𝟣 𝗆𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗋𝖺 𝗅𝖺 𝖾𝗃𝖾𝖼𝗎𝖼𝗂𝗈́𝗇 𝖽𝖾 𝗅𝖺 𝗆𝗂𝗌𝗂𝗈𝗇...
𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚:
—Bien Bea. Dime qué tenemos—. Pregunta mi padre, tomando asiento.
La reunión final ha llegado por fin. Estamos reunidos en la central oculta de la organización. Al frente de todo, sentado con la autoridad que siempre lo rodea, está mi padre.
Justo frente a mí se encuentra Jordan, el hacker e informático que me ha estado ayudando durante estos meses. A su lado está Anaisa, la fixer. Es ella quien se encarga de proporcionarnos identidades falsas, historias perfectamente construidas y cada detalle necesario para infiltrarnos sin dejar fisuras.
Y a mi lado, como si el universo me odiara con todas sus fuerzas, está sentado mi peor pesadilla: Ezra.
Un asesino experto que prácticamente se crio conmigo.
Lo odio con cada parte de mí. Desde que éramos pequeños siempre ha sido mi rival. No por decisión mía, sino por la suya. Siempre me ha visto como una competencia. Nunca he entendido del todo por qué... aunque, siendo honesta, sí lo sé. Soy mejor que él. Pero eso no le da derecho a intentar arruinarme la vida cada vez que tiene la oportunidad.
Por desgracia, cada vez que surge una infiltración en pareja, mi padre siempre lo elige a él. Según su criterio, Ezra y yo tenemos "química", y las misiones son un éxito cuando trabajamos juntos. Lo que mi padre ignora es que en la mitad de esas misiones nos pasamos el tiempo discutiendo, midiéndonos y provocándonos sin descanso.
Y esta vez no será la excepción.
Ezra será mi mano derecha. Mi padre no quiso que afrontara una misión tan peligrosa completamente sola. Confía demasiado en él.
Me quejé. Y mucho. Porque, después de tanto tiempo, por fin tenía una misión de nivel tres. Y me molestaba no hacerla sola. Siempre he trabajado mejor así. Con Ezra a mi lado, lo único que siento es que estorba más de lo que ayuda.
Mi padre, cansado de escuchar mis protestas, terminó por tranquilizarme. Ezra solo intervendría si la situación se salía de control o si yo necesitaba apoyo. No estaba ahí para interferir en mi misión.
Acepté a regañadientes. Pero eso no hace que tolere su presencia. Ni mucho menos que soporte tenerlo sentado a mi lado.
Dejo el archivo abierto sobre la mesa, con toda la información que había reunido durante estos meses.
—Nicolás Kensington—. Saco una foto del archivo y la dejo sobre la mesa. —Dueño de la empresa Redline Dominion, una marca de autos de lujo cuyo modelo insignia es el VIPERION, uno de los más codiciados entre las élites—. Levanto la vista un segundo. —Todos aquí sabemos que la empresa no es más que una tapadera. El verdadero negocio es otro—. Señalo la imagen. —Nicolás es el líder del Red Serpent Cartel, una organización dedicada al narcotráfico y al comercio de armas ilegales. El problema es que lleva cuatro meses desaparecido. No hay rastro, ni señales, ni reclamaciones de poder—. Hago una breve pausa. —Para encontrarlo, tenemos un peón clave.
Saco otra fotografía del archivo y la deslizo sobre la mesa.
—Nael Kensington. Veinte años. Hijo único y heredero directo de Redline Dominion—. Me cruzo de brazos. —Es propietario de un club nocturno llamado The Threshold Club. El acceso es exclusivo, solo mediante membresía. La mayoría de los asistentes pertenecen a su organización o están vinculados al casino clandestino que opera en paralelo—. Cambio de tono. —Además, cursa administración de empresas en Westbrook University, donde se está preparando, al menos oficialmente, para asumir la empresa de su padre. En la práctica, la universidad es solo una fachada. Asiste por estrategia. Nael ya está gestionando la organización en silencio.
Paso a la siguiente imagen.
—Nael rara vez se mueve solo—. Señalo a los dos hombres a su lado. —Siempre va acompañado de estos dos guardaespaldas. Son quienes ejecutan la mayoría de su trabajo sucio—. Respiro hondo antes de continuar. —En su club se han registrado tres altercados, en días distintos y con hombres diferentes. El patrón se repite: Nael coquetea con mujeres que no están solas. Las discusiones comienzan dentro del club—. Levanto la mirada para mirarlos a todos. —Pero nunca terminan allí. Después, Nael los espera fuera. Sus guardaespaldas se encargan de trasladarlos a un almacén abandonado, donde los golpean hasta dejarlos prácticamente irreconocibles. Él no participa. Observa. A veces se ríe. Otras, simplemente fuma un cigarrillo.
Hago una mueca de desagrado al recordar las escenas. Tres veces. Tres seguimientos. Siempre el mismo final.
Soy una sicaria. Pero, a diferencia de muchos dentro de la organización, no trabajo por capricho. Golpeo y mato solo a quienes se lo merecen. Y, por supuesto, siempre que haya una buena suma de dinero de por medio.
Es por eso que Nael, me parece desagradable. Golpea hasta casi matarlos, por puro gusto, aunque sea el quien este equivocado. Porque si yo estoy en un club, el cual adquirí una membresía bastante costosa para entrar con mi pareja, obviamente no voy a querer que un imbecil, coquetee con mi pareja en mi cara.
Contra más se de el, más lo detesto.
—Por ahora, Nael no ha hecho ningún movimiento escandaloso. El se ha enfocado en ir a la universidad en las mañanas, después de su maratón matutino. Y después se va a su casa, pasa varias horas allí antes de irse a su club. Eso es lo único que ha hecho estos cuatro mes...
Dejo de hablar, cuando mi padre levanta una mano para que me detenga, con una mirada de confusión.
—Entonces, ¿porque has tardado cuatro meses investigando, si Nael ha estado haciendo lo mismo todos los días?
Entrecierro un poco mis ojos, ante la pregunta.
—No solamente me enfoqué en Nael, también en su entorno.
Vuelvo a pasar la página, esta vez mostrando cuatro fotos. Dos de ellas con las imágenes de dos chicos y la otra de una chica. Y la última con Nael y los tres juntos saliendo del club.
—Estos tres son como así decirlos, los ratones de Nael. Casi siempre están junto a él. Asisten a la misma universidad y normalmente también a su club.
Levanto la foto de un chico, con el pelo largo n***o recogido, ojos marrón oscuros casi negros. Rasgos asiáticos, piel clara y cuerpo atlético.
—Este es Nakamoto Jumin. Nacido aquí pero con madre japonesa y padre italiano. Su madre es dueña de las sucursales de comida japonesa, Bento Box. No he encontrado ningún registro ilegal, fuera de sus sucursales.
Dejo su foto a un lado y agarro otra. En esta imagen sale un chico, con pelo rizado castaño oscuro, ojos verde grisáceo, rasgos finos y suaves. Piel clara y cuerpo delgado.
—Este otro es Oliver Lysenko. Con padre ucraniano y madre italiana. Su padre es conocido por la empresa de finanzas y préstamos, Novary Finance, en la cual muchas muchos ricos reconocidos, tienen asesoría sobre sus finanzas. Creo que esa empresa la conoces, ¿no jefe?
Dirijo mi mirada hacia mi padre, que asiente algo pensativo.
—Si... Digamos que es la empresa que me asesora con muchas de mis finanzas.
—Exacto. Mirando el registro junto a Jordan, pudimos ver que estaba tu nombre allí, pero no encontramos nada ilegal o alarmante. Por ahora.
Mi padre asiente algo aliviado antes esto y me hace un gesto con la mano para que continúe.
—Y por último está Mikaela Rodriguez.
Muestro una foto de una chica, con pelo muy rizado n***o, ojos marrón oscuro, rasgos latinos, piel oscura, cuerpo curvilíneo y fuerte.
—A comparación con los demás, ella no es de aquí. Ella es de República Dominicana. Se mudó a Italia, a los seis años junto con sus padres. Nada más mudarse, su padre emprendió una empresa de tecnología avanzada, Syntrate. Convirtiéndose en lo que es ahora, una empresa bastante famosa. No fue posible hackear el sistema. El software que utilizan es demasiado avanzado para determinar con certeza si operan dentro o fuera de la legalidad.
Termino de explicar, dejando las fotos a un lado.
—Tener a chicos a su lado, que no tienen nada que ver con lo ilegal, es algo interesante.
—Si, yo también lo encuentro interesante. Tampoco es muy común, que personas que trabajen con cosas ilegales, se relacionen con personas que no lo hacen. Algún beneficio tiene que tener para ajuntarse con ellos.
—Bueno, eso no lo sabremos hasta que te infiltres. Anaisa, cuéntanos con detalles, quién será Bea.
Desvío mi mirada hacia ella. Hasta ahora a estado callada y atenta a lo que estaba explicando, sin interrumpirme.
Ella carraspea y se acomoda en la silla.
—Bea, serás Nora Bianchi —. Explica con tono profesional. —Una huérfana que accede a esa universidad por una beca estatal. Fuiste la mejor estudiante de tu antiguo instituto y, debido a tu situación, el Estado cubre gran parte del costo mensual. El resto lo pagarás tú.
Levanto una ceja.
—¿Y cómo se supone que lo pago?
—Trabajando. Empiezas en una cafetería cerca del campus, regentada por una mujer mayor que no forma parte de la infiltración. Tendrás que conocerla y trabajar allí durante un mes exacto.
Asiento despacio.
—Tu ingreso a la universidad será un mes más tarde de lo habitual —. Continúa. —Ese tiempo está justificado por el Estado para que te organices, consigas empleo y alojamiento. Antes vivías a dos horas del campus, así que el retraso es coherente.
Hace una pausa, mirándome con atención.
—Durante ese mes podrás integrarte, crear relaciones y construir coartadas reales. Cuando entres a la universidad, tu identidad ya estará asentada—. Hace una breve pausa. —Y entonces podrás acercarte a Nael. Sin levantar sospechas.
Asiento, comprendiendo todo con atención. Se levanta de su asiento y se acerca a mi desde atrás, dejándome una carpeta y una llaves frente a mi.
—Dentro de esta carpeta, encontrarás tu pasaporte, la identificación de universidad. Tu informe con todos los detalles que te acabo de dar, para que lo estudies. Y las llaves de tu nuevo departamento.
Abro la carpeta y le echo un vistazo rápido. Efectivamente allí estaba todo lo que me acababa de decir. Cojo el pasaporte para mirarlo y frunzo el ceño al ver la foto que Anaisa escogió.
—Está foto... no me hace justicia para nada.
Ezra se inclina hacia mí para mirar también la foto y suelta una carcajada.
—Pues yo creo... que te hace más que justicia, ardillita.
Lo fulminó con la mirada, cosa que parece hacerle aún más gracia.
Otra de las cosas que más odiaba en Ezra, era que me llamara ardillita. Ese idiota, empezó llamándome así, simplemente porque una vez, me llene la boca de almendras sin saber que era alérgica. Eso provocó que mis mejillas en cuestión de segundos se pudiesen rojas y tuviera que escupirlas. El muy imbecil en vez de ayudarme, se empezó a reír de mí al verme literalmente como una ardilla. Todo eso aunque estaba viendo como me estaba ahogando.
Tan solo tenía cinco años y como el no me ayudaba, tuve que ir corriendo como pude, ya que sentía como mi garganta se estaba cerrando, hasta donde estaba mi padre jugando al golf. Suerte que en el vestíbulo del club de golf donde estábamos, había enfermería, porque podría haber muerto allí mismo.
Le doy un empujón para que se aparte y deje de ver mi pasaporte.
—No creo haber pedido tu opinión y menos haberte hablado, idiota.
—Pero ahora sí que lo estás haciendo—. Esboza una sonrisa arrogante, mientras me mira de arriba a abajo.
Ruedo los ojos, sin ganas de contestarle.
No puedo perder los estribos delante de mi padre por este anormal.
Resoplo y cierro la carpeta, dirigiendo la mirada hacia mi padre.
—Eso es todo de mi parte, jefe—. Digo cruzándome de brazos.
—Buen trabajo, Bea. Ahora concéntrate en aprenderte tu infiltración de arriba a abajo, para que no haya ningún problema. Anaisa...—. Aparta la mirada de mi para dirigírsela a ella. —Dinos quién será Ezra, en caso de que Bea, lo necesite.
—Ezra será...—. Abre otra carpeta que tenía ella sobre la mesa y le da un rápido repaso, antes de mirar a Ezra. —Jacob Moretti, mejor amigo de Nora. Asistías a la misma escuela que ella y se conocen desde la secundaria. En caso que Bea necesite tu ayuda, irás solo a visitarla, ya que vives en España. Después de ahí, lo que quieran improvisar, ya es su decisión. Se que son muy buenos en eso.
Desvío mi mirada hacia otro lado, tras escucharla decir lo último. Realmente si somos muy buenos en improvisar. Podría hasta llegar a decir que es lo que mejor se nos da, dado a la ultima infiltración que hicimos.
En aquella infiltración, el se hizo pasar por mi novio apasionado, y lo hizo a la perfección.
El objetivo era un ejecutivo corrupto de uno de los bancos más importantes de aquí, en Italia, implicado en el desvío de fondos destinados a ayudas sociales. El muy imbecil, se estaba beneficiando de esos fondos, como si nada.
Un cliente de ese banco, fue el que nos contrató, después de darse cuenta de que sus ahorros estaban decayendo. No ofreció mucho dinero, porque no tenía. Pero aún así acepté el caso, sin nada a cambio.
Nuestra misión era infiltrarnos en el hotel donde se estaba quedando y asesinarlo, haciéndolo pasar por un suicidio. Pero el problema era que tenía mucha seguridad. Allí donde mirabas, habían hombres siguiéndolo por todos lados y era más que dificultoso acercarse a él.
Adquirimos la habitación de al lado, con el fin de hacer tanto ruido que el objetivo tenga que acercarse varias veces a nuestra puerta. Obviamente el ruido eran gemidos.
Yo momentos antes, había tomado algunas copas, para aguantar lo más que podía a Ezra y sus provocaciones. Pero nada más llegar a la habitación, no entiendo porque el ambiente se tornó muy raro.
Nada más comenzar a gemir, Ezra no despegó la mirada ni un solo segundo de mi, y de un momento a otro, me acorraló contra la pared con una mirada que nunca había visto en el. Me besó sin mi permiso y la cosa empezó a subir de tono. Está que de un momento a otro, este de encontraba entre mis piernas, arrancándome gemidos verdaderos sin parar.
No voy a mentir, fui débil. Demasiado débil para ser exacta. Pero siempre le echaré la culpa al alcohol que había ingerido minutos atrás.
La misión fue un éxito, pero lo que pasó en esa habitación se quedó en esa habitación. Ninguno dijo nada después de eso, y sinceramente lo agradezco. No me gustaría tener una conversación con Ezra, de lo bien que se mueve su lengua.
No gracias, prefiero morir a tener esa conversación tan incómoda.
Miro por el rabillo del ojo a Ezra y lo encuentro mirándome fijamente, con una sonrisa ladeada.
Allí me doy cuenta de que el estaba pensando en lo mismo que yo.
Idiota...
Una palmada, hace que mi atención vuelva hacia adelante. Mi padre que segundos antes estaba sentando, ahora se levanta con una sonrisa.
—Bueno... eso es todo por la reunión de hoy. Confío en este buen equipo para que las cosas salgan bien. Cualquier cambio, avísenme. Dejo todo en sus manos.
Todos asentimos con confianza, y vemos cómo el sale de la sala, con esa aura imponente de siempre.
Ay... no puedo estar más emocionada.