*SOPHIE*
Sumida en una red de rumores y verdades ocultas, tomo un sorbo de café, tratando de calmarme y pensar en mi próximo movimiento. No puedo dejar que me manipulen, pero también debo ser cuidadosa para no poner en riesgo a mi familia.
—El café está delicioso, Verita —digo, intentando mantener la conversación ligera—. ¿Es una receta familiar?
—De mi abuela, la hemos conservado como una reliquia —responde ella, visiblemente complacida—. Me alegra que te guste.
Mientras la conversación continúa, me esfuerzo por mantener una fachada de tranquilidad. Pero por dentro, estoy decidida a descubrir la verdad y a encontrar una manera de salir adelante, sin importar cuán difícil sea el camino.
La tensión en el aire es palpable, pero me obligo a sonreír y a seguir conversando. Cada palabra de Verita es un enigma que debo descifrar, cada gesto, una pista que no puedo ignorar. Mi mente trabaja a toda velocidad, evaluando cada posibilidad, cada riesgo.
—¿Siempre has vivido aquí, Verita? —pregunto, intentando obtener más información sin levantar sospechas.
—Sí, toda mi vida, desde que mis abuelos se arraigaron en este país —responde ella, con una sonrisa que no llega a sus ojos—. Este lugar guarda muchos recuerdos para mí.
Asiento, fingiendo interés en sus palabras mientras mi mente sigue maquinando. Sé que la verdad está oculta en algún lugar, y estoy decidida a encontrarla. No importa cuán difícil sea el camino, no importa cuántos obstáculos deba superar. Por mi padre, por nuestra seguridad, debo seguir adelante.
La conversación continúa, pero mi resolución se fortalece con cada minuto que pasa.
—Hijo, ¿cuándo la llevarás a ella? —le pregunta su tío, visiblemente confundido.
—La he enviado a redecorar para que ella le guste —explica Marco, y creo que esa es una mentira para que ellos no se percaten de la verdad.
—¡Lo siento! Y Sophie, Marco nos ha dicho que en la empresa de tu padre tú eras la encargada del marketing, ¿cierto? —me pregunta su tío mientras degustamos el café y la torta. Intento mantener la compostura y no formar un escándalo aquí mismo.
—Está en lo correcto, ese era mi trabajo hasta que decidí casarme con Marco —doy de respuesta, tratando de mantener mi voz firme y neutral.
—Mi hijo nos habló mucho de ti. Se encuentra sumamente enamorado, para hacer tal locura — expresa con una sonrisa en su rostro.
—Su hijo es un hombre encantador —afirmo, intentando no sonar sarcástica—. Yo también estoy sumamente enamorada de él —respondí, y reitero que deberían darme una enorme cantidad de aplausos por la forma en que me aferro a su brazo y apoyo mi rostro en su hombro.
—Se les ve muy bien juntos, hacen una linda pareja —manifiesta su madre, y nuestra tarde se centra en relatarles la misma vivencia que su estimado hijo le ha relatado a mi padre.
Mientras la conversación continúa, no veo incomodidad en ellos, es como si no supieran de lo que me acusa Marco. Me esfuerzo por mantener la fachada. Cada palabra que digo es una mentira cuidadosamente construida en mi mente, y cada gesto es una actuación meticulosa. Marco juega su papel a la perfección, y aunque me irrita su habilidad para mentir tan fácilmente, sé que debo seguirle el juego.
—¿Y cómo es trabajar en la empresa de tu padre? —pregunta su madre, genuinamente interesada.
—Es un desafío, pero también muy gratificante —respondo, tratando de sonar entusiasta—. He aprendido mucho y he tenido la oportunidad de contribuir al crecimiento de la empresa.
—Eso suena maravilloso —dice ella, asintiendo con aprobación sin odio alguno—. Estoy segura de que harás un gran trabajo aquí también.
—Gracias, Verita —respondo, sonriendo—. Haré lo mejor que pueda.
Mientras seguimos conversando, no puedo evitar sentir una mezcla de frustración y determinación. Frustración por la situación en la que me encuentro y determinación por encontrar una manera de entender toda la situación. Sé que debo mantenerme fuerte y no dejar que me manipulen.
Finalmente, la tarde llega a su fin y nos despedimos de su familia. Marco y yo subimos a nuestra habitación, y una vez que la puerta se cierra detrás de nosotros, la tensión en mi cuerpo se libera un poco.
—Lo hiciste bien —dice Marco, con una sonrisa que no puedo interpretar.
—Gracias, por tu halago —respondo, sin mirarlo—. Pero esto no cambia nada.
—Lo sé —dice él, suspirando—. Solo… intenta mantener la calma. Todo esto es temporal.
Aunque no estoy segura de cuánto tiempo podré manejar esta fachada. Es una red de mentiras en la que siento perderme cada vez más. Marco se adentra al baño, dejándome sola con mis pensamientos. Miro las maletas y empiezo a buscar mi ropa de dormir. Al abrirlas, me encuentro con una colección de prendas aptas para una noche de pasión. Maldigo en mis adentros, sintiendo una mezcla de frustración y determinación. No pienso darle ni una sola oportunidad.
Busco entre la ropa hasta encontrar un short, el más largo que tengo, y una camisa cómoda. No es lo ideal, pero servirá. Mientras me cambio, escucho el sonido del agua corriendo en la ducha y trato de calmarme. Necesito mantener la cabeza fría y no dejarme llevar por la situación.
—¿Te vas a bañar? —pregunta Marco desde el baño, su voz resonando en la habitación.
—Sí, en un momento —respondo, tratando de mantener mi tono neutral. No quiero darle la satisfacción de saber cuánto me afecta todo esto.
Termino de cambiarme y me acerco a la ventana, mirando el jardín iluminado por la luz de la luna. Es un lugar hermoso, pero no puedo evitar sentirme atrapada. Respiro hondo y me prometo a mí misma que encontraré una manera de salir adelante.
Marco sale del baño, envuelto en una toalla, y me lanza una mirada rápida antes de dirigirse al armario. —La ducha está libre —dice, sin mirarme.
—Gracias —respondo, tomando mi ropa de baño y dirigiéndome al baño. Cierro la puerta detrás de mí y dejo escapar un suspiro de alivio. Al menos aquí, puedo tener un momento de privacidad.
Mientras el agua caliente cae sobre mí, trato de ordenar mis pensamientos. No puedo dejar que esta situación me consuma. Debo mantenerme fuerte y encontrar una manera de manejar todo esto. Salgo de la ducha, sintiéndome un poco más tranquila y me cambio rápidamente.
Al regresar a la habitación, veo que Marco ya se ha acomodado en el sofá cama. Me dirijo a la cama y me meto bajo las sábanas, manteniendo la distancia entre nosotros. Apago la luz y cierro los ojos, tratando de encontrar algo de paz en medio de este caos.
Mañana será otro día, y debo estar preparada para lo que venga. No estoy dispuesta a rendirme. Maldición no puedo dormir, necesito un vaso de leche. Salgo de la cama, veo hacia el sofá y él ha desaparecido, en donde estará. Abro la puerta y miro a todos lados, no hay nadie, todo está solitario. Me apresuro a llegar hasta la cocina y busco leche, al hallarla la caliento y me la bebo, todo es tranquilidad. Regreso sin novedad alguna.