**SOPHIE**
Me obliga a ir a mi padre para que nos de su consentimiento, me amenazo que hiciera todo lo posible por convencerlo a las buenas. Le hace señas a una empleada y sale por un momento, esa mujer mete algo dentro de mi v****a, me dolió un poco. Aquí estoy frente a mi pobre padre, que ignora lo que me pasa. Sonrió como una idiota, mientras siento esa cosa que me metió en mi v****a. Sé que al pequeño gesto la encenderá y no tengo idea lo que me puede pasar por esos toques eléctricos en mi intimidad.
—¿Cuál es el significado de este asunto? — interrogo con un tono de desconcierto y una sensación de indignación.
En este momento deseo decirle todo lo que este hombre me dijo, pero si lo hago este hombre cumplirá su amenaza. Lo miro en silencio.
—Señor Edward, yo le puedo explicar. — Marco habla con un tono arrogante, ¡qué tanto odio!
—Te lo agradecería Marco. —Mi progenitor replica en lo que constituye prácticamente un reclamo, y tengo plena comprensión de su comportamiento.
—Déjeme ser claro con usted, no somos ningunos niños. Su hija es una mujer hermosa y me enamoré de ella a primera vista. —Le dice con firmeza y no tengo idea de lo que ocurre.
La tensión en la habitación es palpable mientras escucho atentamente las palabras de Marco. Parece que se ha enamorado perdidamente de mí, y su confesión no ha dejado indiferente a nadie. El aire está cargado de emociones y secretos, y me pregunto qué más está por revelarse. ¿Cómo continuará esta intrigante charla?
—Comprendo eso, no es el primero que me lo dice, pero lo que no entiendo es porque esto tan precipitado.
—Cosas del amor… son cosas que no se pueden explicar.
—¿Cómo puede ser que no? ¿Podrías explicarme cómo se han casado sin comunicarme nada? —le solicitó y yo estoy experimentando un ataque de pánico aquí.
—Padre, tranquilo, lo que él quiere decir es que, nos dejamos llevar…
— Hija, esto no está bien. — comienza a decir y ahora sí que estoy asustada.
—Yo conocí a su hija en Italia, en un viaje que hicieron unos años atrás. —mi padre medita.
—Ah, en ese viaje. ¿Cómo lo vistes a él, cariño? No recuerdo haberte llevado conmigo.
—Ese día salí del hotel y gracias a Marco no caí en una estafa, fue muy caballeroso conmigo. —estoy mintiendo, maldigo este hombre.
—Comprendo todo.
—¿Por eso se han casado en secreto? ¿Estás embarazada?
— No, padre, no se trata de eso ¿Por miedo a que te opusiera? —estoy mintiendo de todas las formas posibles y este hombre se está burlando de mí.
—Señor Edward. Yo no sabía cómo explicarte que me había enamorado de tu hija cuando la vi por primera vez caminando con aquel vestido color blanco por la playa. —le inventa, pero lo peor de todo es que lo del vestido no es un invento… ¿Qué demonios? Marco, con su tono arrogante, continúa su relato. ¿Qué otros detalles ocultos saldrán a la luz? La charla se complica, y la intriga se intensifica.
—En ese caso, solo me queda expresarles mi felicitación. —dice mi padre con una enorme sonrisa —me hubiese gustado estar al tanto de todo, pero tampoco me enfadaré con ustedes por esto. Sophie es mi única hija y no pienso alejarme de ella por nada. — dice y luego nos abraza.
—Gracias por entender padre. —digo y me aferro a nuestro abrazo como si fuese lo último que haré en mi vida.
La sonrisa de mi padre ilumina la habitación mientras nos felicita. Aunque hubiera preferido estar al tanto de todo desde el principio, su amor por mí es inquebrantable. Me abraza con fuerza, y en ese momento, siento que todo está bien. Mi padre no es ningún asesino, eso no lo aceptaré.
Sin embargo, las palabras de Marco siguen resonando en mi mente. ¿Una muerte causada por mi padre? Imposible, no lo creo. La curiosidad me consume, pero me contengo. No quiero perturbar este momento de reconciliación. A veces, el silencio es más sabio que las preguntas.
Yo sentada viendo cómo ambos hablaban como grandes amigos, si mi pobre padre supiera la verdad ya hubiera actuado rescatando a su princesa. Sonrió cada vez que me voltean a ver, la mirada de ese hombre es de temer, en qué momento me metí este embrollo.
Mi padre dijo que no me podía ir del país sin una boda religiosa, no me quedo de otra que aceptarla, Marco también estuvo de acuerdo, pero no me dejo quedarme en casa con mi padre a solas, siempre encontró la manera de sacarme. Difícil de creer que a los tres días todo estaba organizado, una boda entre Marco y yo.
El maestro de ceremonias, un rostro familiar, pero cuyo nombre aún no he aprendido, anuncia el primer baile de los recién casados. Marco me mira con intensidad y extiende sus manos hacia mí. Debo continuar con mi actuación, ocultando mis verdaderos sentimientos detrás de una sonrisa. El salón se ilumina con luces tenues mientras nos sumergimos en el vals, pero mi mente sigue girando, tratando de descifrar los secretos que rodean a esta boda.
El salón se ilumina con luces tenues mientras nos sumergimos en el vals. Marco me mira con intensidad, y aunque mi cuerpo sigue el compás de la música, mi mente está en otro lugar. Odio su sarcasmo, su egocentrismo y la forma en que parece saber más de lo que debería.
—¿Cómo has sabido lo de mi viaje a Italia? — cambio de tema drásticamente, intentando no estrangularlo con mis propias manos en estos instantes.
Su risa triunfal resuena en mi oído, y desearía poder levantar mi rodilla y golpearlo justo en ese punto donde sé que lo dejaría tirado en el suelo de dolor.
—Te lo he comunicado antes, sé de lo que debo estar al tanto. — respondió con serenidad, como si todo esto formara parte de un juego.
—¿Qué deseas acerca de mí? — me atrevo a preguntarle, sintiendo la sensación de que el pánico se intensifica dentro de mí. ¿Qué secretos oculta este hombre? ¿Y por qué me involucra en todo esto?
La música nos envuelve mientras bailamos, pero mi mente sigue atrapada en las palabras de él. Su confusión y su toque en mi espalda me desconciertan. ¿Qué juego está jugando? ¿Y por qué se involucra en mi vida de esta manera?
—Nunca tendrás mi cuerpo ni mis sentimientos — le advierto, tratando de mantener la compostura.
Su respuesta es gélida: —No te preocupes, no tengo intenciones de revolcarme contigo. No eres mi tipo. Yo jamás estaría con la joven consentida de papi que sin maquillaje y su ropa cara no es nadie. — Cada palabra suya es un puñal, pero no puedo mostrar debilidad.
Agradezco que mi padre venga a rescatarme para bailar el vals conmigo. Me aferro a él como si mi vida dependiera de ello. —Hija, me hubiera gustado que me comentaras lo de Marco — dice, y sé que es mi oportunidad para indagar.
—Padre, no siempre nos decimos todo. Me imagino que tú no me cuentas nada de las cosas que te pasan, ¿o sí? — pregunto, necesitando saber más.
—¿Qué quieres saber? Responde.
—¿Alguna vez has matado a alguien? — pregunto firme.
—Hija, no es el momento de hablar de esto. — sentencia y las dudas me consumen.
—Pero hablaremos de esto en otro momento. —digo cuando mi flamante esposo vuelve por mí.
—Cariño, creo que es hora de irnos de aquí. —me dice enfrente de mi padre y lo quiero matar.
La atmósfera se tensa mientras Marco y yo continuamos bailando. Sus dedos rozan mi espalda, y aunque la música nos envuelve, mi mente sigue atrapada en sus palabras. ¿Qué juego está jugando? ¿Por qué se involucra en mi vida de esta manera?
—Pero, hace poco, ha comenzado la fiesta… — expongo, tratando de alargar mi estancia.
—Sí, pero el avión sale en tres horas — se explica, y no entiendo a qué avión se refiere.
—¿De qué avión hablas? — pregunto confundida.
—El que nos llevará a Italia para que conozcas a mi familia — responde firme.
—¿Y el contrato que firmarías con mi padre? — pregunto asustada. No puedo haber hecho todo esto en vano.
Mi padre saca un contrato firmado del bolsillo interior de su esmoquin. —Marco, aquí está el contrato. Comience con todo.
—Perfecto. Me llevaré a Sophie a vivir conmigo en Italia. Cuando regrese, me pondrá al tanto de todo — explica con una frialdad que me hiela la sangre.
Las palabras de Marco aún resuenan en mi mente, y ahora, esta decisión me arranca de mi vida anterior. ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Qué farsa es esta en la que me he visto atrapada? Mi corazón late con fuerza mientras me despido de mi padre, sabiendo que mi destino está sellado.