Respiro hondo y miro a mi alrededor, notando la opulencia del lugar, un recordatorio constante de la diferencia de poder entre nosotros. —Está bien —cedo finalmente, aunque mi voz tiembla un poco—. Pero esto no significa que haya aceptado esta situación. Solo lo hago por mi familia. Él asiente, aliviado, y me toma de la mano para guiarme hacia la escalera. Mientras subimos, no puedo evitar sentir que cada paso me lleva más lejos de la vida que conocía y más cerca de un futuro incierto. —No me importa donde quieras dormir, pero te lo advierto, la cama es totalmente mía. — sentenció y él comienza a reírse. —¿Tienes idea de cuántas mujeres han deseado compartir la cama conmigo? No obstante, no te inquietes, yo tampoco tengo intención de compartirla contigo; dormiré en el sofá cama que hay en la habitación. —se explica y no tengo idea de si sentirme triunfal ante el hecho de haber logrado lo que quería, o sentirme humillada porque me restregase en la cara las mujeres que están detrás de él y que no tienen ningún interés por mí. «No puedo mostrar lo que siento» —No soy una mujer celosa, no te sientas tan importante, lo único que cuido es mi dignidad, espero que ocultes muy bien tu promiscuidad. —le advierto, observándolo fijamente— Si te has convertido en mi esposo, tendrás que guardar las apariencias también, tu linda mamá le dolerá el corazón verme llorar por alguna amante de su querido hijo. A mí no me dejarás ver como una tonta, que su esposo engaña con cuanta mujer se le aparezca. — explico firme. «En caso de que yo experimente una situación desfavorable, sugiero que él también lo sufra.» —¿Quién demonios te crees? Tú no puedes exigirme nada. — se acerca amenazante. —¿Cuál es el problema? Estamos casados y tengo derechos también, los cuales voy a utilizar. —expreso, me alejo con astucia. ¡Eres una mujer interesante! —exclamó con entusiasmo. —¡Esa es mi personalidad! —contesto sin acobardarme. —Dado que las cosas cambiaron de rumbo, yo también haré lo que desee—manifiesta y sin más me toma por la cintura y comienza a besarme. «¿Qué es esto? ¿Por qué me besa si no me ama? ¿No se supone que soy parte de su venganza?» Los brazos me tienen amarrada a él y su boca no le da tregua a la mía. ¿Por qué tiene que besar tan bien? Mi mente vuelve a tener un toque de cordura y puedo atravesar sus labios con el fin de que se queje y finalmente se aparte de mí. —¿Maldita sea? ¡Me has mordido! — exclamó, quejándose del dolor, mientras yo solo lo observé. —¿Por qué me besaste? —replicó y él me sujeta del brazo. Nuestros ojos se desafían mutuamente y si fueran balas, probablemente estaríamos heridos. —Porque quiero y además es una de tus obligaciones, recuerda que eres mi esposa amada. — me advierte. Él me hace sentir muy cansada y no sé qué esperar de él. — Perfecto, un beso no es nada, pero si te atreves a ir más lejos, no dudaré en cortarte lo que llevas entre tus piernas. — digo y soy yo quien lo advierte en esta ocasión. —Espero que ese carácter siga intacto después de unos días. — sonríe, como deseo borrársela de una cachetada. —Vamos, mi madre nos espera. — me guía fuera de la casa, me va a presentar a su madre. —Ya deseo conocer a mi suegra. — al pasar por la puerta del jardín, hice mi mejor sonrisa. Vamos caminando hacia ella y, al acercarme, me doy cuenta de que su madre es una mujer con mucha clase. Su cabello oscuro cae en suaves ondas justas por encima de sus hombros, y sus ojos marrones me observan con una mezcla de curiosidad y evaluación.
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