Capítulo 10

3044 Words
𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚: Me siento en el sofá de mi departamento con ayuda de Cassie, completamente adolorida. Hace apenas media hora que salimos del callejón. Después de que Nael se fue del almacén, salí afuera donde estaban Cassie y Oliver esperándome. Cassie insistió en llevarme a un hospital, pero me negué rotundamente a ir. Lo veía demasiado ridículo, tener que ir a un hospital por esto, aunque por dentro me sentía mal. Les dije a los dos que yo misma me las arreglaría para curar mis heridas, pero ellos se opusieron. Insistieron un poco más en por lo menos acompañarme y ayudarme. Me seguí negando, pero continuaron presionándome con que podían ayudarme. Al final no tuve de otra que aceptar, pero solo la ayuda de Cassie. No veía la necesidad de que Oliver fuera con nosotras. Además, todavía necesitaba estar a solas con ella. Ya no por la invitación de la ridícula fiesta, a la cual ya no tengo mucho interés en asistir, sino por todo lo que ha pasado. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que Cassie y Mikaela tienen un pasado. Y por lo que pude ver, es un pasado bastante turbio. Necesito más información de eso. Necesito saber si ese pasado puede ayudarme más en la misión y entender muchas más cosas. No la iba a presionar para que me diga todo de golpe, ya que ni siquiera es mi amiga, pero fui golpeada voluntariamente para que no le hagan daño; por lo menos algo tengo que sacar de todo eso. Hago una mueca de dolor nada más acomodarme en el sofá y levanto mi mirada hacia Cassie, que está a unos centímetros de mí, todavía de pie y observando todo a su alrededor. —Tu casa es... curiosa... —murmura, aún observando todo. Aguanto las ganas de reírme. Parecía muy fuera de lugar. —Tu término para referirte a mi casa sí que es curiosa —comento con una sonrisa. Se gira rápidamente para mirarme con cara de arrepentimiento. —Lo siento... no quise decir que sea curiosa... Lo que quise decir es que... bueno... —trata de decir torpemente. Se queda en silencio sin saber qué decir, y la miro fijamente sin borrar mi sonrisa. —Tranquila, es normal. No estás acostumbrada a estos sitios —digo con calma. —Tampoco es eso... —niega con la cabeza—. Yo... tenía mucho tiempo sin estar en un hogar de verdad. Frunzo el ceño al escucharla decir eso. —¿Hogar de verdad? ¿A qué te refieres con eso? Ella se queda en silencio nuevamente, pero luego desvía la mirada a un punto fijo. —Cuando vives en una casa demasiado grande, llena de habitaciones y rincones, al final el lugar termina consumiéndote más de lo que imaginas —suspira, volviéndose a girar para mirarme—. En casa siempre hay personas caminando de un lado a otro, pero aunque hayas crecido con ellas, puedes llegar a sentir que son completos desconocidos. Tú tienes suerte... —Yo no diría lo mismo... Suerte es algo que tengo mucho tiempo sin tener. Ella frunce el ceño. —¿Por qué dirías eso? Yo daría lo que fuera por no tener padres ricos. Suelto una pequeña risa, aguantando las ganas de decirle que me los diera a mí. 𝐍𝐨 𝐦𝐞 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐦𝐚́𝐬 𝐝𝐢𝐧𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐲𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨, 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝. —Y yo daría lo que fuera por tener padres... Se crea un silencio bastante denso. Ninguna dice nada; es así hasta que Cassie hace una mueca de horror. —Oh no, no. No pongas esa cara de "la acabo de cagar bastante" —hago comillas con mis dedos—. Soy huérfana desde los trece años. Eso ya lo tengo más que asumido. Así que no quiero compasiones ni disculpas. Es normal que des por hecho que tengo padres, no nos conocemos. Le muestro una sonrisa tranquilizadora y ella tuerce sus labios. —Lo siento... Sé que no quieres una disculpa, pero de todos modos siento que necesito darla. Por lo menos para no sentirme tan culpable por ser tan tonta. Acéptala esta vez, por favor... Ella pone ojos de corderito, cosa que me hace negar varias veces, divertida. —Está bien, aceptaré tus disculpas. El silencio nos vuelve a invadir, esta vez como si las dos estuviéramos perdidas en nuestros pensamientos. Ese silencio es el mismo que teníamos en todo el camino hacia aquí. La verdad es que, aparte de invadirme muchas preguntas sobre Cassie, también tenía en la cabeza lo sucedido en el almacén. Las palabras que Nael me había dicho antes de irse habían calado muy profundo. ¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐥𝐨𝐜𝐨 𝐦𝐨𝐧𝐭𝐚𝐛𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐭𝐞𝐚𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧 𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐝𝐚𝐧̃𝐨 𝐚 𝐨𝐭𝐫𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐨𝐛𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐫𝐢𝐝𝐢́𝐜𝐮𝐥𝐨 𝐭𝐢́𝐭𝐮𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞? ¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐢𝐛𝐚 𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐫 𝐞𝐬𝐞 𝐚𝐧𝐨𝐫𝐦𝐚𝐥 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐬𝐨? La verdad es que desde que el director me nombró presidenta de mi departamento, puse más atención a las notas de los dos. Mis notas seguían siendo mucho mejores que las de él y no había ejercido ningún papel como presidenta, pero ahora cada vez era más obvio que quería ese puesto. ¿𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞́ 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞? ¿𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐨𝐛𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐦𝐚́𝐬 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐚𝐜𝐚𝐝𝐞́𝐦𝐢𝐜𝐨? 𝐍𝐨... 𝐧𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐚 𝐞𝐬𝐨. Lo poco que pude observar de Nael desde que llegué aquí es que le gusta pasar un poco desapercibido. Siempre pone caras de disgusto cuando nuestros compañeros o algunas personas de otros departamentos se le acercan. Muestra una sonrisa genuina, pero se nota desde lejos que es fingida y que, obviamente, le encantaría estar en otro lugar en vez de hablar con todos ellos. Lamentablemente, siempre tiene a los lameculos a su alrededor. El único momento en el que Nael no tiene cara de fastidio es cuando está con sus tres ratas. Así que esa opción, a mi parecer, está más que descartada. 𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬... ¿𝐪𝐮𝐞́ 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐚𝐥𝐭𝐨? 𝐓𝐞𝐧𝐝𝐫𝐞́ 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐧𝐞𝐫 𝐦𝐚́𝐬 𝐚𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐞𝐧 𝐚𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞, 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐯𝐚 𝐚 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐫 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐨́ 𝐡𝐨𝐲. Un carraspeo me saca de mis pensamientos y, cuando levanto la mirada para ver a Cassie, esta me muestra una sonrisa algo incómoda. —Mmm... sé que ahora mismo tienes que estar muerta de dolor. Por favor, déjame ayudarte a curarte. Dudo mucho que puedas hacerlo tú sola. 𝐐𝐮𝐞𝐫𝐢𝐝𝐚, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐬𝐨 𝐞𝐫𝐚 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐫𝐢́𝐚. —Te lo agradecería un montón, la verdad —digo con una sonrisa—. El botiquín está en el baño, pasando el pasillo a la derecha —le indico señalándole el pasillo. Ella asiente y se aleja. Suelto un suspiro agotador. No voy a mentir, me sentía muy abatida. Los golpes que había recibido eran torpes, pero fueron lo bastante fuertes como para dejarme adolorida. Puede que haya tenido entrenamientos de tolerancia al dolor antes, pero eso no quita que me haya dolido un poco. Pasados unos minutos, en los que la oigo desde la sala de estar rebuscando en el baño, vuelve con la caja del botiquín en la mano. —Ya estoy aquí... —avisa, arrodillándose frente a mí. Abre el botiquín y se queda mirándolo unos segundos antes de agarrar una pomada, como si ya la conociera. Frunzo un poco el ceño y ladeo la cabeza, con la mirada fija en ella. Le quita el tapón a la pomada y levanta mi pantalón de deporte hasta la rodilla. Sus ojos se quedan fijos en cada herida roja que tenía allí y, desde aquí, puedo ver la tristeza en ellos antes de empezar a aplicarme el producto con suma delicadeza. Me dolía, pero no tanto como para hacer alguna mueca; aun así, si quería ser más creíble, debería comenzar a quejarme. Así que, mientras me lo aplicaba, soltaba pequeños quejidos de dolor. —Te duele mucho, ¿verdad? —hace una breve pausa—. Siento mucho que hayas tenido que pasar por algo así. Mikaela puede llegar a ser... muy malvada cuando se lo propone. 𝐏𝐞𝐫𝐟𝐞𝐜𝐭𝐨, 𝐲𝐚 𝐞𝐬 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐫𝐨𝐠𝐚𝐭𝐨𝐫𝐢𝐨. —Sí... no sabía que Mikaela haría algo así por un simple asiento —digo algo indignada. —¿Por un asiento? ¿Eso fue lo que pasó? —pregunta, concentrada todavía en esparcir bien el producto. —Sí, al parecer me senté en una silla en la que normalmente ella se sienta con Nael, Jumin y Oliver. Se molestó mucho por eso y empezó a discutir conmigo, obligándome a cambiarme de asiento. Me negué, cosa que la hizo enfurecerse más hasta el punto de querer golpearme. Me levantó la mano para darme una bofetada, pero Nael la detuvo y le pidió que no hiciera ningún alboroto por esa razón. Al final se fue indignada —suelto un bufido—. El asunto suena más ridículo cuando lo dices en voz alta. Cassie procesa mis palabras en silencio, luego suspira y se pone de pie para sentarse a mi lado. —Con Mikaela, todos los asuntos suenan y serán ridículos, pero ella siempre los hará ver como un problema demasiado grande —comenta con algo de rencor en su tono de voz—. ¿Puedes... quitarte la camiseta? —pregunta con vergüenza. —Claro. Agarro el borde de mi camiseta y, con ayuda de ella, me la quito. —Al parecer tú la conoces muy bien —digo como una afirmación, más que una pregunta. —Lamentablemente sí. Desde la primaria asistimos a las mismas escuelas. Y te puedo decir que la Mikaela que ves ahora es lo bastante tranquila en comparación con lo que hacía en la secundaria. —Oh... así que se conocen desde hace mucho. —Sí... Tanto Mikaela como Nael, Jumin y Oliver nos conocemos desde ese tiempo. Todos éramos muy amigos y siempre nos la pasábamos juntos de un lado a otro. Tanto así que hasta nuestros padres son amigos. Aunque Mikaela fue la última en unirse a nuestro grupo —explica comenzando a ponerme pomada en el abdomen. —O sea... que el grupito de cuatro antes era de cinco. Ella asiente con tristeza. —Sí... hasta la secundaria... —susurra. Se le nota que al decir aquello le duele. Es como si estuviera recordando algo que no quisiera recordar. 𝐓𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐮𝐫𝐠𝐚𝐫 𝐦𝐚́𝐬, 𝐚𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐞 𝐝𝐮𝐞𝐥𝐚. 𝐌𝐞 𝐬𝐚𝐛𝐞 𝐦𝐚𝐥, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐝𝐞 𝐨𝐭𝐫𝐚. —¿Cómo alguien tan linda y adorable pudo hacerse amiga de esa zorra? Esta levanta su mirada para observarme con algo de asombro, pero luego vuelve a apartar la mirada y centrar su atención en curarme. —Te sorprenderá esto, pero Mikaela no era así antes. Ella cambió mucho cuando cumplió los quince años. Empezó a hacerse amiga de gente que no era muy buena. Desaparecía por días y llegaba borracha a su casa o, bueno... drogada —se detiene y suspira—. Muchas veces fui llamada por sus padres, porque ella les decía que estaba conmigo cuando yo ni siquiera sabía dónde estaba. Siempre tenía que mentir por ella. Era agotador, porque para mí era mi mejor amiga. Y también me sentía aún más frustrada, porque los chicos no hacían nada para detenerla... Se lo decía, pero ellos hacían caso omiso. —Al parecer no eran tan amigos de ella como pretendían serlo. Suelto el comentario como si nada. Cassie se detiene al instante y me mira con el ceño fruncido, claramente molesta. —No era así... Nosotros éramos muy unidos. Teníamos nuestras diferencias, claro, pero éramos mejores amigos. 𝐀𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐬𝐢́ 𝐥𝐞 𝐚𝐟𝐞𝐜𝐭𝐚. —Pero los buenos amigos no hacen eso, Cassie. Puede que tú no lo quieras ver, pero eso no es amistad. —Te juro que sí nos cuidábamos entre nosotros. Pero... todo cambió... —baja la mirada—. Yo siempre fui la más pequeña. No nos llevamos muchos años, pero cuando todos cumplieron los quince... algo pasó. Nael se distanció. La escucho con atención. Más ahora que acaba de mencionar a ese idiota. —Dejó de juntarse con nosotros. Se volvió un lobo solitario. Si intentábamos acercarnos, discutía, nos echaba... Y eso no era propio de él. Era alegre, amigable. Siempre mediaba cuando había algún problema. Era, por así decirlo, el motor que nos mantenía unidos. Pero cambió. Y no sé por qué. Algo tuvo que pasarle... —traga saliva—. Su actitud nos afectó a todos. Fue ahí cuando Mikaela empezó a cambiar. Jumin se centró en el negocio de sus padres. Y Oliver... Oliver... Se queda callada. Extiendo la mano y tomo la suya. Inspira hondo. —Fue el que más me dolió. Aunque los quería a todos, Oliver era... diferente. Con él me sentía segura. Él era... —Tu amor no correspondido —la interrumpo. Alza la mirada, sorprendida, pero enseguida aparta los ojos, con sus mejillas tiñéndose de rojo. —¿Así que escuchaste lo que dijo Ludmila en el baño aquel día? Asiento lentamente. —No quería hacerlo, pero sus voces se oían por todo el baño. Lo siento, no era mi intención... Me detiene con un gesto. —No tienes que disculparte. Era inevitable. Y... la verdad es que no me enamoré de Oliver en secundaria. Fue mucho antes. Desde primaria. —hace una pequeña mueca—. Me daba vergüenza admitir que llevaba tanto tiempo sintiendo lo mismo, así que mentí. —Lo entiendo. Me dedica una sonrisa sincera, aliviada. —Entiendo por qué se distanciaron. Pero lo que no comprendo es lo de hoy. Los chicos del callejón parecían conocerte. Y Oliver dijo que Mikaela había prometido no volver a hacer algo así. ¿Eso significa que ya había pasado antes? ¿Que no soy la primera? Cassie me sostiene la mirada. Puedo notar la vacilación en sus ojos. 𝐄𝐥𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐝𝐮𝐝𝐚𝐧𝐝𝐨. 𝐓𝐚𝐥 𝐯𝐞𝐳 𝐧𝐨 𝐭𝐮𝐯𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐞𝐬𝐨... —No fuiste la única... —susurra. Su susurro me saca de mis pensamientos. —Como te dije antes, ella empezó a juntarse con gente problemática. Unas de esas personas eran esos seis. Ellos no asistían a nuestra escuela, ni siquiera asisten a nuestra universidad. No sé cómo llegaron a pasar por seguridad. Pero lo que sí sé es que ellos se dedican a eso. Frunzo el ceño. —¿Se dedican a violar a chicas y grabarlas? —digo con incredulidad. Cassie asiente lentamente. —Sí... Cuando Mikaela se empezó a juntar con esa clase de personas, al principio no sabía lo que hacía. Pero una noche, después de no saber nada de ella por dos días, su madre volvió a llamarme preguntándome por ella. Realmente ya no sabía qué excusa inventarme. Así que le dije que habíamos salido a comprar al supermercado algunos snacks. Su madre ya empezaba a no creerme, es por eso que me dijo que se la pasara. Entré un poco en pánico al no saber qué hacer, y al final terminé diciéndole que no sabía dónde estaba. —Buena decisión. Ella niega varias veces. —No, no creo que lo fuera. Su madre me gritó por un buen rato, haciéndome sentir culpable de no decírselo antes. Ante esta culpabilidad, decidí buscarla. Sabía más o menos por dónde se mantenía. Así que fui sola. 𝐐𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐬𝐚 𝐧𝐨 𝐯𝐚𝐲𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐲𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐨, 𝐩𝐨𝐫 𝐟𝐚𝐯𝐨𝐫... —¿Por qué fuiste sola? Se queda pensativa ante mi pregunta. —Porque no quería molestar a los chicos. Sabía que actuarían como si nada les importara. Es por eso que me planté en un recinto abandonado en el cual sabía que podía encontrarla —baja la cabeza—. Allí estaba ella. Estaba con un grupo grande de hombres, y era la única mujer con ellos, a excepción de una chica que estaba desnuda en el centro de todos. Me quedé petrificada, porque frente a ella había una cámara —bufa—. No sabía lo que pensaba en ese momento, pero lo único que me importaba era sacar a mi mejor amiga de allí. Así que entré sin más y me acerqué... 𝐂𝐚𝐬𝐬𝐢𝐞... 𝐂𝐚𝐬𝐬𝐢𝐞... 𝐩𝐨𝐫 𝐟𝐚𝐯𝐨𝐫... Se crea un silencio absoluto. Ella vuelve a dudar. Sé que no sabe si continuar o no. Sé que no sabe si realmente lo que va a decir es bueno decírmelo a mí. Es por eso que aprieto su mano con fuerza. —Cassie, si no estás segura de decirlo, es mejor que nos detengamos aquí. No quiero que esto te afecte más de lo normal. Niega varias veces. —Ya viste mucho, también sabes mucho. Lamentablemente me usaron como anzuelo para tenerte, y tú recibistes esos golpes con el fin de que no me lastimaran. Podías irte en cualquier momento, ya que no nos conocemos. Pero tú te quedaste sin dudarlo. Creo que a la única con la cual puedo ser sincera y decirle esto es a ti. Tuerzo un poco mis labios. Me da pena, realmente me daba mucha lástima. Esperaba con todas mis fuerzas que mis sospechas no fueran ciertas. Ella respira hondo. —Ella estaba drogada, hasta el punto de que se tambaleaba de un lado a otro, aún estando sentada en una sofá. No lo pensé mucho y la agarré de la mano para llevármela de allí. Pero fui detenida por ese chico... Jacob —cierra los ojos con fuerza—. Él empezó a preguntarme quién era yo, qué hacía allí. Pero hice lo mismo que tú. No le respondí a ninguna pregunta. En ese momento no lo veía necesario, no quería involucrarme en nada que tuviera que ver con ellos. Yo tan solo quería sacarla de allí. Y justamente él tuvo la misma actitud que tuvo contigo. 𝐍𝐨 𝐥𝐨 𝐝𝐢𝐠𝐚𝐬... —Cassie... —susurro acercándome más a ella—. No me digas que abusaron de ti... Ella abre los ojos de par en par, y luego niega varias veces. —Oh... no, no, no. Gracias a Dios no. A lo que me refiero con que tuvieron la misma actitud que contigo fue a que me golpeó cuando vio que no estaba colaborando. Pero no entre varios, ni tampoco como hicieron contigo. No se excedió, ya que Mikaela lo detuvo a tiempo. Suelto un suspiro de alivio ante esto. 𝐉𝐨𝐝𝐞𝐫... 𝐲𝐚 𝐦𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐜𝐫𝐞𝐚𝐝𝐨 𝐯𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐞𝐧𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐨𝐫𝐭𝐮𝐫𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬.
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