MARKUS Al llegar a casa de Gabriela casi suelto carcajadas al verla con el ceño fruncido y cruzada de brazos. Comprendo que no le hacía gracia el hecho que sea yo quien la lleve hasta esa cafetería de mierda. Pero si me encontraba en New York y estaba a mi alcance cuidarla; no desaprovecharía ningún momento, además, tenemos algo pendiente. –Señoritas– dije al bajar y ver la enorme sonrisa de Gema en los labios, al parecer solo a los dos nos hacía gracia este momento. –Me rindo, contigo no puedo– dijo Gabriela descruzando los brazos y quitándose unos cabellos de rostro. Como lo imaginaba y ya muy acostumbrado a su belleza, fue inevitable no llevar mis ojos desde sus pies hasta la punta de sus cabellos. Iba perfecta, pero solo una cosita me fastidiaba, ¿por

