Han pasado tres meses desde que el fuego devoró parte de los establos de Versalles y dos sombras se perdieron en la neblina del Sena. Para el mundo, el Delfín Henry y la hija perdida de los Von Edelstein son fantasmas. Para Versalles, son una herida abierta que Madeleine intenta ocultar con capas de seda, satín y decretos de hierro. En el salón de los espejos, Alaric Von Edelstein caminaba con la seguridad de quien ha recuperado su propósito. Frente a él, Madeleine examinaba unos informes, mientras Paulo permanecía a su espalda, tan silencioso como una gárgola de piedra. —Las pistas en el norte se han enfriado, Madeleine —dijo Alaric, manteniendo la voz nivelada—. Henry es astuto, y mi hija... ella conoce el arte de desaparecer. Madeleine golpeó la mesa con un dedo enjoyado, visiblemen

