QUERIENDO SABER EN QUE TERRENO ESTABA PARADA

1484 Words
**SOPHIE** Después de la farsa boda. En la penumbra de la habitación, un vestido posa sobre la cama, como un espectro del pasado. Sus vuelos parecen susurrar secretos, y el color rojo evoca promesas no cumplidas. Las lágrimas que caen por mis mejillas son un tributo a lo que fue y a lo que podría haber sido. La nota, con su caligrafía familiar, me invita a “Debes lucir este vestido”. ¿Qué espera él de mí? ¿Es un acto de crueldad o una última oportunidad para abrir las heridas? Quizás él también lucha con sus propios fantasmas. ¿Por qué eligió este momento para enviarle el vestido? ¿Acaso busca redimirse o simplemente revivir el pasado? Las palabras no dichas flotan en el aire, como las partículas de polvo que danzan en los rayos de sol filtrados por las cortinas. Tal vez debería hablar con él. Enfrentar la incertidumbre y desentrañar los nudos emocionales. ¿Qué significado tiene este gesto para mí? El vestido rojo, como un espejo, refleja mis dudas y anhelos. ¿Te gusta? ¿Te sientes hermosa o atrapada en un sueño roto? Las opiniones de los seres queridos pueden ser un faro en la tormenta, pero al final, la decisión es mía. Recuerda que el tiempo es mi aliado. Respiro, suspiro, calmándome, pronto saldré de esta situación Los pasillos del hotel se extienden como corredores de incertidumbre. Cada baldosa bajo mis pies parece un paso hacia un destino desconocido. La maleta que sostengo, llena de ropa doblada y sentimientos desgarrados, pesa más que su peso físico. Es un faro que me guía hacia Italia, pero también un ancla que me ata a mi país. Mis pensamientos giran como hojas en una tormenta. ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué espero encontrar al otro lado del océano? El miedo se enrosca en mi pecho, apretando cada latido de mi corazón. ¿Y si me hace daño? ¿Y si este viaje es un callejón sin salida? La recepción se alza ante mí como un umbral. El mostrador de madera pulida, las llaves colgando en ganchos metálicos, el aroma a café y a incertidumbre. El recepcionista me sonríe, ajeno a mi tormento interno. ¿Debería pedir ayuda? ¿Decirle que tengo miedo de lo que me espera al final de este pasillo? Y allí está él, esperándome. Su figura es un enigma, un rompecabezas de emociones contradictorias. ¿Por qué me ha llamado a Italia? ¿Qué espera de mí? El vestido de novia, el viaje repentino, todo se entrelaza en una danza de preguntas sin respuesta. Cuando me ve, sus ojos encuentran los míos. No hay reproche ni ternura en su mirada, solo una mezcla de nostalgia y deseo de venganza. Se acerca, y el roce de su mano al tomar la maleta envía un escalofrío por mi columna vertebral. ¿Es este el punto de no retorno? —¿Qué esperas? —dijo sin expresión. El pasillo se estrecha, y cada paso me acerca al abismo. ¿Me aventuraré a cruzarlo? ¿O me detendré en la línea que separa el antes y el después? Las palabras flotan en el aire, pero ninguna parece suficiente para expresar mi confusión y mi miedo. Así que avanzo, con la maleta como mi única compañera. Italia me espera, con sus calles empedradas, sus catedrales antiguas y sin desearlas caminar. ¿Quién seré al final de este viaje? ¿Una mujer rota o una que ha encontrado la fuerza para sanarlo? Solo el tiempo lo dirá. Por ahora, sigo caminando, con el eco de sus pasos detrás de mí y el corazón en la garganta. Italia, con sus secretos y sus sombras, me aguarda. La limusina nos envuelve en un silencio lujoso mientras avanzamos hacia el aeropuerto. El cuero de los asientos parece susurrar secretos de otros pasajeros, y las ventanas tintadas ocultan el mundo exterior. Mi mente, sin embargo, está lejos de la opulencia que me rodea. El piloto. La mención de un avión privado me sacude. ¿Por qué tanta pompa? ¿Qué juego está jugando? Mi corazón late con una mezcla de ansiedad y curiosidad. ¿Qué espera de mí? ¿Un viaje de reconciliación o un último adiós? Él, tan seguro de sí mismo, se acomoda en el asiento frente a mí. Su mirada es un enigma, un rompecabezas de emociones que no logro descifrar. ¿Por qué me ha arrastrado a esta odisea? ¿Es un acto de crueldad? La limusina se desliza por las calles, y mi mente se enreda en pensamientos contradictorios. ¿Debería preguntarle directamente? ¿O mantenerme en silencio, como un testigo mudo de mi propio destino? El chofer, un hombre de rostro imperturbable, nos guía hacia la pista de despegue. El rugido de los motores, el olor a queroseno, todo me recuerda que estoy atrapada en un juego peligroso. ¿Y si este avión no nos lleva solo a Italia, sino también al abismo de lo incógnito? Mis brazos cruzados son una barrera contra él y contra mis propios sentimientos. ¿Por qué me afecta tanto? ¿Por qué no puedo simplemente alejarme? La respuesta, como el horizonte que se despliega ante nosotros, está oculta en las nubes. Así que me sumerjo en el silencio, observando cómo las luces de la ciudad se desvanecen y el mundo se reduce a una línea recta en el cielo. El piloto, el avión, la boda, el irme y dejar mi vida… Todo se entrelaza en una danza de incertidumbre. ¿Será esta travesía, mi redención o mi desgracia? Fijo mis ojos en el cristal de la limusina y evito observarlo. Me niego a que se dé cuenta de que he estado llorando. No quiero mostrarme débil frente a él. No puedo dejarle derrotarme. La confesión de que su madre no sabía nada, me golpea como una ola inesperada. ¿Cómo es posible que haya mantenido esta farsa durante tanto tiempo? ¿Qué más oculta? Mi mente se enreda en una telaraña de preguntas sin respuesta. —¿Cómo…? — balbuceo, incapaz de articular una pregunta coherente. Su mirada, fría y calculadora, me atraviesa como un cuchillo. ¿Qué juego está jugando este hombre? —Ella cree que somos una pareja feliz —dice con desdén—. Una relación de conveniencia, una fachada. Pero tú y yo sabemos la verdad. Y si abres la boca, tu padre sufrirá las consecuencias. No lo olvides, los tengo en mis manos. El sobre que me entrega es un peso en mis manos. ¿Qué contiene? ¿Un contrato, una confesión, un ultimátum? No me atrevo a abrirlo, pero su mirada me obliga a aceptar el desafío. —¿Qué esperas de mí? — murmuro, sintiendo el vértigo del abismo. Venecia, con sus canales y sus secretos, se extiende ante nosotros como un lienzo en blanco. —Firma —ordena, y su voz es un látigo invisible—. Es un pacto. Un año juntos en esta farsa, y luego serás libre. Pero hasta entonces, eres mía y puedo hacer lo que quiera contigo. La limusina avanza hacia el aeropuerto, y mi mente se debate entre la ira y la resignación. ¿Cómo aguantaré un año de esta farsa? ¿Cómo sobreviviré a su presencia constante, a sus juegos de poder? El piloto nos espera, y el avión privado nos llevará a Venecia. El sobre sigue sellado, pero su contenido me atormenta. ¿Será mi perdición o mi salvación? Por ahora, me sumerjo en la oscuridad de la limusina, con el corazón en la garganta y la incertidumbre como compañera de viaje. La conversación con él es como un juego de ajedrez, donde cada movimiento tiene un propósito oculto. Ignoro su comentario sobre su familia y me centro en la pregunta sobre Venecia. —¿Cómo es Venecia para ti, Sophie? —Es una Preciosa ciudad —respondo, intentando mantener la calma. Venecia, con sus canales serpenteantes y sus palacios decadentes, es un lugar de ensueño. Pero ahora, bajo estas circunstancias, su belleza se vuelve agridulce. Él asiente, y su cambio de actitud me desconcierta. ¿Es un individuo de índole bipolar o simplemente un experto en el arte de la manipulación? No puedo evitar pensar en su madre, en la farsa que ha construido durante meses. ¿Qué más secretos guarda? El aeropuerto nos recibe con su bullicio característico. Un grupo de personas espera cerca de la pista. ¿Quiénes son? ¿Amigos, empleados, cómplices? El piloto, con su uniforme impecable, nos saluda con profesionalidad. —Bienvenido, señor y señora —dice, y su sonrisa parece genuina. ¿Cuántas veces ha pronunciado esas palabras para parejas reales? —Hola —responde él, y su voz es un eco distante. Sin embargo, cuando extiende la mano hacia mí, siendo caballeroso conmigo, no puedo evitar mirarla con recelo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué este gesto amable?
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