Estar profundamente enterrado en el cuerpo de su humano era una sensación que Theron no podía describir con simples palabras. Ese pequeño lugar se sentía como un jodido paraíso para el hombre lobo, con aquella perfecta estrechez, esa dulce humedad. Estaba tan apretado, que podía sentir a la perfección cada músculo interno de su pareja, como aquellas paredes anales se apretaban alrededor de su circunferencia, adaptándose y aceptando ansiosamente al grueso invasor que le llenaba y le estiraba. Theron ni siquiera era capaz de poder pensar correctamente ante la plenitud que sentía por el simple hecho de estar ahí, por lo que ya podía imaginarse la maravilla que sería cuando el juego realmente comenzara. —Mgh... Dios... —Maison gimió sin aliento. Theron sonrió contra su mejilla, entendiendo

